Hoy ¿qué le correspondería al servilismo cipayo del presidente Macri y de la apátrida Susana Malcorra?

A LOS QUE SE LES TRASPAPELÓ

Por Antonio "Negro" Coria

Hace unos días, los argentinos de bien, celebramos el triunfo democrático que hace un siglo consagró en la Presidencia de la República, un ciudadano, un patriota, que por varios lustros luchara, jugando su vida, incluso, por principios que convendremos en sintetizar en dos o tres términos que sin mucho dudar el común de la gente entiende claramente: ética, honestidad, coherencia. Hipólito Yrigoyen.

Por Antonio Angel Coria
NAC&POP
18/10/2016

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Esta primavera porteña de sudestada y hambre en que el “privilegio de niños” que tuvimos argentinos de mi generación, hoy nos muestra caritas tristes y con hambre, que salen de abajo de una frazada con que se “cubren” de la llovizna en el colchón de umbral granítico “calefaccionado” por potentes focos del edificio bancario.

Quedamos nocaut frente a esta injusticia que tiene nombres de responsables.

Pero más sacude la solidaria jubilada de sangre hirviente, que esta madrugada les arrima un litro de leche y como si hiciera falta que nos demos cuerda, desde sus entrados años exclama ¿ensayando crítica? “¡mi viejo Partido Radical me hizo votar por estos tipos!

No puedo creer que haya tanta pobreza durmiendo en las calles” quejándose la vecina de Perón y Callao, comparte bronca porque “estos cosos no miran para acá” (agita mano con índice acusador) mientras señala:

¡Excluidos!
Quienes hoy se denominan “radicales” son, como los que estilo Momo Venegas o Luis Barrionuevo se califican “peronistas”, carentes de moral.

¡Amorales!.

Hace unos días, los argentinos de bien celebramos el triunfo democrático que hace un siglo consagró en la Presidencia de la República un ciudadano, un patriota, que por varios lustros luchara, jugando su vida, incluso, por principios que convendremos en sintetizar en dos o tres términos que sin mucho dudar el común de la gente entiende claramente: ética, honestidad, coherencia

¿O no fue todo eso el corpachón Hipólito Yrigoyen?

Qué no fueron los hombres de la Resistencia Peronista, sino eso mismo, leales a principios que desde el tránsito común por los senderos de la Causa nacional y popular se mantienen como brújula de la Historia.

La lectura en trasnoche de los diarios de estos días me trasladó a Yrigoyen y a los leales a Perón casi mecánicamente.

Ruinas y escatológicos son el reemplazo de la oportunidad de aportar a la construcción de ciudadanía en un país diferente – no mejor: di-fe-ren-te – del que empedernida casta lucha para hundir sus habitantes en las lacras de la injusticia social.

No se crea que sólo por destrucción de fuentes de trabajo y producción, de educación para muy pocos, de salud para ricos y represión para los que defienden derechos decidida por el decretazo oligárquico presidencial o la complicidad partidocrática, ha de consolidarse el poder de los que mandan y sus consecuencias.

Necesitan, desde el derecho electoral que los ha ubicado en la responsabilidad de gobernar, armar y apuntalar una estructura “legal” – una especie de nuevo estatuto legal del coloniaje y la opresión – para sostener la ignominia.

Cuando la tiranía de Aramburu y Rojas (1955-1958) reemplazó la “Cultura Ciudadana” por “Instrucción Cívica”, los profesores de la “educación democrática” se ufanaban apologéticos de la constitución, del parlamento, de la república, de la democracia y todas esas cosas.

Nada decían de un pueblo perseguido, encarcelado, proscripto, cercenado en sus derechos laborales.

De tal modo entelequias, fueron repetidas por los tiranos de 1966, 1976 y más recientemente por los triunfadores del dos por ciento, que, habiéndose consumido ya el veinticinco por ciento de su mandato de cuatro años, pobres carmelitos, esperan ser reconocidos “surgidos de la voluntad popular” como efectivamente fue el día de las muy inobjetables elecciones, pero que más pronto que tarde han ido metamorfoseándose en Dictadura.

Y esto es así, desde que por definición un gobierno elegido democráticamente, como este caso de la alianza MACRI-UCR, lo fue por el voto de la ciudadanía según ordena la Constitución Nacional, es un gobierno legal; pero cuando los mandatarios así electos, indudablemente surgidos del voto popular, a contrapelo absoluto de sus proclamas proselitistas proceden a actuar con todos los modos, formas y atributos de un gobierno de facto – como conocimos de las tiranías cívico militares de 1955, 1966 y 1976 – claramente muestran, en primera instancia, la concepción totalitaria para gobernar que los acompaña.

Y así, sin tapujo alguno, resulta muy sencillo entender la macabra construcción de una dictadura a que están decididos el presidente Macri y sus socios “radicales” en la alianza “Cambiemos”.

Empezó el gobierno que tuvo legitimidad constitucional con unos primeros decretos para designar jueces de la Corte Suprema; reventó las arcas nacionales con los gerentes multinacionales designados ministros para felicidad de buitres y carroñeros; cerquita nomás, avasalló libertades individuales y ahí tenemos encarcelada sin causa ni proceso a Milagro Sala; incumplen descaradamente normas fiscales y

Macri y secuaces ocultan miles de millones en guaridas “off shore” que la funcionaria del área (Laura Alonso) se niega a resolver.

“Lavan“ dineros que la vice presidenta cada vez que habla hace de más “inexplicable” origen.

Sus ministros se enriquecen ilícitamente comprando, vendiendo y fugando divisas; aumentan los alimentos básicos, tarifas y medicamentos, escandalosamente con la misma avaricia e impunidad que sus ancestros realizaron en la Patagonia hace un siglo.

Fueron responsables del saqueo y daños que causaron en ocasión de los negociados petroleros que juzgó el Parlamento nacional en cumplimiento de la palabra pre electoral de Arturo Íllia.

Hambrean al pueblo, destruyen economías regionales, abren libremente las importaciones, destruyen la industria nacional, cesantean trabajadores por miles. . . ¡y aquí no ha pasado nada!

¡Qué va, con estos que tienen más hambre que principios!

Barrionuevo, que ayer confesaba impúdicamente que es un saqueador, ahora pide que trabajadores, jubilados y pensionados aminoren su hambre y dignidad por dos años.

Mientras tanto los estancieros (socios de Venegas) siguen “hinchándose panzudos”, como denunciaba Cafrune y no chisten cuando se les meta mano ladrona en sus recursos previsionales recuperados la década pasada.

Pero para que este cúmulo de tropelías logre inmunidad, recurre el gobierno a maniobras escandalosas para construir su estructura legal, un engendro que no resulta menos escandaloso.

Y ahí andan, “todos revolcaos en un mismo merengue”, buscando destruir el andamiaje de derechos conquistados que gozamos protegidos los argentinos por ese ejemplo de ciudadanía decente que es la Procuradora Alejandra Gils Carbó (¡qué distante, lo de Laura Alonso!)

Dije decencia y podría haber dicho coherente, con sus principios. Como no lo son los rastacueros que abandonaron las banderas del yrigoyenismo y Alem (¿se acuerdan de aquel “que se quiebre pero que no se doble?).

Pido “lealtad con la Patria” como escuché de alumno del secundario que hace sesenta años fue en mi pueblo natal y el eco retumbante me devuelve, con la misma oquedad de entonces el armatoste de la “educación democrática” y los calabozos con que pagábamos la osadía de reivindicar “las Malvinas son argentinas” en el paredón frente a la entrada a la base naval.

Hoy ¿qué le correspondería al servilismo cipayo del presidente Macri y de la apátrida Susana Malcorra – sabrá algo esta canciller de quién fue Manuel Moreno – por comprometer nuestra soberanía y patrimonio de Malvinas frente a los ingleses?

Este estilo UCR “amantes de la república y sus instituciones” ¿no indica del que hubiera algo para decir?

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¿Negri, Mestre (FOTO), Stolbizer con tribuna parlamentaria y soporte corporativo mediático, traspapelaron libreto?

¡A no preocuparse! pues está escrito en buenas letras (aunque, no vamos a negar, incomodante) de molde y bien al alcance (al menos así debiera ser, como legisladores de la república que se precian).

Constitución Nacional, se llama.

De sus párrafos finales en los artículos 119 y 29, surge un mandato y exhala un espíritu que tanto para corruptos, cipayos, conversos o claudicantes, puede ser buena sentencia: ¡infames traidores a la Patria, al Pueblo y a la Democracia!

AC/