El abuelo Rodolfo no estaba solo. Sus sobrinas le pidieron que se mudara con ellas a Buenos Aires para cuidarlo, para tenerlo cerca. Vivía en Mar del Plata, tenía 91 años y sufría del corazón.

EL ABU RODO

El corazón le sufría por muchas cosas, pero yo creo que más que nada, por dignidad. Y por dignidad es que tenía un arma encima, para usarla antes de perderla por completo. Lo venía pensando, ya sentía que en cualquier momento podía ser; no sabía exactamente cuando, por eso tenía un arma encima. El corazón le sufría.

 

Del muro de «Indignada»

El abuelo Rodolfo no estaba solo.

Sus sobrinas le pidieron que se mudara con ellas a Buenos Aires para cuidarlo, para tenerlo cerca.

Vivía en Mar del Plata, tenía 91 años y sufría del corazón.

Cuando tenés 91 años y vivís en un sistema que te obliga a hacer trámites PERSONALMENTE, sufrís del corazón.

El corazón sufre.

Cuando a determinada edad no podés elegir vivir solo en tu casita cerca del mar y el Estado no te facilita hacer trámites por teléfono y te saca la mitad de tus haberes y te deja de cubrir los medicamentos y te obliga a DEPENDER DE OTROS O MORIR, sufrís del corazón.

Esa mañana el abuelo Rodolfo fue al Anses a tramitar su cambio de domicilio.

Para eso tenía que ir a una oficina que estaba en el primer piso.

Por escalera. 28 peldaños. 91 años.

Con bastón.

Sufría del corazón.

El corazón le sufría por muchas cosas, pero yo creo que más que nada, por dignidad.

Y por dignidad es que tenía un arma encima, para usarla antes de perderla por completo.

Lo venía pensando, ya sentía que en cualquier momento podía ser; no sabía exactamente cuando, por eso tenía un arma encima.

El corazón le sufría.

Y fue ahí, en esa oficina del Anses, en mitad de esa escalera que arrojó su bastón y dijo: «Ya no aguanto más. Dejame solo. Este es mi destino. No puedo seguir viviendo en esta situación.» y se quitó la vida de un disparo en la sien.

Yo sé que el abuelo Rodolfo era un hombre digno y podía valerse por sí solo.

Yo se muy bien que le hicieron creer que era un estorbo, que no se podía mantener y ni siquiera era capaz de subir una escalera.

Yo sé muy bien, lo veo muy demasiado claro, esta mañana mataron al abuelo Rodolfo.

MI abuelo, TU abuelo.

Me mataron a mí y te mataron a vos.

Porque todos vamos para allá gente, a veces se nos olvida pero TODOS VAMOS PARA EL MISMO LADO.

Siento como si una mano de hielo me estuviera estrujando el corazón mientras escribo esto.

Cuando me enteré de ésta noticia pateé la puerta y me fui a abrazar a mi abuela.

Le conté lo que pasó con el abuelo Rodolfo, le pregunté si entendía lo que estaba pasando.

Éste mes a ella le sacaron la pensión que cobraba por viudez.

La que le corresponde, la que siempre tuvo.

Pasó de cobrar 11800 pesos a cobrar 5700.

Ya no tiene descuento en sus medicamentos.

Le pregunté de nuevo si podía entender lo que pasaba.

Mi abuela tiene 94 años.

Me dio un beso en la frente y me dijo: «Pero yo te tengo a vos.»