La prepotencia del poder, la pobreza intelectual y la incapacidad de gestión, hacen del gobierno un cóctel explosivo.

LA PREPOTENCIA DEL PODER, LA FALTA DE ESCRUPULOS.

Por Jorge Rachid

Esa política se ejerce con la prepotencia del poder, que pese a haber ganado por el mínimo porcentual de un punto, se planta como fundacional, arrasando conquistas sociales y destruyendo regulaciones que hicieron del Estado Nacional, un estado presente y dinámico en el conflicto de intereses permanente.

Por Jorge Rachid

SIN MORDAZA

22/11/16

Desde hace un año, los argentinos padecemos un gobierno que siendo de raíz y estructura neoliberal, de dureza pétrea hacia los temas sociales, ha provocado un desplazamiento de los ejes estructurales del modelo social en marcha en los últimos 12 años de gobierno peronista, lo cual ha aumentado los conflictos sociales.

Derrotar esa memoria peronista es la obsesión del poder macrista que no cesa, a un año vista de adjudicar al gobierno anterior todos los problemas que ha creado, al adoptar políticas que han transferido ingentes recursos a los sectores concentrados de la economía, en detrimento de los sectores populares, que han sido sumergidos al dolor y la desprotección social.

El poder delegado que ha recibido el macrismo, que deviene de un modelo internacional de los sectores financieros supranacionales, que ya han provocado las crisis en los países centro europeos primero, los países del sur europeo después y la reacción que han producido estas acciones en los pueblos, determinando hechos políticos como el Brexit inglés y el triunfo de Trump en EEUU.

Estas políticas trasladadas a nuestro país, por sus empleados electos, está produciendo un modelo acorde a sus intereses.

Claro que no es gratuito arrasar la industria nacional con la apertura de las importaciones y los Tratados de Libre Comercio, que destruyen trabajo argentino, provocando una nueva ingeniería social, brutal e inhumana que lleva a la Argentina a una situación de colapso, como han indicado algunos analistas, ya que este esquema sólo se sostiene con mayor endeudamiento, que en un año superó los 7 años de dictadura militar en montos de deuda.

Esto condiciona a futuro la perspectiva de nuestro país en cuanto a su recuperación, como hicimos desde el 2002 con la recuperación del cuerpo social argentino que se encontraba en diáspora, al borde de la desaparición fáctica como país soberano.

Lo hicimos haciendo eje en el trabajo como hecho y como cultura dominante, que permanece y pretende ser destruida, con la flexibilización y la baja salarial, a los fines de controlar costos empresarios en detrimento de los trabajadores.

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Generaciones de argentinos están siendo rehenes desde hoy, de las políticas neoliberales.

Esa política se ejerce con la prepotencia del poder, que pese a haber ganado por el mínimo porcentual de un punto, se planta como fundacional, arrasando conquistas sociales y destruyendo regulaciones que hicieron del Estado Nacional, un estado presente y dinámico en el conflicto de intereses permanente.

Ese Estado es el que los sectores de poder intentan disminuir, intentando acumular ganancias, sobre los recursos del conjunto de los argentinos.

Esa política anticipa tempestades.

Amparados en la democracia, como manto protector de inequidades permanentes, apoyados por el silencio informativo y el partido judicial, como herramientas de control social, el desarrollo de las órdenes recibidas para extranjerizar las tierras, acabar con la ley de servicios de comunicación audiovisual, perseguir a Cristina, encarcelar a Milagro, ceder retenciones por miles de millones, perdonar deudas a las eléctricas, bajar impuestos a las mineras, despedir trabajadores, amenazar con mayor represión al conflicto, liberar los preso de lesa humanidad condenados, son algunas de las perlas del empleado del año del Imperio, actual presidente de los argentinos.

Ninguna de sus promesas de campaña se cumplió, ya que como engañador de manual, esos personajes que hacen de la “viveza” una forma de vida, psicópatas profesionales, prometiendo al mundo paraísos a futuro, mientras saquean las arcas del estado para sus socios.

Este camino de gestión lleva a la Argentina a una situación de contracción de la demanda, es decir del consumo popular, por falta de dinero, generando a su vez miedos sociales ampliados, que comienzan con la de pérdida de trabajo en potencial, la falta de satisfacción en la vida por retracción del esparcimiento, angustia por la alimentación de la familia y falta de perspectivas futuras de proyecto de vida. Una situación límite a la cual es empujada la población.

Como complemento de este cóctel, se visualiza la incapacidad e ignorancia intelectual del macrismo incluso para explicar sus propias decisiones, que aumenta la angustia de la población al comprobar que sus gobernantes carecen de capacidad de llevar adelante políticas que den respuestas a las demandas sociales emergentes de una situación crítica, a la cual ha llevado un año de gestión gubernamental, que no ha volcado a los sectores humildes y trabajadores de la población, ni una sola medida que los favorezca.

Los peronistas estamos preparados para volver al poder político en términos institucionales democráticos, mientras activamos en forma cotidiana junto a nuestro pueblo, en las calles demandando respuestas y defendiendo derechos conquistados, mientras expresamos nuestra profunda diferencia con el modelo en marcha, eso que “ellos” llamaron grieta y nosotros denominamos confrontación de modelos: entre soberanos y dependientes, entre populares y oligárquicos, entre latinoamericanistas o proimperialistas, entre el trabajo y la especulación, entre el consumo o el hambre, entre la justicia social y el partido judicial cercenando derechos.

Los peronistas luchamos antes, lo hacemos ahora y desde hace 70 años, somos los garantes de la Justicia Social en nuestro país y lo seguiremos haciendo, por mal que le pese al poder neoliberal o se lleven a su lado,  algún soldado nuestro pusilánime o traidor.