Sin nación liberada, el clandestinaje abreva en los recuerdos.

CLANDESTINAJE SIN NACIÓN

Por Jorge Luis Ubertalli

Dolores sin parto y con partidos, doblados de cinismo, ignorancia, codicia, despatriados y desterrados pero ansiosos por entregar la tierra de todos, saqueada y violada a precio vil, regodeo de la extranjería y los verdes papeles de succionar conciencias hasta hacerlas trapos sucios, andrajos inorgánicos que ni sirven para abono.

Por Jorge Luis Ubertalli
NAC&POP
19/05/2017

Al filme boliviano* La Nacion Clandestina*, de Jorge Sanjines*

Sin nación el clandestinaje se oculta en el destierro de la tierra, la tierra clandestina que otros violan sin saber su origen, develar sus misterios, auscultar sus dolores.

Dolores sin parto y con partidos, doblados de cinismo, ignorancia, codicia, despatriados y desterrados pero ansiosos por entregar la tierra de todos, saqueada y violada a precio vil, regodeo de la extranjería y los verdes papeles de succionar conciencias hasta hacerlas trapos sucios, andrajos inorgánicos que ni sirven para abono.

Sin nación liberada, el clandestinaje abreva en los recuerdos.

Una arenga por allá, un grito convocando a la lucha, pututu originario, cuerno de carnero que sale atropellando desde las gargantas con sentido y razón, un tiro en las llanuras de la conciencia alzada, una blasfemia tras las rejas, una mirada que escupe el odio del justo hacia el injusto y su in mundo tragicómico.

Bajiplano argentino llanisto, ubérrimo en el humus de las papas gigantes, los tomates orondos y jugosos, las verduras húmedas de sudor y rocío, que sin nación se clandestiniza en los momentos de furor colectivo, mezcla de testas y rostros de distintos colores y perfiles, aunadas en el odio a los sin patria, ni clase, ni nación.

La nación clandestina hurga en los vericuetos ocultos de la resistencia integral al invasor colonial disfrazado de una y otra cosa.

Clandestina, la nación se moldea en oleadas de voces piernas brazos puños en alto, mariposas en Ve volando en los cielos azules o grises, estampidos que anuncian el inicio de aquella llamarada, plomo y fuego abriendo paso a los que fluyen desde las catacumbas para desclandestinizar sus odios y abrir cauces en el camino cerrado a la nación.

Que emerge desde la desvergüenza y se arranca a jirones paciencias, mansedumbres.

Y ordena hacer tronar el poder del pueblo desde al arma y el alma colectiva.

Sin escondites verdugos, entonces, declaman y orinan y defecan su yo no fui.

No habrá piedad ni tregua ni perdón, que de una vez lo sepan.

No podrán esconderse ni travestirse de nada porque los conocemos.

La nación sin ocultas intenciones ni mensajes ambiguos prepara su venganza.

Desde el vientre de la tierra, hundido por el hambre, la sed y la rapiña, la nación enroja el horizonte y prepara, con los restos de sus malhechores, la fiesta de las flores, el pan, la libertad por fin.
J.H.
Desde la catacumba de la madre tierra