Como explicitan Montier y Pilkington, el neoliberalismo es un proyecto llamado desastre, que no podría ser peor para la política y/o la economía.

LA AGONÍA NEOLIBERAL

Por Juan Laborda

La Edad de Oro se caracterizó por altas tasas de empleo, crecimiento económico y una distribución equitativa del ingreso y la riqueza. A mediados de la década de 1970, sin embargo, estas políticas fueron abandonadas porque se pensaba que estaban causando inflación.Es una obligación moral desenmascarar toda teoría política y económica cuyos efecto final es la alienación del ser humano.

Por Juan Laborda

El Espìa Digital

05/05/2017

 

La Edad de Oro del Capitalismo se caracterizó por altas tasas de empleo, crecimiento económico y una distribución equitativa del ingreso y la riqueza.

A mediados de la década de 1970, sin embargo, estas políticas fueron abandonadas porque se pensaba que estaban causando inflación.

El auge del populismo tiene sus raíces en las políticas que se han seguido bajo el paradigma neoclásico y que han dado lugar al denominado «estancamiento secular».

En la actualidad nos encontramos con un sistema roto de gobernanza económica, denominado «neoliberalismo», surgido a mediados de la década de 1970 y basado en falacias económicas.

Philip Pilkington y James Montier

Aprovechando los últimos análisis de James Montier, y Philip Pilkington, (“SixImpossibleThingsBeforeBreakfast”, y “The Deep Causes of Secular Stagnation and theRise of Populism”), que introdujimos en el último blog, trataremos de entender el marco de trabajo del régimen neoliberal, con sus cuatro pilares básicos, y demostrar a la ciudadanía que se fundamentan en principios falsos, que no se ajustan a la realidad de los datos.

El primero de estos pilares básicos, y que analizaremos detenidamente en este blog, es el abandono del pleno empleo como objetivo político deseable y su reemplazo por objetivos de inflación.

La Focalización en la Inflación

Después de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos de todo el mundo se dieron cuenta de que podían generar fácilmente pleno empleo mediante políticas de gasto y de impuestos.

Esta comprensión se debe a los experimentos económicos emprendidos durante la guerra, experimentos que fueron necesarios por la guerra, pero que fueron conscientemente estructurados de acuerdo con el enfoque económico descrito en el libro de Keynes de 1936 “La teoría general del empleo, el dinero y el interés”.

Como escribió Nicholas Kaldor: «La obligación formal de mantener altos y estables niveles de empleo surgió como un impacto conjunto de la revolución keynesiana en el pensamiento económico y en la Segunda Guerra Mundial».

Estas políticas fueron notablemente eficaces, y las décadas posteriores a la guerra se conocen generalmente como la Edad de Oro del capitalismo.

La Edad de Oro se caracterizó por altas tasas de empleo, crecimiento económico y una distribución equitativa del ingreso y la riqueza.

A mediados de la década de 1970, sin embargo, estas políticas fueron abandonadas porque se pensaba que estaban causando inflación.

Esta fue una evaluación incorrecta, ya que la inflación fue en realidad generada por las crisis petroleras impuestas por el cártel de la OPEP en respuesta a la política exterior de Estados Unidos en el Medio Oriente, combinada con las malas relaciones laborales en los países de habla inglesa que llevaron al conflicto de clases y a huelgas alrededor de quién debería soportar el peso de estos precios más altos del petróleo.

Pero la profesión económica de aquella época no se dio cuenta de esto.

Sus teorías les dijeron que eran las políticas de pleno empleo las que estaban generando la inflación, por lo que alentaron a los encargados de formular políticas a abandonarlas y, en cambio, intentaron controlar la inflación a través del uso de la política monetaria.

Para ver el impacto de estas políticas identificamos tres períodos: 1948-69, que corresponde a la Edad de Oro de la política Keynesiana de pleno empleo; 1970-82, que es el período de crisis de aumento de la inflación debido al alza de los precios del petróleo de la OPEP y a los conflictos y malas relaciones laborales; y, finalmente, 1983-2015, el período de focalización en la inflación.

Podemos ver para los distintos países desarrollados como inmediatamente después del período de las crisis del petróleo, la economía se estabilizó a un nivel más normal de inflación (aunque no tan bajo como en la Edad de Oro).

Pero el desempleo no.

De hecho, el desempleo nunca volvió a su promedio de la Edad de Oro –se mantuvo permanentemente elevado–.

Esto se debió simplemente al hecho de que los gobiernos dejaron de apuntar al pleno empleo y en su lugar se centraron en la inflación.

Esa falacia denominada NAIRU

La justificación para esta elección política fue la teoría económica de la «tasa de desempleo no aceleradora de la inflación» (NAIRU).

La NAIRU es supuestamente la tasa de desempleo a partir de la cual la inflación comienza en teoría a acelerarse ad infinitum.

Es otro de esos muchos maravillosos y estúpidos «inobservables» que parecen dominar el pensamiento económico.

No podemos observar la NAIRU directamente y por lo tanto no sabemos cuándo la estamos cruzando.

La NAIRU sólo es obvia después de que se produzca el hecho observable; por eso el momento temporal en el que aparece en las estadísticas es demasiado tarde.

El símil utilizado por Montier y Pilkington es muy poético y revelador: “La NAIRU es un poco como un marinero en la época medieval confrontado con la perspectiva aterradora de que podría haber dragones más allá de cierto punto en el mapa.

Los dragones no son un hecho observable, pero en el momento en que aparezcan delante de nuestros pobres marineros éstos ya habrán sido devorados.

Así que piensan que es más seguro permanecer dentro de los límites conocidos a pesar de que la existencia de los dragones es algo imaginario y absurdo.

El otro problema con la NAIRU es que no hace lo que se supone que debe hacer.

Cuando los economistas tratan de estimar realmente la NAIRU tienden a hacer un muy mal trabajo.

En los años noventa, por ejemplo, la mayoría de los economistas colocan a la NAIRU en Estados Unidos en torno al 5-6%.

Pero debido a que los bancos centrales ignoraron a sus economistas y permitieron que la economía siguiera creciendo, el desempleo se situó muy por debajo sin presiones inflacionarias sustanciales.

El barco zarpó y los dragones nunca aparecieron.

En 1995 y 1996 la tasa real de desempleo era muy cercana a la estimación de NAIRU y sin embargo la inflación estaba por encima del objetivo.

Posteriormente en 1997 y 1998 el desempleo cae considerablemente por debajo de la estimación de la NAIRU y, sin embargo, la inflación cae por debajo del nivel objetivo.

En 1999, la inflación comienza a recuperarse, y en 2000, cuando se supera la tasa de inflación objetivo, la Reserva Federal sube los tipos de interés y crea una recesión.

Parece obvio que en realidad hay otro factor que estaba causando esta inflación, de manera que mientras los servicios de estudios de los distintos bancos centrales y organismos multilaterales se concentraban en la NAIRU, ignoraban lo que en realidad llevaba a la inflación.

Toda la evidencia sugiere que todo lo contrario de lo que los economistas ortodoxos esperaban que ocurriera realmente sucedió: cuando el desempleo comenzó a caer por debajo de la NAIRU en 1997 y 1998, la inflación realmente descendió.

No subió como los economistas clásicos habían pronosticado.

La NAIRU demostró ser empíricamente inútil, pero dio a los gobiernos una justificación para dejar de asumir la responsabilidad de la política de pleno empleo.

En resumen, proporcionó la justificación ideológica para un periodo de alto desempleo mediante la fijación de objetivos de inflación.

El neoliberalismo es una distopía tal como la define el diccionario de la Real Academia Española: “la representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”.

Es una obligación moral desenmascarar toda teoría política y económica cuyos efecto final es la alienación del ser humano.

A partir de los últimos análisis de James Montier, y Philip Pilkington, (“SixImpossibleThingsBeforeBreakfast”, y “The Deep Causes of Secular Stagnation and theRise of Populism”), estamos desmontando los pilares básicos del régimen neoliberal, que a fecha de hoy no es nada más que un sistema roto de gobernanza económica.

El neoliberalismo es una distopía tal como la define el diccionario de la Real Academia Española: “la representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”.

Es un proyecto que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría.

Esto se refleja en una clase mimada de individuos de altos ingresos, con la inestimable ayuda de ciertos tecnócratas que dan soporte mediante teorías económicas a esas políticas que llevan a la economía, a la política y a la sociedad al caos.

En el blog de hoy desmontamos el segundo de sus pilares básicos, la globalización y el libre movimiento de todo.

Globalización, migración y comercio

En la era neoliberal, los políticos también abogaban por la libre circulación de capital, trabajo, bienes y servicios.

La libre circulación de mano de obra ciertamente ha recibido mucha cobertura en los medios de comunicación.

Está claro que ésta es la queja que ha llevado a mucha gente a los partidos populistas.

Los votantes parecen centrarse en el tema de la migración para articular su frustración con el sistema.

Perciben que los migrantes toman sus empleos y reducen los salarios.

El desempleo alcanzó niveles estructuralmente más altos después de la Edad de Oro del capitalismo.

Esto ha ido acompañado por aumentos en la migración neta hacia los países más desarrollados.

No es difícil comprender por qué los desempleados tienden a tomar esta correlación de cara a establecer la causalidad y culpar de su desempleo o inseguridad laboral a la migración. Pero quizás sea una correlación espuria.

El problema es otro.

La razón de fondo es que el impacto clave de la globalización sobre la situación de los trabajadores no es fomentar la libre circulación de la mano de obra, sino más bien fomentar la libre circulación de bienes y servicios.

Esto tiene ventajas y desventajas.

En el frente favorable, los consumidores occidentales se han beneficiado de precios más bajos.

Los contras incluyen la reducción de la demanda interna y la pérdida de empleos.

Esto se refleja en la retórica de muchos activistas populistas que dicen a sus electores que la globalización ha servido para tomar sus empleos y crear desempleo.

El nuevo régimen de globalización neoliberal no estaba simplemente orientado a aumentar el comercio.

Si bien es cierto que el comercio ha aumentado desde entonces, la tendencia que realmente se destaca es la rapidez con que las importaciones de los países desarrollados han aumentado como proporción del PIB.

Sus exportaciones han crecido, pero no tanto.

Este deterioro en la balanza comercial de los países desarrollados actuó como una aspiradora deflacionaria.

Quienes plantean preocupaciones acerca de los acuerdos comerciales que la Unión Europea o los Estados Unidos actualmente suscriben no están equivocados.

Estos acuerdos comerciales destruyen empleos y empeoran las relaciones laborales.

Otra falsedad de la ortodoxia: la teoría de la ventaja comparativa

Una vez más, fue la teoría económica ortodoxa la que justificó estos acuerdos.

La década de los noventa fue el período fundamental en el que se impulsó el llamado libre comercio entre países.

Esta era, por ejemplo, la época del tratado de libre comercio NAFTA de la administración Clinton.

La teoría que se utilizó para justificar la liberalización del comercio fue el modelo simple de ventaja comparativa ricardiana.

El modelo básicamente indica que los países deben especializarse en la producción de aquellos productos en los que son mejores.

En esencia es aplicar el argumento de la división del trabajo de Adam Smith a los países en lugar de a las personas.

Este modelo simple se re-escala hasta un modelo de equilibrio general llamado el modelo de Hecksher-Ohlin, pero las suposiciones y conclusiones son básicamente las mismas.

Este modelo de equilibrio general se utilizó para justificar la liberalización del comercio en los últimos años.

Hay un número de problemas teóricos con el modelo de ventaja comparativa/equilibrio general.

Asume el pleno empleo en todos los países pero la mayoría de las economías no están funcionando al pleno empleo en un momento dado.

También asume una competencia perfecta y una función de producción homogénea que asigna perfectamente el capital transferible según se requiera, mientras que en realidad no existe una competencia perfecta, las funciones homogéneas de producción son lógicamente incoherentes y la noción de capital transferible es una ficción falsa.

Hay otros problemas con el marco teórico, pero quizás lo más importante es que el modelo presupone que no se producirán desequilibrios comerciales.

Sin embargo tales desequilibrios ocurren una y otra vez. Hoy en día, el comercio liberalizado ha diezmado los empleos manufactureros bien remunerados en los países desarrollados.

En 1970 alrededor del 25% de la mano de obra occidental estaba empleada en la industria manufacturera; en 2011 este número había caído a alrededor del 9%.

Si bien parte de esta disminución ha tenido que ver con los avances tecnológicos, la mayor parte se debió a la liberalización del comercio.

Destrucción de empleos bien remunerados

La producción mundial como porcentaje del PIB ha disminuido sustancialmente en los últimos 35 años, del 26% del PIB a alrededor del 16%.

Pero esta disminución se ha concentrado completamente en los países del G7; los países no pertenecientes al G7 en absoluto han experimentado ningún descenso en su industria como porcentaje del PIB.

Esto sugiere que se ha producido una disminución general de la producción manufacturera como proporción del PIB que probablemente está siendo impulsada por la tecnología y otros factores, pero esta caída ha sido totalmente soportada por las economías avanzadas del G7.

La teoría económica nos llevaría a creer que el aumento del progreso tecnológico debería afectar realmente a las economías en desarrollo en lugar de a las economías avanzadas.

Esto se llama la «hipótesis de convergencia», que establece que las economías en desarrollo deben ser capaces de «ponerse al día» con o copiando la tecnología de las economías desarrolladas.

El hecho de que los países en desarrollo hayan mantenido constante su participación en el sector manufacturero del PIB, mientras que en las economías desarrolladas han experimentado un brusco descenso, supone un potente argumento a favor de que la globalización realmente es la fuerza principal que impulsa el declive manufacturero en los países desarrollados.

El progreso tecnológico ha sido real, pero ha tenido un impacto secundario en la desindustrialización que hemos visto en las economías desarrolladas en las últimas décadas.

El resultado de esta desindustrialización ha sido la destrucción de empleos manufactureros muy bien pagados, estables, a menudo sindicalizados y el crecimiento de puestos de trabajo de servicios poco remunerados, inestables y no sindicalizados.

Y éste ha demostrado ser un factor causal clave en la creciente riqueza y desigualdad de ingresos que arrojan las estadísticas.

Los ciudadanos se tambalean viendo como pierden sus puestos de trabajo, como desaparece la estabilidad de los mismos y se esfuman sus ingresos, mientras que la economía se inclina hacia la inestabilidad y el estancamiento.

El régimen neoliberal hizo una apuesta decidida por flexibilizar los mercados laborales, controlar y reducir los salarios.

Bajo estos mimbres, como era de esperar, ha sido incapaz de evitar el aumento de las desigualdades, la pobreza y las crisis de deuda y producción que en realidad activó.

La libertad económica es indispensable, pero no tal como la ha pregonado el liberalismo dominante.

Y sin duda el mayor de sus errores ha sido el desprecio a la clase trabajadora, ésa que ahora se rebela votando populismo.

Los defensores a ultranza del liberalismo, aquellos que se alzan contra el papel del Estado en la economía, no solo no han manifestado especial interés hacia el bienestar de las clases trabajadoras ni deseo de elevar sus salarios, sino que han negado toda justicia al empleo de los poderes gubernamentales con ese propósito.

La doctrina liberal dominante se ha entremezclado con las teorías que arrojan sobre las leyes de la naturaleza la responsabilidad de la miseria de las clases trabajadoras, y fomentan una profunda indiferencia y culpabilidad hacia sus padecimientos.

Por ello los liberales condenan la intervención gubernamental respecto de las horas de trabajo, del tipo de los salarios, del empleo de las mujeres, de la acción de los sindicatos, proclamando que la ley de la oferta y la demanda es el único regulador verdadero y justo.

Han ignorado de manera sistemática la monstruosa injusticia de la distribución actual de la renta y la riqueza.

Por todo ello, en el blog de hoy desmontaremos el cuarto pilar del neoliberalismo que James Montier, y Philip Pilkington identifican en su artículo “The Deep Causes of Secular Stagnation and the Rise of Populism”.

Nos referimos a la búsqueda de mercados laborales flexibles con la disrupción de sindicatos y trabajadores.

Los mercados laborales flexibles no producen resultados óptimos

Los principales economistas nos dicen que los mercados laborales flexibles producen resultados óptimos.

Nos piden que veamos el mercado de trabajo como lo haríamos con el mercado de manzanas o plátanos.

Se nos dice que el mercado de las manzanas y los plátanos funciona mejor cuando podemos regatear el precio porque, si podemos, la oferta y la demanda de manzanas alcanzarán un equilibrio agradable y ordenado.

Se nos dice entonces que el mercado del trabajo funciona de la misma manera.

En el mercado de trabajo, bajo este razonamiento, hay un precio del trabajo -el salario- y también hay una cantidad de trabajo -el número de personas dispuestas y capaces de trabajar. Mayores salarios conducen a que más personas deseen trabajar.

Los empleadores determinan qué tipo de salario funciona para ellos y lo ofrecen en el mercado.

A los trabajadores se les da la opción de si quieren trabajar para ese salario y el número de horas que están dispuestos a trabajar.

El salario entonces se ajusta para satisfacer a todos los involucrados y el mercado de trabajo alcanza un equilibrio ordenado equilibrio -es decir, el mercado se vacía.

Esta es la visión ortodoxa de un mercado de trabajo flexible.

Por contra, bajo esa visión ortodoxa, un mercado de trabajo inflexible es aquel en el que no se permite ajustar el salario.

Esto se suele producir porque los sindicatos organizan a los trabajadores y exigen un salario que los empleadores no quieren pagar.

Ello conduce a un salario demasiado alto para que se produzca el equilibrio de mercado y se genera desempleo.

El problema con esta teoría es que no está apoyada por la evidencia.

Si la teoría fuera correcta, entonces cabría esperar que la tasa de sindicalización de los trabajadores se correlacionara positivamente con la tasa de desempleo.

Pero este no es el caso en absoluto.

De hecho, cuando la tasa de sindicalización en los Estados Unidos y en el resto de los países occidentales estaba en niveles relativamente altos, había tasas muy bajas de desempleo y cuando se encontraba en niveles muy bajos, había tasas muy altas de desempleo.

Me remito a los gráficos de Montier y Pilkington en “The Deep Causes of Secular Stagnation and the Rise of Populism”.

Uno de esos gráficos es un diagrama de dispersión donde se establecen los promedios a 10 años de la tasa de desempleo y la densidad sindical de 33 países entre 1960 y 2010.

Viendo este gráfico se observa que la relación entre la densidad sindical y la tasa de desempleo es negativa, lo que implica que una mayor densidad sindical se correlaciona con una menor tasa de desempleo.

¡Lo contrario de lo que la teoría predice!

Las mentiras sobre el salario mínimo

Otro componente del dogma de la flexibilidad del mercado de trabajo es que no debe haber salario mínimo.

El argumento contra el salario mínimo es idéntico al argumento contra los sindicatos: el salario mínimo constituye una barrera arbitraria para los trabajadores y los empleadores que forman los acuerdos sobre lo que debe ser el salario.

Pero de nuevo la historia no encaja con los hechos.

Si esto fuera cierto, entonces cuanto más alto fuera el salario mínimo (relativo al salario medio), más personas se verán desempleadas.

Pero cuando volvemos a los datos nos encontramos con que este no es el caso.

Los gráficos de Montier y Pilkington son de nuevo clarividentes.

Uno de esos gráficos, otra vez, es un diagrama de dispersión donde se representa los promedios a 10 años del salario mínimo y las tasas de desempleo de 25 países diferentes entre 1960 y 2010.

Si la teoría fuera cierta, se esperaría una fuerte relación positiva, indicando que los países con salarios mínimos más altos tenderían a tener un mayor desempleo.

Pero tal relación no se observa.

En los últimos blogs hemos ido desmontando los pilares del neoliberalismo.

Son meras falacias económicas. La evidencia se acumula y pone de manifiesto que la teoría generalmente aceptada y divulgada como verdades ineludibles simplemente es falsa.

Como explicitan Montier y Pilkington, el neoliberalismo es un proyecto llamado desastre, que no podría ser peor para la política y/o la economía.

Las políticas que prescriben son profundamente disfuncionales y distópicas.

Los ciudadanos se tambalean viendo como pierden sus puestos de trabajo, como desaparece la estabilidad de los mismos -miedo y disciplina- y se esfuman sus ingresos, mientras que la economía se inclina hacia la inestabilidad y el estancamiento.

Es un proyecto que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría.

Y obviamente el populismo es la respuesta al neoliberalismo.

Fuente: Vozpopuli

Elespiadigital, 5/05/17

NOTA DE LA NAC&POP: Lo que el peronismo siempre supo acerca del neoliberalilsmo, ahora es descripto mediante la terminología de la «ciencia económica». Lo cierto es que el sistema agoniza. Un abrazo.  Walter Moore / N&P/ <ecodemocracia@gmail.com>