Todo el horror humano en nombre de lo “políticamente correcto”

UN SOLO OBJETIVO: VENCER AL ENEMIGO

Por Jorge Rachid

El objetivo del pueblo es vencer al neoliberalismo, quienes lo confunden, son funcionales al enemigo. El neoliberalismo, caracteriza de enemigo todo aquello que se oponga a sus planes de colonización cultural y económica, procediendo a reprimir en nombre de “la democracia y la libertad”.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
29/6/17

Cada proceso electoral, sea de nivel municipal o nacional implica siempre una discusión política de modelos sociales de construcción, excepto que los contendientes sólo lo sean por intereses sectoriales o personales, que difuminan los objetivos sobre los cuales pretende expresarse.

Este escenario deteriora la política y apuntala los objetivos de “la despolitización” que pretende el neoliberalismo.

Si un proceso interesa al capitalismo salvaje dominante, es que la política pierda protagonismo, que se diluya, en realidad es adelgazar la democracia y plantear en otros términos el “voto calificado”, aquella cultura que consolida una clase social que posee el conocimiento y otra que es incapaz o ignorante de los grandes temas nacionales.

Esa discriminación que se dio a lo largo de la historia, implicó que quien posee el conocimiento, ejerce el poder y quien sólo accede a través de terceros, acompaña sumisamente las decisiones “del saber”.

Dr. Jorge Rachid

Desde los tiempos bíblicos los únicos que podían leer los documentos religiosos e interpretarlos eran los sacerdotes, en el catolicismo esto fue así hasta principios del siglo XX, ya que los católicos accedían a la misa a espaldas del cura, en latín y sin leer la Biblia.

Los pueblos originarios fueron “rescatados” por la fe, a fuerza de extorsiones y por eso, con esa inteligencia que caracteriza a los pueblos, adoptaron la nueva cultura, pero con los agregados, íconos y referencias, de su cultura originaria.

Los procesos neoliberales dictatoriales o democráticos, emplean los mismos instrumentos de dominación colonial, cuyo eje cultural es demostrar que todo aquello que es el conocimiento o vivencia originaria, es incorrecta, es “infiel” a los postulados “lógicos” que dominan hoy el mundo.

Un país, un pueblo puede haber superado mil obstáculos, vencido en mil batallas, incluir millones de compatriotas, distribuir la riqueza en forma más justa, pero llegan los colonizadores que nos dicen que eso “está mal”, “no corresponde”, “no es real”.Es el inicio de la colonización cultural.

Esa cultura dominante que en los últimos 45 años, desde la dictadura de 1976 y los posteriores procesos democráticos, instaló la idea central que el individualismo es más importante que la solidaridad social, que el éxito hoy sin un mañana, posible instala la idea conseguir cualquier cosa a cualquier precio, llevando a la diáspora social, al “sálvese quien pueda”, ya que el mañana no existe.

Este proceso lleva a la derrota del modelo social solidario, que desde Perón y Evita a mediados del siglo XX instalaron como cultura nacional identitaria del pueblo argentino.

Ese camino fue retomado por Néstor y Cristina, hoy denostado como “pesada herencia”.

Sin dudas esto fue combatido por los dueños del poder, por aquellos que hacen de la “meritocracia”, las conductas necesarias para la movilidad social ascendente, instalando el darwinismo social, modelo en el cual sólo sobreviven los más capacitados, condenando a la marginalidad social a la mayoría de la población.

Por esta razón el neoliberalismo, en su proyecto estratégico disminuye los aportes solidarios que contienen a la población más desprotegida, en función de garantizar las “metas de inflación” y “el equilibrio fiscal”, objetivos macro económicos, alejados de las necesidades del pueblo.

Por eso durante el gobierno peronista el eje de construcción política debía ser la batalla cultural que empoderase al pueblo de las herramientas políticas necesarias para dar la batalla, que nunca es personal, ni sectorial, sino confrontación de modelos de construcción sociales que determinan los futuros de la Patria, por décadas.

Quienes se oponían a la estatización de las AFJP ya sabíamos que harían si llegaban al gobierno, lo mismo los que luchaban por preservar los privilegios monopólicos de los medios contra la ley de Comunicación Audiovisual, o quienes se oponían las retenciones.

Más aún, el poder real nunca va a elecciones, es el que no se ve, ni se expone, que maneja los hilos en las sombras, es el verdadero poder, que determina los ejes, si el pueblo lo permite, ejes falsos de confrontaciones personales en elecciones, promoviendo candidatos, financiando los mismos, en vez de discusiones políticas de modelos.

En ese sentido el mapa electoral argentino está plagado de ejemplos de “liebres falsas” detrás de la cual corren los perros en carrera, presentando escenarios a través de los medios de cuestiones frívolas, maquilladas, de personajes, antes que de contenidos, de luchas intestinas, antes que batallas por el bien común, denigrando la política, su objeto del deseo y planteando la gestión como ajena a las ideologías, es decir gestión sin planificación, del día a día que sólo consolida el poder que existe.

Mover un solo paso de ese esquema es catalogado de “populista”, aquella nueva demonización que el imperio ha logrado instalar como el “eje del mal” latinoamericano, como antes instaló las “primaveras árabes” en Medio Oriente que causaron al día hoy, en 16 años, dos millones de muertos, 4 millones de desplazados, millones de hogares destruidos y hombres, mujeres y niños mutilados.

Todo el horror humano en nombre de lo “políticamente correcto”, como aquí el neoliberalismo, que caracteriza de enemigo todo aquello que se oponga a sus planes de colonización cultural y económica, procediendo a reprimir en nombre de “la democracia y la libertad”.

Como vemos lo que se debe discutir en cualquier elección, es cual es el camino a recorrer, los modelos a construir, las herramientas estratégicas a obtener, como recuperar la Soberanía Nacional, además de ir en proceso de lograr la Justicia Social y la Independencia Económica, banderas nacionales del peronismo y adoptadas por el conjunto del Movimiento Nacional y Popular como eje cultural común, identitario argentino sólo combatido por los cultores eurocentristas y los dirigentes cipayos colonizados por el imperio.

Son los dirigentes que creen que si se “portan bien”, obtendrán el famoso derrame, en el mejor de los casos o siendo simples mensajeros de la embajada de EEUU, a la cual ya son adscriptos a sus intereses.

El peronismo siempre combatió al enemigo y ofreció puentes de plata a los adversarios y es así como los viejos adversarios, son hoy nuevos aliados en los desafíos de la hora.

Es el Movimiento Nacional que siempre reaparece en las horas críticas, y eso es pueblo movilizado y esclarecido en función de objetivos comunes de Patria.

JR/