El ‘ser’ varón y el ‘ser’ nena es una construcción cultural, social y educativa.

A PROPÓSITO DEL PARO DE MUJERES: ALGO “NO” ESTA PASANDO

A propósito del paro de mujeres: ¿Por qué la violencia de género solo es noticia cuando se comente un femicidio? Algo no está pasando, algo dijimos o algo dejamos de decir. Cuando alguien dijo que para que la mujer nazca, el hombre le tuvo que dar parte de su cuerpo; y así nos constituimos, con el rol de un hombre dador y una mujer que recibía lo que ese hombre le daba. No fue sólo un hombre el que nos dio la vida, sino también fue un hombre el que después se adueñó de ella y decide cuando nos la da, y cómo nos la quita.

Por Ana María Alcala
Matanza Digital
19 octubre, 2016

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Los medios derrochan palabras sólo sobre la víctima, que se erige como única protagonista.

¿Cómo era?

¿Qué hacía?

¿A dónde iba?

¿Con quién iba?

Fotos, cientos de fotos, todas sugerentes, todas queriendo decir algo.

Su nombre repetido una y otra vez, su nombre titulando la historia.

Una historia que pareciera salida de sus propias entrañas, una historia que comenzó y terminó con ella.

Una historia que comenzó hace tiempo, pero nadie lo dice.

Tanto hace que casi no tenemos registro.

Una historia que comenzó cuando algún niño o niña llegaba a este mundo con un estereotipo configurado, construido.

“La historia” se comenzó a escribir cuando alguien nos dijo que Eva nació de la costilla de Adán.

Cuando alguien dijo que para que la mujer nazca, el hombre le tuvo que dar parte de su cuerpo; y así nos constituimos, con el rol de un hombre dador y una mujer que recibía lo que ese hombre le daba.

No fue sólo un hombre el que nos dio la vida, sino también fue un hombre el que después se adueñó de ella y decide cuando nos la da, y cómo nos la quita.

La historia comenzó con un hombre, y después con una mujer.

En ese estricto orden.

Les asignamos, colores, juegos, modales, profesiones y oficios.

Trazamos una línea entre ambos difícil de cruzar; sin que recibas humillación, insultos, burlas o segregación.

Cantamos “las nenas con las nenas, los nenes con los nenes”.

Los hombres son fuertes; las mujeres, débiles.

Los hombres son fútbol; las mujeres, muñecas.

Y así vamos por la vida.

Cambiar la pelota por la muñeca, o la muñeca por la pelota es un debate nacional.

El “ser” varón y el “ser” nena es una construcción cultural, social y educativa.

Así, todo eso junto.

Antes era pollera y pantalón, pero hoy avanzó, ¡vaya si avanzo!

En la vida, en el afuera y en los libros.

Pero hay un espacio donde se corta, donde sucede lo primero, donde se inician o se pierden los prejuicios.

Ese espacio es el propio, el da cada uno y cada una; ese espacio en el que nadie nos ve y nos juzga.

En el que pensamos libremente, tan libremente que sin ningún pudor seguimos pensando cuando lo miramos: “qué lindo que sea jugador de futbol”, “qué lindo que sea modelo”, “qué lindo que estudie algo que le permita vivir de su profesión”, “qué lindo que pueda enamorarse de alguien que le permita no trabajar y cuidar a su familia”.

En ese espacio es donde educamos cediendo derechos, otorgando roles, diciendo quién debe aprender a cocinar y quién no; quién debe atender la casa y quién no, quién debe criar los hijos y las hijas.

Y quién no.

El ‘ser’ varón y el ‘ser’ nena es una construcción cultural, social y educativa.

Así, todo eso junto.

Es donde les hacemos creer que el que sale a trabajar es el que manda, y quien se queda en la casa obedece.

Es donde comenzamos a creer que quien se queda en casa y no sale es buena, quien no se pone pollera corta es buena, quien no sube fotos con trompita es buena, quien no sale a bailar es buena.

Y quienes hacen todo lo contrario son malas, y si algo les pasa es porque se lo buscaron, es porque se lo merecían.

Se interpreta que la que sale o usa pollera corta y vuelve tarde es porque da permiso para que la toquen, la violen y la maten.

Es en ese espacio en el que nos hacen creer que las mujeres que no son como la construcción cultural, social y educativa manda; pueden ser abusadas, violadas torturadas y asesinadas.

Donde nos creemos que podemos hacer con ellas lo que queremos, que no pueden negarse, “que cuando dicen que no, es si”.

La historia no tiene nombre de mujer, tiene el nombre de quien la violentó y/o le quitó la vida; y de todas y todos quienes, desde nuestros espacios, no supimos o no pudimos derribar prejuicios, cambiar la cultura, cambiar los preconceptos sociales, influir en la educación, en cada diálogo con nuestras parejas, con nuestros hijos y con nuestras hijas, con nuestros compañeros y compañeras de trabajo, de militancia, de vida.

En la historia que se escribe, faltan personajes.

Faltamos cada uno y cada una de los que desde nuestros espacios privados e íntimos no dijimos que el hombre no es más hombre porque pegue, y que la mujer no es más mujer porque acepte silenciosa.

Que el hombre no es menos hombre porque sea suave, y que la mujer no es menos mujer porque hable fuerte.

Qué hicimos o dejamos de hacer.

Todos y todas somos responsables.
• *La autora es docente, y fue directora de Prevención y Asistencia de la Violencia Familiar de la provincia de La Pampa