Alguna vez Ernesto Jauretche escribió: “El militante es aquel que cambia la realidad con su ejemplo”.

 EL ROL DEL MILITANTE PERONISTA EN LA HISTORIA :»PONERSE LA PATRIA AL HOMBRO»

Por Marcelo Koenig

Esos jóvenes comprometidos que le discutieron al régimen el monopolio de la violencia (impuesta desde arriba desde los bombardeos del 55); ese movimiento obrero que construyó la mejor versión de sí mismo discutiendo el proyecto de país y no solo reivindicaciones parciales; esos curas, que lejos de la complicidad eclesiástica con el golpe gorila recogieron las enseñanzas revolucionarias del primer cristianismo; en definitiva esa militancia que se puso la patria al hombro, fue la que dijo como quería Evita: “hay que erradicar la palabra imposible del diccionario”.

Por Marcelo Koenig

NAC&POP

17 de noviembre de 2016

San Martín murió en el exilio.

Rosas también. “Ni el polvo de tus huesos la América tendrá” le sentenció la oligarquía a través de Mármol.

A Perón le tocaba la misma suerte después de su derrocamiento por una dictadura que vino a instalar en Argentina una verdadera revancha de clase.

Intentaron borrar la memoria de aquellos días de la Patria de la felicidad.

Ensuciaron su imagen con falsas acusaciones, le abrieron procesos judiciales.

Muchos dudaron, algunos que fueron funcionarios de su gobierno terminaron siendo funcionales a la dictadura fusiladora, como su vicepresidente Tessaire que salía en los noticieros de la época hablando pestes del General.

Durante el gobierno de Illia, Perón intentó volver.

Ese gobierno radical, en complicidad con la dictadura brasileña y el imperialismo norteamericano lo hicieron pegar la vuelta para el exilio en España.

Una burocracia política y sindical, muy poderosa, que incluso se creía en condiciones de competir con el conductor, era quien había organizado el frustrado operativo retorno.

Las cartas parecían echadas el destino era inexorable.

Era imposible que el general Perón volviera a la Argentina.

Pero la militancia construida al calor de la resistencia, no aceptaba las imposiciones de los poderosos.

Al decir de Walsh “han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires.

 Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan.

 La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas»

Esos jóvenes comprometidos que le discutieron al régimen el monopolio de la violencia (impuesta desde arriba desde los bombardeos del 55); ese movimiento obrero que construyó la mejor versión de sí mismo discutiendo el proyecto de país y no solo reivindicaciones parciales; esos curas, que lejos de la complicidad eclesiástica con el golpe gorila recogieron las enseñanzas revolucionarias del primer cristianismo; en definitiva esa militancia que se puso la patria al hombro, fue la que dijo como quería Evita: “hay que erradicar la palabra imposible del diccionario”.

Esa militancia lo trajo a Perón de nuevo a su tierra .

Un 17 de noviembre de 1972, con una enorme movilización a pesar de las amenazas y los aprietes de la dictadura de Lanusse, el General volvió.

El rol de la militancia no es ser el sindicato de aplaudidores del poder, ni el que se acomoda rápidamente a los nuevos tiempos yendo para donde sopla el viento sin convicciones ni proyecto.

La militancia es construir condiciones para hacer posible lo imposible.

Aunque tarde un poco más.

Alguna vez Ernesto Jauretche escribió: “El militante es aquel que cambia la realidad con su ejemplo”.

Estamos convencidos, los descamisados, que ese es nuestro rol en la historia.

 

MK/