Esta elección tuvo el protagonismo de la antipolítica, generada por el hartazgo con las viejas políticas.

JAURETCHE: «DESDE EL GOBIERNO MUNDIAL DE LAS FINANZAS PRESIENTO SABOTAJES AL GOBIERNO DE TRUMP»

Por Osvaldo Jauretche

Conociendo «el gran país del norte», anticipé el triunfo de Trump, uno de los pocos que lo creían. Las campañas de Trump y de Bernie Sanders -desde las antípodas ideológicas- rompieron el discurso único, apelando al mismo auditorio: los trabajadores que ven en caída libre su nivel de vida.

Por Osvaldo Jauretche
NAC&POP
09/11/2016

En Internet también, aunque se encuentran algunos análisis más sesudos que los de aquellos que cobran grandes sueldos para hacerlos.

Esta elección es el protagonismo de la antipolítica, generada por el hartazgo con las viejas políticas.

Allí está la similitud con Macri.

Allá también pegó el «que se vayan todos», pero no les apareció un Kirchner para sacarlos del horno.

Aparece un demagogo, y enfrente una fiel representante del establishment, correctamente vista como alfil de Wall Street.

En consecuencia, como dijo acertadamente mi hijo, cansados de la corrupción, votan a los corruptores.

Pero esto marca un cambio sustancial que se venía amasando hace rato en la política interna de los EE.UU.

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Las campañas de Trump y de Bernie Sanders -desde las antípodas ideológicas- rompieron el discurso único, apelando al mismo auditorio: los trabajadores que ven en caída libre su nivel de vida.

Ahora se dice en voz alta y en medios masivos lo que antes se callaba prudentemente.

(Hay que recordar que, hace ya 24 años, un lema de campaña de Bill Clinton fue: «por primera vez en nuestro tiempo los hijos no estarán mejor que sus padres»).

Ya no podrán seguir con lo mismo.

Las cosas han cambiado.

A lo económico se le suma la crisis de identidad cultural de la nación.

El avance de las llamadas «minorías» y la diversidad cultural con ello inevitable, choca con los sueños clasistas de los puritanos que, desde las colonias originales, fundaron los EE.UU. como una cuasi teocracia, reaccionaria y excluyente.

Eran los «elegidos», que no debían ser contaminados por gentes impuras.

Su versión moderna se ve amenazada, y parte del «recuperemos a nuestro país» del discurso trumpeano se dirige a ellos.

Que no son una fuerza despreciable.

Yo sospecho que se les viene una escalada de disturbios sociales.

Los oscuros del poder también lo creen, como lo demuestra el armado de las policías locales con equipos de combate aún más sofisticados que los de sus ejércitos (ver foto de la represión a indígenas en Dakota del Norte).

Ahora habrá que ver si Trump actúa como en sus promesas de campaña, o si hará la Gran Macri.

Es que sus propuestas chocan frontalmente con Wall Street y las corporaciones multinacionales, esas que le aplicaron al pueblo estadounidense la medicina que antes sólo usaban en el extranjero.

Basta de comparaciones con Macri, más divertidas que apropiadas.

Trump es un aventurero con fuerza propia, un chamuyero de éxito arrollador, un peleador.

Y multimillonario, por supuesto, lo que lo pone entre las posibles víctimas de sus propias promesas de gobierno.

Aunque a diferencia de los industriales, su negocio está principalmente basado en el mercado local.

Y ha generado un fuerte y justificado temor entre sus camaradas del 1% enriquecido con el status quo.

Dudas abundan.

El establishment está muy alborotado, y muestra disímiles reacciones y divisiones ante el prospecto de este nuevo, atípico presidente.

¿Apoyar o sabotear?

Desde el verdadero gobierno mundial, el de las finanzas, presiento más lo último que lo primero.

El impacto más allá de las fronteras de los EE.UU. es materia de otro análisis, que no puede desinteresarse del anterior.

Sólo puedo opinar que se abre un paréntesis en los planes de tratados de libre comercio -como los del Pacífico, que ya agonizaban-, y en la belicosa política contra Rusia.

Bienvenido esto, la nube radioactiva también nos alcanzaría a nosotros.