"La estrategia del enemigo es provocar la división peronismo y kirchnerismo, el pueblo la rechaza en el Movimiento Nacional y Popular"

EL PERONISMO SE EJERCE

Por Jorge Rachid

La discusión no pasa por la agenda del enemigo, a quien debemos derrotar. Debemos ponernos de acuerdo que existe un solo enemigo al cual combatiremos: el neoliberalismo. Convengamos que debemos ser oposición, no garantizar “gobernabilidad”, pues para eso está el gobierno y nuestros legisladores deben asumir su responsabilidad, la de estos dos años y las futuras.

Por Jorge Rachid

SIN MORDAZA

22/6/17

Así fue a lo largo de la historia, los sectores oligárquicos y terratenientes que desde 1853 con la Constitución Nacional liberal, que Mitre consolidó a través del diario militante La Nación y su propia versión de la historia, tergiversó la cultura nacional e impuso paradigmas colonizadores, sumisos, claudicantes, siempre dispuestos, como Carlos María de Alvear en 1811, de ofrecer la Argentina que todavía no existía, al Reino Unido como colonia.

El enemigo, así llamamos a los planes imperiales de cualquier signo y a sus aliados locales, siempre dispuestos a dividir, atomizar, fragmentar los movimientos populares, como hicieron con América Latina imponiendo gobiernos locales a su servicio y enfrentados con los compatriotas, sólo divididos por fronteras imaginarias y explotados por potencias extranjeras.

Hombres y mujeres como el Ugarte nuestro, Rodó en la Banda oriental, Mariátegui en Perú, luego Haya de la Torre, Martí en Cuba, Vasconcellos en México, Rubén Darío en Guatemala, Vargas en Brasil, Paz Estensoro en Bolivia, Perón en nuestro país, Gaitán en Colombia, Arbenz, Torrijos, Caamaño Deno, Fidel en Cuba, cubrieron la alfombra morena, criolla, profunda de la Pachamama que resistió esa imposición y combatió esa lógica, con suertes diversas.

Ese sincretismo que nos da la tierra sudamericana, entre los pueblos originarios, los criollos, los negros libertos, los zambos, los mulatos y los descendientes inmigrantes integrados, que fueron construyendo una cultura común y un destino de pueblo, que pensaron nuestros Padres Fundadores y refundaron Chávez, Lula y Néstor todos estigmatizados por el enemigo, perseguidos por la Justicia oligárquica atada a los intereses imperiales y mancillados cotidianamente por un mundo mediático, hegemónico, constituido en un factor de poder más.

Ese esquema gobierna hoy nuestro país, desde la colonización y el cipayaje.

No toleraron un Irigoyen popular e independiente de sus directrices.

Crearon el Antipersonalismo como forma de atomizar el Partido Radical, llevando a sus militantes a posiciones antagónicas, con quien estaba dando la batalla por la incipiente democracia con la Ley Sáenz Peña, contra el Contubernio del fraude.

Pero hubo los Jauretche, D´Alesandro, Homero Manzi y otros radicales que no quisieron bajar sus banderas emancipatorias de principios de siglo, planteando la contradicción principal: Patria o Colonia, desde FORJA, faro que sin dudas alumbró parte del surgimiento del peronismo.

Ese Movimiento Nacional irredento que siempre reaparece, ante las claudicaciones dirigenciales.

Operaron entonces, operaron después contra el peronismo, desde el fin del primer gobierno, intentando un golpe de estado en 1951, con atentados terroristas desde 1953, entre ellos el del subte en Plaza de Mayo, los bombardeos, los fusilamientos, las dictaduras y represiones violentas por 18 años, los encarcelamientos, las persecuciones gremiales desde el Frigorífico Lisandro de la Torre hasta el Plan Conintes.

Cada lucha por la democracia fue respondida con más terror, por eso planificaron el genocidio de 1976 con las desapariciones, exilios, cárceles por millones, imponiendo el genocidio social de los años posteriores en democracia, en especial en los 90. Como hoy, el enemigo viene por todo.

Desde el mismo momento que el peronismo recupera identidad en el 2003, el enemigo levanta su voz.

El diario La Nación le quiere imponer a Kirchner su plan, su rechazo provoca la reacción cotidiana de agravios y ataques al peronismo, como la ha realizado a lo largo de toda su historia, excepto cuando Menem acató.

Desde ese mismo momento comenzó la operación kirchnerismo peronismo, confrontando lo que está unido, que llevó a Néstor a decir: “nos dicen kirchneristas, para bajarnos el precio”.

Esas maniobras que siempre encuentran adeptos por acción u omisión, ellos los presentan como los peronistas “políticamente correctos”, “integrados”, “racionales”, domesticados decimos nosotros desde el movimiento nacional y popular.

El liderazgo de la ex Presidenta Cristina Fernández, los altera, los saca, los irrita, los violenta ante al imposibilidad de derrotarla en la Justicia, a lo cual se sometió pasivamente, pese a lo irracional de la humillación a que quisieron someterla a ella y a sus hijos, pese a mil tapas de diarios, pese a los ataques en las redes, pese a todo fortalece su liderazgo que no es de ella, le pertenece al pueblo que se lo otorga, como erige el pueblo a los líderes, sin especulaciones electorales, ni fantasías prometedoras, lo hace desde el afecto, la racionalidad, el agradecimiento y mil caminos sinuosos que llevan a depositar en ella sus esperanzas, como los ríos de montaña, por diferentes caminos van encontrando el cauce del movimiento nacional.

No se trata entonces de plantearse como lo hace el enemigo, quien es más o menos peronista, discusión extemporánea, sin solución porque nadie tiene el peronometro y porque el peronismo se ejerce, no se recita.

Los doce años de gobierno con errores, sin dudas que hemos analizado, fueron la mejor expresión peronista desde la década feliz de Perón y Evita y los pocos meses que disfrutamos a la vuelta del General.

Las tres banderas fueron el eje y se transitó ese camino, con obstáculos puestos por la realidad internacional y los enemigos que siempre juegan, más los problemas sectoriales de las representatividades de poder, entre ellas, no menor la del movimiento obrero organizado.

Esa debilidad aprovechada por el enemigo, permitió vivir la pesadilla del presente.

Entonces debemos convenir que la discusión no pasa por la agenda del enemigo, a quien debemos derrotar.

Debemos ponernos de acuerdo que existe un solo enemigo al cual combatiremos: el neoliberalismo.

Convengamos que debemos ser oposición, no garantizar “gobernabilidad”, pues para eso está el gobierno y nuestros legisladores deben asumir su responsabilidad, la de estos dos años y las futuras.

La única garantía de enfrentar a este enemigo poderoso es la de consolidar el liderazgo de Cristina, organizando y movilizando, convocando fuera de nuestros espacios, rompiendo los límites, yendo a territorios hostiles cooptados por los medios hegemónicos, luchando la batalla cultural cada día, en todo lugar, con nuestros vecinos, nuestra gente conocidos y ajenos, militando las utopías de construcción de una sociedad más justa, más libre, más soberana.

Sin mirar el costado, junto a los trabajadores organizados a los movimientos sociales, a los desamparados y agredidos por el sistema.

Y eso es peronismo, tenga el nombre que tenga el proceso por el cual transita.

Nuestro enemigo está enfrente de nosotros.

JR/