Ella, la compañera Cristina Fernández de Kirchner es la única que hoy puede (y debe) encarnar el liderazgo.

¿COMO SIGUE?

Por Jorge Zuvirìa

Hemos perdido la batalla cultural, facilitando y posibilitando así que las víctimas o muchísimas de ellas adopten como forma de entender la vida aquella que les es propia a los victimarios.

Por Jorge Zuvirìa
NAC&POP
27/03/2017

Cierto es que hacen llorar las palabras de Alfonsín en su último discurso de campaña del 83 y sobre todo ante la Sociedad Rural en 1988; respetado por mayorías, incomprendido por muchos y traicionado por pocos muy poderosos.

 

Pertenezco y con orgullo a una generación de millones de personas que allá por los setenta en los cinco continentes tomó las calles y también las armas ofreciendo su vida sin otro interés que un futuro justo.

En esta región y particularmente en nuestro país el enemigo ha logrado enquistarse como nunca en las estructuras de conducción de los principales partidos del pensamiento nacional y popular; el Socialista, el Radical y el Justicialista.

No son “otros” sino éstos, los enemigos de los intereses populares, los grupos concentrados de la economía, el campo y las finanzas, con la desembozada complicidad de las jerarquías eclesiásticas y de las fuerzas armadas.

Llevan adelante una guerra civil inconclusa desde hace más de doscientos años pujando para llegar con fuego y sangre a imponer el suyo, entre dos modelos antagónicos de futuro.

Sabemos de la urgente necesidad de una industrialización estructural, profunda e irreversible; de las herramientas de arquitectura financiera para consolidar nuestra soberanía monetaria, fiscal e impositiva; de la inexcusable construcción del sistema científico tecnológico y ¿porque no? de la reinstauración de la Junta Nacional de Granos, de la Junta Nacional de Carnes y del Instituto Argentino de Promoción e Intercambio (IAPI).

Pero hemos perdido la batalla cultural, facilitando y posibilitando así que las víctimas o muchísimas de ellas adopten como forma de entender la vida aquella que les es propia a los victimarios.

A partir de los setenta, así como luego del 55, y del 30 y de los fusilamientos de la Patagonia nuestro pueblo -con la conducción de numerosos actores políticos- supo reconstruir el tejido social, pudo también recuperarse de la derrota militar que conllevó 30.000 desaparecidos y miles de exiliados externos e internos.

Mucho, demasiado dolor.

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Se logró – casi – revertir la derrota económica desendeudando el tesoro como nunca antes, país alguno, había logrado, pagando al unísono con nuestros hermanos Uruguay y Brasil la deuda con el Banco Mundial, hecho sin precedentes que permitió -desde entonces- desligarse de las auditorías del Fondo Monetario Internacional.

Y así reestatizamos YPF, el Correo, Aerolíneas y el sistema previsional, justamente lo que definió el comienzo del “Plan de Venganza” de nuestros antagonistas, para, esta vez, no dejar testigos y endeudar (como ya lo hicieron) nuestras arcas, hasta comprometer a nuestros bisnietos, de forma irreversible.

La Nación se sumó a diversos foros, que tienen en común el buscar alternativas a la dependencia “ciega” respecto del Imperio: Mercosur, CELAC, G20, etc, y eso –ellos – no lo perdonan.

Nuestra independencia, nuestra capacidad de construcción internacional, nuestra soberanía.

Retomaron nuestra “derrota cultural”; ya que nos habían colonizado (no hubiesen podido de otro modo) colonizando las mentes de miles de ex compañeros y miles de ex patriotas.

El obrar cotidiano de esos muchos, el destrato ejercido para con los nuestros y finalmente la incorporación de tantísimos a sus filas ha posibilitado el hambre, el desempleo y la persecución que sufre nuestro pueblo, hoy en día.

Es indispensable revisar nuestro propio autoritarismo, el maltrato ejercido por muchos de nuestros compañeros en funciones y altas responsabilidades de gobierno para con tantos y la ausencia de escrúpulos de demasiados de ellos.

Algunos son responsables de muchos muertos en Once que iban a su laburo. Se los sostuvo hasta el límite de la vergüenza, por su acuerdo, negocio y o negociado con otros.

Salvando distancias, fueron maltratados – y a veces “en público”- dirigentes sindicales de primerísima línea, ex gobernadores, ex ministros y el mismísimo candidato presidencial, ninguneado sin piedad.

Ella, la compañera Cristina Fernández de Kirchner es la única que hoy puede (y debe) encarnar el liderazgo.

Miles de personas de sectores medios, bajos y bajísimos -que de ningún modo hubiesen elegido al actual gobierno- nos castigaron con su voto porque (amén de lo mucho armado por los medios) se sintieron lastimados.

A esos miles se los recupera con mucha humildad, no necesitan cátedra, quieren ser partícipes, piden ser convocados, rechazan el armado de listas “a control remoto”.

Cristina es la única que garantiza que el armado conjunto y la amplitud con la vocación frentista de siempre, no resulte un rejunte de acomodaticios.

Es la única que puede conducirnos otra vez a la victoria, que ahora si, nuestro pueblo necesita, en forma definitiva e irreversible.

Efectivamente, es mucho, demasiado, el dolor que remontar.

Pero hay que hacerlo.

JZ/