Encontrando el amor al que nunca abdicaron las banderas de los humildes, el General y Evita.

LA GRIETA A TRAVÉS DEL OJO AJENO

Por Ceferino

El pasado sábado un sector importante de nuestra sociedad se movilizó voluntariamente a las calles, y explícitamente se embandero en una vieja consigna, que algunos de esos mismos manifestantes descubrieron hace contados días, (tema de otro diálogo con Uds) pero que auto-denominaron «defensa de la Democracia».

Por Ceferino

NAC&POP

05/04/2017

Resulta imposible analizar, aún superficialmente, y valorizar las expresiones últimas que quedaron expuestas en las calles de nuestro Patria, a la luz de esas expresiones y sus consignas,  explícitas unas implícitas otras.

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Y hago esta distinción puesto que resulta imprescindible hacerla en virtud de una verdad histórica e insoslayable, que linda con lo más profundo de las vivencias de nuestro pueblo.

Es fácil hacer la distinción propuesta, -y a este efecto les pido tengan la bondad de dispensarme su atención-,  el pasado sábado un sector importante de nuestra sociedad se movilizó voluntariamente a las calles, y explícitamente se embandero en una vieja consigna, que algunos de esos mismos manifestantes descubrieron hace contados días,  (tema de otro diálogo con Uds); pero que auto-denominaron «defensa de la democracia».

Cabe en principio hacer una pequeña reflexión: -Nunca en la historia de nuestra Patria estuvimos tan lejos del peligro de nuestra Democracia, ganada, reconstruida, y reafirmada (justamente por ese resto de pueblo choripanero, que no dudó en dejar hasta su sangre para que hoy sea posible, un sábado democrático) estuviera en peligro.

A esta altura de los acontecimientos se agradece enormemente que también aquellos que otrora “pidieron las botas”, se adhieran a eso que para el pueblo siempre fue una definición de su vida, aún siendo los entenados, la mayoría de las veces, de esta Democracia ganada.

Pero así como resulta valorable el arrepentimiento intempestivo de esa parte de la sociedad que humilló al resto, también resulta impostergable hacer un alto en los costados  oscuros puestos de manifiesto frente a las cámaras amigas de este gobierno que -filtro de por medio- no pudieron ocultar.

Frente a esas cámaras,  muchos de nosotros, con mayor o menor sorpresa, escuchamos justificaciones al genocidio, discriminaciones gratuitas, expresiones xenófobas, invitaciones a abandonar esta Patria, que, no es sólo nuestra, sino también de quienes eligieron construir sus vidas en ella, y hasta expresiones futboleras que en boca de movilizados «sin choripán y sin moneda» los medios amigos le sacaron lustre, de ilustración.

Lamentable costado de nuevos «ilustrados» y nuevos demócratas que deja de manifiesto por donde crece la grieta.

Y como les manifestaba al principio, en la calle también estuvieron el resto, los movilizados por el «chori y el mango» los que sólo se movilizan porque se quedan sin trabajo, los que sólo se manifiestan porque no quieren caerse al abismo de esta Democracia “renga”; los que solamente se movilizan porque se quedaron sin changa, los que solamente ganan la calle porque volviendo a «pata» a sus casas no saben como decirle a su patrona que «hoy no hay nada» para el puchero, los mismos que se movilizan –solamente- porque guardaron sus sueños y los sueños para sus pibes, en los mismos bolsillos agujereados, donde perdieron sus últimos mangos.

Es en esa misma calle donde se toman un minuto para buscar -en lo más profundo de su corazón- lo que tiene internalizado, lo implícito: Sus luchas frente a la dictadura, la deshumanización de la patronal, la estigmatización por parte de los que -por suerte- nunca cayeron.-

Encontrando el amor al que nunca abdicaron las banderas de los humildes, el General y Evita.

El sueño que alimentaron sus viejos, que pudieron realizar sus propios sueños.

En definitiva, lo conceptual, pero también lo sensible, lo que no se declama lo que se practica, la Democracia.

Y es que ocupar la calle, la que es propia por derecho propio y no por un accidente geográfico, es la pugna por lo indelegable, por el legado inextinguible de ser actor de esta Patria de todos que lo excluye.

No hay lugar en su corazón ni en su mente, para pensar en brechas, porque esta en el fondo de esa brecha entre lo explícito y lo implícito,  y seguirá esperando el ojo, el oído y el corazón de otro nuevo «Juan» reinventando su viejo sueño, y -de por medio- añorando un choripán.

CEFE/