Mencionar el concepto lucha de clases está prohibido en los medios argentinos.

MILAGRO SALA, SUBVERSIÓN Y LUCHA DE CLASES.

Por Fernando Braga Menendez

En la famosa “Huelga de los Inquilinos”, hombres, mujeres, niños y ancianos, en una madrugada del crudo invierno de 1907, fueron reprimidos y desalojados a los tiros y manguerazos de agua helada por los bomberos y la policía brava del comisario Ramón Falcón. La Huelga de los Inquilinos fue una manifestación, obviamente, de la lucha de clases.El Grito de Alcorta en 1912 -el enfrentamiento de los chacareros contra los propietarios latifundistas que dio nacimiento a la Federación Agraria- también fue lucha de clases.

Por Fernando Braga Menendez
NAC&POP
17/01/2017

Era uno de esos programas de TV que desde el origen de los tiempos conduce la señora Mirtha Legrand.

Los participantes, acartonados, endomingados, con una exagerada autoconciencia de que estaban por participar de un encuentro de altísimo nivel.

Las mucamas uniformadas, el cocinero falto de léxico y soltura tratando de explicar el menú.

La música almibarada, la vajilla, los peinados.

Todo bastante incómodo y ficticio.

De la Diva y su mundo pretencioso emanaba, como de costumbre, un falso refinamiento.

Todos estaban de acuerdo en todo y festejaban sus mutuas coincidencias.

Transcurría exquisitamente la velada hasta que a alguien en mitad de un diálogo edulcorado se le escapó una frase inconveniente, maldita.

Dijo “lucha de clases”.

Se hizo un silencio incomodísimo.

Todos miraron a la conductora y esperaron su veredicto.

Ella descartó rápida y despectivamente tamaña enormidad porque “mi sueño es que todos los argentinos marchemos juntos de la mano hacia un futuro de paz y felicidad en nuestra patria” (o algo por el estilo).

Esa intención y este concepto me quedaron grabados en la cabeza por más de veinte años.

Evidentemente los anhelos de la señora no son muy escuchados, porque el enfrentamiento entre argentinos ha empeorado y sigue empeorando.

Mencionar el concepto lucha de clases está prohibido en los medios argentinos.

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Todo el mundo es consciente de las evidencias cotidianas que denotan su existencia, pero admitirlo explícitamente sería una derrota catastrófica.

Sería reconocer la realidad y abandonar esa versión Billiken de nuestro transcurrir por la vida. La lucha de clases en nuestro país existe desde antes de 1810.

Elijamos hitos.

En 1871, al regresar las tropas del Paraguay traían la contagiosa fiebre amarilla por lo que las familias ricas decidieron escapar de los focos epidémicos, San Telmo y Monserrat.

Abandonaron sus grandes mansiones y las fraccionaron en diminutos cuartuchos, para hacinar a las oleadas de inmigrantes pobres que llegaban.

Transformaron un problemón en un muy buen negocio y de paso inventaron los conventillos y las casa de inquilinato.

Años más tarde estalla en esos conventillos, la que en su momento fue la famosa “Huelga de los Inquilinos”, en donde hombres, mujeres, niños y ancianos, en una madrugada del crudo invierno de 1907 fueron reprimidos y desalojados a los tiros y manguerazos de agua helada por los bomberos y la policía brava del comisario Ramón Falcón.

La huelga consistía en que los inquilinos dejarían de pagar, hasta que mejoraran las condiciones de vida (decenas de familias compartían un solo baño y una cocina) además de exigir precisos contratos de alquiler, pautar los desalojos, y que los alquileres leoninos no superaran ciertos porcentajes de los salarios.

Esta original huelga, que no tuvo rápida resolución, triunfó a medias pero trascendió y fue imitada en otros países.

La Huelga de los Inquilinos fue una manifestación, obviamente, de la lucha de clases.

El Grito de Alcorta en 1912 -el enfrentamiento de los chacareros contra los propietarios latifundistas que dio nacimiento a la Federación Agraria- también fue lucha de clases.

Y la Semana Trágica de 1919, como asimismo las huelgas patagónicas de 1920.

Vaya si fueron lucha de clases! con miles de obreros y reclamantes muertos por la represión.

Uno ejemplifica con los momentos más espectaculares y visibles, pero la lucha de clases puede percibirse todos los días en todo lugar, cada vez que desde una clase social se ejerce autoridad y poder sobre miembros de una clase inferior.

Aún en situaciones triviales.

Y también en viceversa, cuando los de abajo también atacan o reaccionan.

Cuando la mayoría de los argentinos, a los pocos días de asumir, repitieron a coro “Macri gobierna para los ricos” hicieron una excelente y rápida interpretación, descripción y síntesis de esta lucha.

Y cuando el reciente título de este diario cita a Milagro Sala diciendo “le pido perdón a Morales por ser negra y coya” está trasmitiendo una radiografía profunda y precisa y obligando a que la sociedad se saque la careta de una vez por todas y se vea a sí misma como lo que es.

La monumental obra de Milagro Sala en Jujuy, además de un gran trabajo de organización social y arquitectura, es una denuncia subversiva.

Esas miles de casitas en hilera que suben las montañas, sus servicios médicos, escuelas, fábricas, son una denuncia: “Miren como pudimos hacer lo que ustedes nunca hicieron”.

Esa suprema, férrea voluntad de superar el abandono y la miseria es desafiante y subversiva.

¿No era que “son unos vagos que sólo quieren los planes y el tetra”?.

¡Mirá lo que hicieron!

¡Todo lo que construyeron!.

Tengámoslo claro, la detención de Milagro Sala es otro aspecto, un momento más, en la lucha de clases.

Las enormes piscinas donde miles de coyitas gritan, saltan, se ríen, juegan y se zambullen cuidados por guardavidas, son un insulto a lo establecido, para las almas castas y puras una afrenta a lo que debe ser.

“Miren cómo además de limpiar inodoros y letrinas, sabemos vivir y disfrutar”.

Eso es lo que están diciendo.

Y es por esa actitud subversiva y no por otra cosa, que está en prisión Milagro Sala.

Fernando Braga Menéndez
Miembro de IDEAL
Instituto de Estudios de América Latina
CTA