Morocho, pobre, joven catalogado de dealer, chorro o terrorista, por el poder represivo neoliberal macrista.

¡PELIGRO! MOROCHO POBRE

Por Jorge Rachid

La estigmatización y el racismo van de la mano en una cultura dominante, basada en las políticas de seguridad, que llevadas adelante por el poder político, al amparo de las excusas de combatir el narcotráfico o el terrorismo y garantizar la seguridad, no sólo persigue a los jóvenes, sino que instala una cultura racista, como en las peores épocas de dictaduras militares o procesos neoliberales de cualquier signo político, en el cuales se escudaban.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
29/9/16

La estigmatización y el racismo van de la mano en una cultura dominante, basada en las políticas de seguridad, que llevadas adelante por el poder político, al amparo de las excusas de combatir el narcotráfico o el terrorismo y garantizar la seguridad, no sólo persigue a los jóvenes, sino que instala una cultura racista, como en las peores épocas de dictaduras militares o procesos neoliberales de cualquier signo político, en el cuales se escudaban.

Esto que sucede a nivel mundial, ha arrasado la construcción social del siglo XX, desde la misma Revolución Industrial y el Estado de Bienestar, que apuntalaban las libertades individuales al calor de los procesos políticos democráticos que se sucedían en los países centrales.

Esta situación cambió a partir de los atentados terroristas, ya demostrados a nivel mundial como autoatentados, llamados de “falsa bandera”, que permitió a esos gobiernos anular las libertades de sus ciudadanos, bajo la premisa de la seguridad nacional.

Con el mismo criterio y pese a que los atentados a las torres fueron realizados por árabes saudí y yemenitas, permitieron en nombre de la democracia y la libertad arrasar, invadiendo a Irak primero, que al día de hoy lleva 600 mil muertos en esa lógica y luego Afganistán con 200 mil muertes provocadas por el “occidente cristiano”, Luego siguieron con Libia, Yemen, Siria bajo el fuego de mercenarios pagados por los fondos de inversión supranacionales, que dominan el mundo.

Ese procedimiento permitió instalar el gran hermano mundial del espionaje y la represión, aceptada pasivamente por los demócratas del mundo.

Asi proliferaron las cárceles clandestinas de miles de detenidos, secuestrados en diferentes partes del mundo, trasladados a las cárceles clandestinas, en terceros países y en Guantánamo, las mas conocida, cuyos prisioneros eran “portadores de caras”, orientales o con conductas antiimperialistas, como todo motivo de detención y tortura, que llevan más de una década de detención, tortura y maltrato, sin jueces, sin abogados, sin defensa alguna, sometidos a la lógica de la seguridad nacional.

Una verdadera afrenta a la humanidad y una puñalada a la democracia.

Esa misma lógica después, parecen conmoverse por la masiva inmigración de poblaciones enteras sometidas al fuego de una guerra que no les pertenece, en la mayor ingeniería social del siglo XXl, que es mostrada como foto, con miles de muertos en el Mediterráneo, sin explicar los orígenes de esa tragedia provocada por los intereses globales del petróleo o la obtención de áreas de influencia por parte de los países centrales.

Esto lo denuncia con fuerzas el Papa Francisco, como la Tercera Guerra Mundial en desarrollo.

En nuestro país, bajo la tutela imperial en este período de gobierno macrista, alumno privilegiado y empleado del año de intereses extra nacionales, las políticas de seguridad bajo la batuta de una ministra, que no sólo recibió la ley de seguridad interior de manos del FBI, sino que propicia la liberación absoluta de las fuerzas represivas, hacia el objetivo final del control social por medio de la instalación del miedo, como herramienta, ejerciendo represión selectiva, sobre jóvenes humildes, siendo las cárceles su destino mas claro, ha dejado su sello ideológico.

Así nuestros jóvenes de las barriadas humildes, son pasibles de extorsión por parte de las mismas fuerzas que deberían cuidarlos, pero son los que los presionan para el robo y los trabajos sucios de los servicios de informaciones del subdesarrollo, que operan con fines delictuales, pero también por el control político de amplias zonas de villas, donde el delito es controlado por las mismas fuerzas, que es castigado sólo cuando opera por su cuenta, siendo amparados desde el negocio de las drogas hasta el robo sistemático y los desarmaderos.

Una fuerza descontrolada bonaerense o prefectura o gendarmería, se transforman siempre, en ejércitos mafiosos, como sucede en México.

Esa situación es fortalecida por la entente mediático judicial al calor del poder político, que pretende reinstalar como en las peores épocas, el racismo como cultura, en especial con nuestros compatriotas latinoamericanos, que se expresan desde las canchas de fútbol en cánticos, hasta los gritos destemplados de otros humildes sobre linchamientos masivos, que luego son justificados por las autoridades políticas o judiciales, llevando al marco social lo peor de la violencia social, que como bien describe Franz Fannon en los Condenados de la Tierra, se ejerce primero entre pares, pobres contra pobres, destacados en lamentables programas como Policías en acción, que exponen las situaciones mas dramáticas en formato de reality show.

Se llama encarnizamiento social, racismo y represión, como hecho cultural dominante.

Este mismo procedimiento que se lleva adelante en la confrontación política, cuando los mismos métodos de linchamiento social, sin sustento judicial sobre los adversarios políticos, en una tarea de demolición que pretende borrar cualquier vestigio de políticas heterodoxas que afecten los intereses de los dueños del poder, cuyas terminales están fronteras afuera de nuestro país.

Es que el esfuerzo realizado por recuperar el poder, deben asentarlo en la destrucción de lo realizado, tanto en estructura de derechos, como cultura nacional , expresada cabalmente por el peronismo, al que odian por los intereses amputados, al ejercer un Estado regulador.

De ahí las políticas del temor.

El peronismo ha sido integrador social, rechazando la represión como método de la política de estado, por lo contrario las políticas sociales de ampliación de derechos han garantizado a lo largo de su historia de 70 años, la inclusión social como modelo de construcción estratégica, integrando con los brazos abiertos, como marca la Constitución Nacional a nuestros hermanos latinoamericanos y construyendo la movilidad social ascendente, como objetivo de Justicia Social.

Eso es posible cuando el modelo de construcción es biocéntrico, basado en el hombre y su entorno, alejado de las “metas de inflación” que propone el macrismo y cuya última expresión siempre es la represión y el darwinismo social.