Hannah Harendt daba una de las más bellas definiciones del término Política que yo conozco: “la Política es el arte de hacerlo todo de nuevo”.

NEOLIBERALISMO Y ENCUENTRO SOLIDARIO: UN JARDÍN DONDE LOS SENDEROS SE BIFURCAN

por Mario Casalla

Decía muy bien don Raúl Scalabrini Ortiz, el hombre que estaba solo y esperaba: “Estas no son horas de perfeccionar cosmogonías ajenas, sino de crear las propias. Horas de grandes yerras y de grandes aciertos, en que hay que jugarse por entero a cada momento. Son horas de biblias y no de orfebrerías”.

Por Mario Casalla

NAC&POP

EL UMBRAL

22/11/2016

Alguien preguntó alguna vez –un poco en chiste y otro poco en serio- “nos portamos como lo que somos, o nos portamos como caballeros”.

La opción es inquietante y dado que existe, voy a elegir la primera vía, que es además la más natural.

Digamos entonces que no somos, ni ángeles, ni demonios.

Somos simplemente hombres y mujeres falibles, con pasiones, razones y sentimientos muchas veces encontrados y contradictorios, nada perfectos y con una relación siempre difícil con la Verdad.

Sencillamente, somos humanos.

En temas bravos como Política y Economía, esto nos implicará ser “incorrectos”.

Por eso –quiénes elijan esta manera de hablar- es casi seguro que se meterán en líos.

Lo cual resulta sumamente problemático, tanto es así que a los niños les pedimos que -ante los mayores- no hagan líos y se comporten como verdaderos caballeritos, o señoritas educadas.

Por esto acaso nos sonó tan complicado que no hace mucho tiempo, una persona mayor (en todos los sentidos del término) dejara, no sólo que los chicos y los jóvenes llegaran ante él, sino que además los exhortara a “hacer lío”.

Por cierto que el lío a que aspiraba, no puede ni debe ser simplemente revoltoso, o un poco del pasajero acné juvenil, sino un lío creador: una suerte de rebelión fundante y esperanzadora en medio de un mundo que muestra explícitamente su agotamiento físico y ético.

Y algo así, siempre hace ruido.

Decía muy bien don Raúl Scalabrini Ortiz, el hombre que estaba solo y esperaba: “Estas no son horas de perfeccionar cosmogonías ajenas, sino de crear las propias.

Horas de grandes yerras y de grandes aciertos, en que hay que jugarse por entero a cada momento.

Son horas de biblias y no de orfebrerías”.

Y Atlántico arriba, Hannah Harendt daba una de las más bellas definiciones del término Política que yo conozco: “la Política es el arte de hacerlo todo de nuevo”.

Esta Jornada de Pastoral Social nos incita a reflexionar y nos orienta, “hacia una  cultura del encuentro, por una nueva solidaridad”.

Y claro, esos dos significantes (Encuentro y Solidaridad) son tan fuertes, que casi nadie se opondría a ellos.

 

Sin embargo, una cosa es la teoría y otra la práctica efectiva de tales virtudes.

Y como bien sabemos, “el camino al infierno, suele estar empedrado con las mejores intenciones”.

Más no se trata aquí rápidamente de dividir entre buenos y malos, entre justos y pecadores, por una simple razón: porque esos dos significantes (Encuentro y Solidaridad) admiten distintos significados posibles y hasta contradictorios entre sí. Inextirpable ambigüedad del lenguaje que ninguna fórmula científica, ningún discurso racional, pueden sacar del medio aunque reiteradamente lo intenten (recuerden sino, la vieja torre de Babel).

Tampoco puede hacerlo el diccionario, ni el célebre buscador de Google (siem-pre tan a la mano!).

Es que el lenguaje no dice siempre lo que dice y hay muchas cosas que “hablan” pero no son lenguaje, sino signos, símbolos, imágenes y muchas otras cosas más.

Y con esto debemos arreglarnos, porque a pesar de todo el lenguaje es lo más humano que tenemos para dialogar y encontrarnos, al mismo tiempo que una verdadera fuente de malos entendidos y de líos.

Y evidentemente, ni Encuentro, ni Solidaridad, son significantes unívocos, lo cual nos autoriza responsablemente a discutir las significaciones concretas que de ellos se derivan.

No está prohibido, aunque a veces nos meta en líos.

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DE MODELOS Y PARADIGMAS

En Política y en Economía las nociones de Encuentro y Solidaridad, cristalizan en discursos y modelos de pensamiento, de los cuales se derivan prácticas y éticas diferentes.

Esos discursos (en sentido lingüístico), se presentan como “proyectos”, “modelos” o “sistemas” (en el sentido epistemológico de esos términos) que compiten entre sí por llegar al eventual gobierno de la sociedad.

Los estudiosos enseñan que un Modelo está compuesto por un “centro duro” (formado de unas pocas proposiciones o axiomas que sostienen el edificio y que constituyen sus verdades, su “dogma”, podríamos decir); el cual, a la vez, está rodeado por un “cinturón heurístico” que lo preserva de ataques exteriores, dando –mientras pueda- respuestas a las objeciones.

Eso le da fuerza al Modelo y permite que no entre en crisis todos los días.

Un Modelo cae (y es reemplazado por otro) sólo cuando ese “centro duro” es seriamente afectado, por-que ha cedido el “cinturón heurístico” que lo protegía y ya no tiene respuestas válidas para explicar convincentemente una determinada realidad .

Tomemos un rápido ejemplo de la Astronomía y sus Modelos del sistema solar: el Modelo Antiguo (Toloméico) duró siglos pero cayó cuando no pudo hacer frente a la evidencia que proponía otro Modelo (el de Copérnico), cuyo “núcleo duro” afirmaba que la Tierra no era el centro del Universo y que, por el contrario, giraba alrededor del Sol.

Tremenda novedad que sacudió todo el edificio de la ciencia astronómica, produciendo un cambio de Paradigma, (concepto éste inicialmen-te astronómico, pero que prontamente se transpolará al terreno de la Política y de la Economía).

Si pasamos ahora rápidamente a estos dos nuevos territorios, veremos que lo afectado en ese paradigma, en su “núcleo duro”, es el Modelo Capitalista de producción y consumo (tanto en su versión de mercado, como en la de estado); así como el Modelo Neoliberal de gestionarlo (también en sus diferentes ver-siones).

Es cierto que tal modelo no ha caído y que –al contrario- parecería florecer en casi todo el planeta- pero también lo es que no deja de “hacer lío” allí donde se lo aplica y que termina provocando más problemas que soluciones.

La caída en picada del Estado de Bienestar en Europa y en los Estados Unidos, es innegable, aun cuando queramos hacernos los distraídos.

En realidad, estamos como Galileo frente al Tribunal quien -para evitar un mal mayor- acepta lo que le piden (que renuncie a la teoría heliocéntrica), pero por lo bajo dice aquello de… “eppur si muove”!

Y vaya que se movió.

Por eso tengo para mí, que sólo es posible orientarnos hacia una Cultura del Encuentro y la Solidaridad, si hacemos algo con aquélla mala noticia (el agotamiento del Modelo Capitalista Neoliberal) y somos entonces capaces de transitar un camino que nos lleve en otra dirección.

Y esto por cierto, antes que ese modelo ya consumado termine con nosotros y con nuestra (única) Tierra, que a duras penas todavía nos sostiene y nos cobija.

Más que una cuestión ideológica, esto es hoy una urgencia física y ética.

Cuando cayó el Muro de Berlín, cayó para los dos lados.

Por tanto un enfermo moribundo (el capitalismo de estado, en su versión soviética) fue reemplazado por otro que ya estaba en terapia intensiva (el capitalismo de mercado).

O sea que lo que sobrevino, no fue precisamente saludable sino otra manera de seguir haciéndonos daño (individual y social) .

DE ELECCIONES Y PROYECTOS

Entre nosotros se ha impuesto –y esta vez por vía democrática y legítima-  una alianza política que puso al frente del estado y de la nación, una versión de aquél Modelo Neoliberal en inocultable crisis global.

Es decir que -como diría el paisano, en voz baja igual que Galileo para no enojar al patrón- “cambiamos es cierto, pero no para mejor”.

O sea que no se trata sólo de enojos, ni malas personas, ni de mejores o peores modales, ni de si la herencia fue peor o mejor, sino de un Modelo, de un Proyecto de país que entre nosotros ya ha mostrado (dolorosamente) su ineficacia para resolver los problemas de la mayoría de la población.

Es así que –a pesar de las buenas intenciones y declaraciones-  desde hace ya casi un año, volvemos a empedrar el camino hacia al infierno.

Lo cual por suerte, en democracia, es siempre enmendable.

En consecuencia la discusión es hoy entre Modelos y no sólo ni primariamente entre personas, o programas (sean estos de gobierno, o bien de televisión).

Ya en su momento Juan Bautista Alberdi advertía -respecto de la vieja polaridad entre unitarios y federales-  “No son dos partidos, son dos países”.

Algo que su ocasional contrincante, Domingo Faustino Sarmiento, también señalaba “…parecen dos sociedades distintas, dos pueblos extraños uno del otro”.

Felizmente aquella disputa cuajó en una cierta forma de “organización nacional”.

Es de esperar que ahora tampoco lleguemos al precipicio.

Por esto, permíta-seme interpretar –de manera falible por cierto- aquella metáfora de

 

Ponerse la Patria al hombro, como una  exhortación a cargar la cruz, pero para caminar en una dirección diferente.

 

El sacrificio mayor ya fue hecho y la mejor manera de honrarlo es no volver a sacrificar a un Pueblo.

Por eso la esperanza es que, “si razona el caballo es probable que se acabe la equitación”.

Argentina no es nueva ni inocente en esto de caminar hacia el abismo, ya hizo dos experiencias neoliberales: una en 1976, cuando un golpe militar instaló una cruenta dictadura y un programa económico neoliberal y otra en la década del ’90 –esta vez también por vía electoral- con resultados negativos que todavía conmueven nuestra conciencia.

Cada vez que repetimos la “cifra” 2001, resuena en noso-tros el fatídico “666”, el número de la bíblica Bestia y también curiosamente el apodo de la limusina presidencial norteamericana, que  este año (2016) se pa-seó por estas mismas calles de Buenos Aires.

Esperemos que no haya sido premonitorio.

Y a no confundirnos con matices, diferencias o apelaciones a las circunstancias: el núcleo duro de ese modelo neoliberal sigue siendo el mismo, aun cuando su “cinturón de protección” tenga matices levemente diferentes y los ejecutores sean otros.

Precisamente para eso fueron hechos oportunos cambios discursivos: para que el “remedio” propuesto  –impopular por cierto- pueda ser digerido otra vez, como si nada hubiera pasado.

En esto se siguió el consejo de uno de los padres fundadores del Modelo Neoliberal quien -sin po-nerse colorado- decía: “lo políticamente inaceptable, debe presentarse como políticamente inevitable” (Milton Friedman, Chicago, 1912-2006).

Y además de “inevitable” agregaría yo, se le rotuló también de “natural y científico”.

Envase nuevo, para un remedio ya viejo.

Pero para quienes –también democráticamen-te- confronten con ese Modelo Neoliberal, desde la perspectiva de una Cultura del Encuentro y de la Solidaridad, no es ninguna de esas tres cosas: el neoliberalismo no es inevitable, ni es natural, ni tiene el monopolio de lo científico.

Es un modelo político-económico -actual y muy a la moda por cierto- pero lo es entre varias alternativas posibles.

Elegir ese u otro Modelo, es cuestión –antes que nada-  de tener y expresar una postura axiológica y ética distinta y de re-flexionar acerca del camino de vida que desearíamos para nosotros y nuestros semejantes.

DE LOGICAS QUE NO COMBINAN

En nuestro entender y dicho ahora muy sintéticamente, en el “núcleo duro” del Modelo Neoliberal, los significantes Encuentro y Solidaridad no están inscriptos con la misma fuerza y sentido que nosotros le otorgamos.

¿Por qué?

Pues precisamente porque la antropología filosófica y la axiología que están en la base de ese Modelo económico, pivotean sobre tres conceptos muy diferentes: Competencia, Mercado e Individuo.

Si la Competencia es el estímulo primordial para desarrollo de la persona, evidentemente la Solidaridad será siempre un valor a posteriori, más nunca a priori; si aparece, será más bien un “agregado” (después de haber llegado y clasificado) que un postulado de partida. A los competidores sería insensato exigirles Solidaridad, a lo sumo sí “juego limpio”.

La Solidaridad en serio, sólo se da entre “ganadores” y para aquellos que no lo son, a lo sumo habrá “derrame generoso” o beneficencia compasiva.

Eso sí, individual o grupal pero nunca sistémica, porque como bien se sabe “la riqueza es escasa y no alcanza para todos” .

En cuanto al significante Mercado, éste relegará también a un lugar secundario la noción de “bien común”, dado que en realidad no hay ningún bien común, sino “intereses particulares” que el Mercado -y no otro elemento exógeno- se encargará de regular y ordenar por y desde sí mismo.

La célebre alusión (cuasi teológica) a su “mano invisible”, lo presenta como el único mecanismo apto para cualquier posibilidad de algo “en común” (término además que será siempre sospechado como peligroso para la libertad individual  y prólogo de posibles “intervencionismos”).

La Fe en el Mercado, está entre los primeros mandamientos del catecismo neoliberal: “lo amarás y respetarás como a ti mismo”.

Finalmente veamos el tercer significante clave de ese núcleo duro: su peculiar noción de Individuo.

Este será el gran protagonista de la historia y a quien (hipotéticamente) le están reservados las mieles de la victoria.

Todo se hace por y para él (incluido su propio sacrificio si fuera necesario), pero paradójicamente no se trata aquí del hombre como “centro del mundo” (propio del humanismo laico e ilustrado), ni tampoco de una “persona” (en cuyo rostro se figuran otros), sino de alguien que ha devenido “recurso” (recurso humano) a quien el Mercado (y sus múltiples Oficinas de Recursos Humanos) –luego de evaluarlo como corresponde- le asignará su lugar en el mundo; y esto, de acuerdo a una hipotética escala  de “capacidades” que nunca se sabe muy bien de cuál se trata, ya que se la cambian todos los días; esto a su vez le requerirá “entrenamiento y evaluación permanente” (o sea angustia asegurada para toda su existencia, incluso hasta jubilado, porque siempre habrá que ver si “califica” o no para algún beneficio o aumento).

Sólo en el breve tiempo que le quede libre (nunca mucho porque, “Time is money”!) acaso consuma (si consiguió algún ingreso), ame (si conoció alguien en medio de la carrera) y trabaje (si sirve como “recurso” para algo materialmente valioso).

De aquí que el término jurídico-económico Sociedad, sea el que haya terminado por imponerse como designación del agrupamiento de tales individuos/recursos (en reemplazo de la vieja denominación de Polis y de la más cercana de Comunidad).

Se trata de una Sociedad, en la cual todos juntos serán “Gente”, término utilizado para evitar cualquier confusión con el viejo sustantivo Pueblo y con “el lío” que tal denominación evoca en algunas personas.

A esta altura y para concluir, permítanme recordar otra pregunta que –junto a mis hijos- escuchaba yo hace ya muchos años en boca de aquél formidable trío de payasos españoles (Gaby, Fofó y Miliqui) la recuerdan?

Sino, se las repito: ¿”Están todos contentos”?

MC/