El estallido de la burbuja hipotecaria o la crisis de las hipotecas subprime fue la forma como apareció en principio la crisis financiera, que luego devendrá en crisis económico-política general y crisis global.

LA CRISIS FINANCIERA GLOBAL. LA LUCHA POR LA CONFIGURACIÓN DEL ORDEN GLOBAL

Por Walter Formento

Capital financiero internacional: deviene de la fusión de la gran industria y la banca, por iniciativa de la gran industria, y en este primer momento del capital financiero este se internacionaliza exportando capital dinero que financia-promueve su producción en su país central de asiento. La gran industria deviene grupo económico financiero como categoría económica, el gran capital industrial en capital financiero en su momento de internacionalización.

Por Walter Formento

CIEPE (Centro de Investigación en Política y Economía)

EDICIONES CONTINENTE

NAC&POP

11/09/2016

INDICE

 

  1. EL PROYECTO FINANCIERO GLOBAL Y SU CRISIS
  2. EL ESTALLIDO DE LA CRISIS FINANCIERA

La crisis financiera como tal

Política económica, lucha y correlación de fuerzas

La caída del Lehman Brothers

Crisis y transición: el plan Paulson vs. el plan Brown

Los 3 momentos en el desarrollo de la transición de la crisis

De cómo la caída del Banco Lehman Brothers, guarda relación con la caída de las Torres Gemelas

 

Capítulo I

EL PROYECTO FINANCIERO GLOBAL Y SU CRISIS

No estamos ante una crisis financiera y económica más, estamos frente a un cambio de época, una gran crisis que, como la crisis del 30, constituye una transición hacia la configuración de un nuevo orden global.

El resultado de la crisis no es determinable de antemano, ya que el orden resultante será el producto de las luchas entre las fuerzas que pujan a nivel mundial.

Pero pueden observarse tendencias y trazar un mapa de la crisis, a partir de los cuales es posible tomar las decisiones estratégicas.

Para ello, necesitamos abordar la crisis desde la primera forma en que aparece y se hace manifiesta: como crisis financiera y económica en el núcleo del poder mundial.

Las condiciones estructurales que dan origen a las particularidades históricas de la crisis que vivimos hoy día se configuran a partir de las transformaciones en la forma de capital entre 1963-76, y formas jurídicas y las regulaciones del sistema financiero efectuadas en los EEUU e Inglaterra a finales de la década de los 70’ y principios de los 80’.

Estas modificaciones resultaban necesarias para el desarrollo de las fuerzas productivas bajo una nueva forma de capital –el capital financiero transnacional— y el despliegue en la orbe global del proyecto estratégico neoliberal, impulsado por los intereses angloamericanos, con el papel central del estado norteamericano.

A partir de estos años comienza la construcción de la llamada unipolaridad angloamericana neoliberal, que en los años 90’ tendrá su momento hegemónico.

Esta ofensiva puso en crisis definitiva los acuerdos de Bretton Woods surgidos en la posguerra y constituyó una respuesta a las maniobras realizadas por parte de las potencias re-emergentes luego de la reconstrucción de posguerra, fundamentalmente el eje franco-alemán, que reclamaban un nuevo reparto del poder mundial y un nuevo ordenamiento de las relaciones de poder entre los bloques de poder capitalistas, acorde con el desarrollo de sus fuerzas.

La convertibilidad del dólar con el oro, pilar de los acuerdos de Bretton Woods después de la segunda guerra mundial, entró en crisis cuando Francia reclamó el oro correspondiente a las reservas en dólares que poseía.

En 1971, Richard Nixon dio por terminado el patrón oro, eliminando los acuerdos de equilibrio internacional de posguerra.

Con la salida del patrón oro, el dólar pasó a ser el único equivalente general de valor a nivel global sin respaldo de ningún tipo, es decir, en su forma más abstracta, sin necesidad de poseer equivalente real alguno salvo su poder militar.

En el cambio de década 1970/80 el presidente de los EEUU Ronald Reagan y el jefe de la Reserva Federal, Paul Volcker1, iniciaron una desregulación del sistema financiero, conjuntamente con Margaret Thatcher en Inglaterra, que en realidad tuvo como núcleo central de conducción a la city Londinense y no a la corona británica.

Las medidas adoptadas permitieron, a partir de la banca comercial, el desarrollo exponencial de la banca de inversión y el desarrollo de otro conjunto de instrumentos financieros constituyendo la Gran Banca, especialmente en lo que se refiere al armado de sociedades “independientes”, la mayoría de ellas ubicadas en paraísos fiscales, que en realidad pertenecen informalmente a los grandes Redes Financieras, pero que pueden realizar un sinnúmero de negocios sin controles ni trabas jurídicas y fiscales.

Junto con la banca de inversión como instrumento formal del desarrollo de las finanzas se desarrollaron los fondos de inversión, los cuales son un sofisticado instrumento de inteligencia-inversión que maneja una enorme masa de dinero invertida en acciones, bonos, etc., y a partir del cual se controlan los directorios de bancos y corporaciones tecnológicas, automovilísticas, energéticas, agrícolas, educativas (y de todo tipo), junto con fundaciones y universidades, donde forman los cuadros técnicos, políticos y político estratégicos.

Se desarrolla la Red Financiera Global, en donde la unidad central se encuentra en los Fondos Financieros de Inversión Global –FFIG— y donde las Gerencias Estratégicas de superficie se encuentran en la gran banca, gran industria, gran agro, gran logística-transporte, etc., de una red hiper-diversificada, con un máximo de anonimato y “clandestinidad”, donde se concentra la capacidad estratégica de operar globalmente controlando (y disputando el control) de las principales corporaciones multinacionales, transformándolas en redes financieras globales al hiperespecializarlas, que a su vez controlan hacia abajo a su red de proveedoras y tercerizadas.

Este es el actor central y la personificación de la red financiera transnacional con capacidad de ser sujeto social, que en el desarrollo de su proyecto estratégico impulsa el llamado proceso de globalización de los últimos años que tiende hacia el “estado” global como forma de soberanía de un poder transnacionalizado,  que supera al estado-corporación financiera multinacional-país central, lo que implica la crisis-desarticulación del estado-nación, por la cesión por parte de estos de determinados poderes a ciertos organismos internacionales y su subordinación.2

Este desarrollo de las fuerzas productivas en el marco de una nueva relación social de producción, una nueva forma de capital dominante3, permitió una impresionante apropiación de la riqueza social producida globalmente por parte de algunos pulpos financieros y la configuración de un nuevo ordenamiento mundial, proceso que se conoció como globalización.

Este salto de escala y cambio en la forma de organización del capital (red financiera global), acompañada por la ofensiva contra el trabajo y los movimientos nacionales de los países periféricos, permite salir de la crisis de los años 70’ con una fuerte recuperación de la tasa de ganancia y de los beneficios por producto4 eliminando las conquistas populares y subordinando a sus posibles rivales.

A partir de los años 90’, con la desarticulación de la URSS, hay un proceso de profundización del proyecto estratégico de globalización financiera neoliberal, encabezado por la administración del demócrata Bill Clinton en EEUU y del laborista Tony Blair en Inglaterra.

La cooptación de las cúpulas de los partidos Demócrata y Laborista, con arraigo en los sectores populares, fue crucial para el desarrollo del globalismo financiero bajo dos grandes formaciones ideológicas:

1- socialdemocracia progresista o de izquierda-liberal y

2- neoliberal o liberalismo económico neoclásico.

Estas mediaciones políticas-institucionales pasaron a expresar dominantemente el programa las redes financieras angloamericanas -que constituyen las redes financieras de mayor escala y dinámica mundial- pujando por la desregulación mundial del mercado de capitales, la liberalización total del comercio a través de la OMC, el avance en la conformación de áreas de libre comercio en las diferentes regiones globales, la privatización de los servicios públicos, la conformación de Fuerzas Armadas globales que tiendan a destruir las nacionales, el ejercicio de un gobierno económico global a través del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

En definitiva, se pretende forjar un Estado Global, como nueva forma de soberanía, hecha a imagen y semejanza de las redes financieras transnacionales angloamericanas (Citigroup-State Street Corp, Barclays-Rothschild, HSBC, Lloyd’s, etc.) y aliadas globales.

En 1999, en la gestión demócrata de Bill Clinton y con Robert Rubin como Ministro de Economía -luego número dos del Citigroup-, se aprobó la ley de Modernización de los Servicios Financieros, con lo cual los bancos de inversión, los fondos de inversión, las aseguradoras y los brokers financieros quedaron libres de los controles que databan de 1933 con la ley Glass-Steagall de regulación del crédito.

Estos controles fueron elaborados para prevenir las acciones que dieron lugar a la Gran Depresión de los años 30’, es decir, las maniobras de especulación financiera y el desarrollo de impresionantes “burbujas”, que no son otra cosa que aumentos acelerados de precios por sobre el valor “real” de ciertos activos (por ejemplo: casas, empresas de Internet, materias primas, etc.) que luego se “pinchan” para que ganen unos pocos.

Una vez que impusieron completamente sus reglas de juego, el terreno quedó allanado para la expansión exponencial del sistema financiero y el dominio de las Redes Financieras Globales.

Así como el manejo de las tasas de la Fed por parte de Alan Greenspan, dichas medidas fomentan el crecimiento de las burbujas ya que al no haber restricciones que regulen la actividad de cebar-potenciar con créditos el consumo de determinados activos y especular con ellos, el precio de dichos activos comienzan una escalada que no se detiene hasta que se pincha y estalla todo por los aires.

En ese momento los grandes se devoran a precio de remate a los capitales más chicos o a los perdedores de la partida.

Las “burbujas” son grandes mecanismos de centralización del capital y de desarrollo de los pulpos financieros de mayor escala, ya que constituyen procesos que permiten una extraordinaria apropiación del excedente social.

La especificidad propia de la valorización ficticia del capital financiero, donde el llamado capital ficticio se apoya sobre valores reales pero se separa de los mismos al multiplicarse de manera artificial bajo otras formas (los llamados “papeles”), permite que se den este tipo de fenómenos.

Como lo que se observa es solamente el dinero valorizándose a si mismo mediante su “interés”, que brota mágicamente en el proceso de especulación, se pierde completamente de vista su asiento en los valores reales, aunque mediante este proceso el capital financiero se apropie y controle (mediante los múltiples intereses que gana) la riqueza producida socialmente.

Sin embargo, el avance del proyecto estratégico neoliberal angloamericano-global y, particularmente, el de la Redes Financieras Globales, deja un tendal de perdedores a su paso, que no son solamente las grandes mayorías excluidas y sumidas en la miseria, sino también un conjunto de intereses –que constituyen polos de poder mundial y/o imperialismos retrasados-débiles— los cuales deben subordinarse o directamente perecer.

En otras palabras, el avance de este modo de producción-organización social implica, necesariamente, que otras fracciones de capital se vean perjudicadas, dando lugar a un enfrentamiento que traspasa el terreno económico deviniendo político y político cultural.

Esta lucha va a librarse, incluso, al interior mismo de los EEUU, con un conjunto de sectores que se ven perjudicados con el proyecto de las Redes Financieras Globales y que van a pretender impulsar el desarrollo de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que fortalezca a las empresas norteamericanas menos transnacionalizadas en un mercado ampliado y exclusivo.

Además, la  imposición del dólar como moneda regional permitiría contrarrestar la progresiva pérdida de hegemonía de dicha divisa, así como también bloquear la implementación de una moneda global que la sustituya definitivamente como reserva de valor y medio de pago.

A través del ALCA el bloque de poder angloamericano “retrasado” pretende avanzar en una forma estatal regional, en tanto control del territorio y monopolio de la violencia legítima, que se conforma y administra a través de un conjunto de instituciones (OEA, BID, dólar, Reserva Federal, Pentágono, etc.).

Este movimiento comienza a observarse a fines de los ochenta, a partir de la crisis financiera 1987 (coincidente con el boom de la city londinense) que perjudicó y llevó a la quiebra a un conjunto importante de empresas norteamericanas, y que se va a profundizar durante los años 90’.

Es decir, el nacimiento del ALCA es la respuesta a la explosión globalizadora angloamericana desarrollada en la city londinense y neoyorquina a fines de los años 80’.

A partir de 2000-2001, un conjunto de intereses y fuerzas económicas, políticas y culturales fuertemente desarrolladas al interior de los EEUU pero con menor desarrollo global (denominada por algunos como la fracción industrialista y por nosotros como “Bloque de Poder Americano”), que venían perdiendo posiciones progresivamente con el desarrollo del globalismo financiero neoliberal, logran compensar su debilidad en el terreno económico fortaleciéndose en la órbita política, desplegando una estrategia militarista legitimada en la idea de la seguridad nacional, la ideología neoconservadora y la apelación a elementos sedimentados en las tradiciones imperiales norteamericanas como el “destino manifiesto”.

Con la «caída» de las Torres Gemelas y la crisis de la burbuja de las «punto com» en el año 2000-2001, este bloque de poder logra imponer una nueva correlación de fuerzas en el territorio norteamericano.

Desde febrero de 2006 en adelante, una vez que se producen los cambios claves en la Reserva Federal y en el Tesoro norteamericano, la disputa central se dará para definir sobre quiénes recaerán principalmente (además de los trabajadores y el pueblo) los costos del ciclo recesivo, la forma en como se entrará a dicho ciclo y qué capital se quedará con los caídos.

Tanto la suba de tasas, las caídas de bancos y las posteriores adquisiciones-fusiones de los gigantes de Wall Street por parte de algunos Grandes Bancos americanos, como la caída del Lehman que constituye la estocada final sobre el sistema financiero global, son parte de la forma que adquiere dicha lucha.

Sin embargo, esta no es una crisis financiera y una crisis económica más, impulsada por la lucha entre capitales que se libra principalmente (aunque no únicamente) en el terreno económico, que produce una caída de la tasa ganancia.

El mar de fondo de esta crisis es la lucha por el orden global, un re-reparto de las áreas de influencia, una nueva forma de organizar las relaciones de poder a nivel mundial.

Así como la caída de las Torres Gemelas fue imprescindible en la estrategia del bloque de poder Americano para entrar en una nueva fase imperialista, lograr una correlación favorable de fuerzas para los neoconservadores al interior de los EEUU, legitimar su política de seguridad nacional, homogeneizar comportamientos, disciplinar contradicciones secundarias, cercenar libertades individuales y someter a vigilancia permanente al conjunto de los ciudadanos de EEUU, deviniendo hacia comportamientos cuasi-fascistas propios de toda imperialismo “retrasado” o en progresivo retroceso relativo, la “caída” del Lehman Brothers guarda también relación con la necesidad de fortalecer una estrategia político-cultural y debilitar a determinados actores económicos.

Todo parece indicar que la política terrorista por el control de la gran reserva de petróleo mundial en Medio Oriente y la política de profundización de la crisis en su forma económico-financiera están en relación directa con esta lucha entre distintas fracciones del gran capital financiero para asegurar su reproducción en escala ampliada de los territorios sociales que monopoliza, diferenciados en su núcleo central entre lo que denominamos el bloque de fuerzas americanas-retrasadas y el bloque de fuerzas angloamericano avanzado-global.

Uno expresado más por el partido republicano, caracterizado por la ideología conservadora ultra-religiosa y neoconservadora y el militarismo como estrategia, y el otro representado más por la cúpula del partido demócrata, de ideología neoliberal financiera y socialdemócrata-liberal-“progresista” y la diplomacia-inteligencia expansionista financiera como estrategia, que no significa dejar de lado la intervención militar para dicha expansión.

Ambas fracciones, que se desarrollan como bloques de poder y polos de poder global, son componentes y actores constitutivos del núcleo principal del proyecto estratégico angloamericano que salió victorioso de la Segunda Guerra Mundial y configuró el orden mundial a su imagen y semejanza dentro del bloque capitalista, y por ello es que hablamos de una ruptura, un quiebre insalvable en el núcleo central del poder global, donde cada una de las fracciones intenta subordinar-conducir a la otra.

Pero en realidad, más que el concepto de fracciones, que refiere al ámbito económico-social, el concepto más preciso a utilizar por el desarrollo de la organización de las fuerzas en pugna es el de proyecto político-estratégico que define, delimita, da sentido y pone de manifiesto la magnitud de poder de las fracciones en el orden global.5

Siguiendo las enseñanzas de la crisis económicas de 1890-93 y las de 1929-32 e incluyendo en el análisis la dinámica del conjunto de bloques de poder en pugna (ya que hasta aquí sólo mencionamos la crisis en el núcleo neoliberal de EEUU e Inglaterra), podemos estimar que la lucha entre fracciones de capital financiero imperialista guarda relación con la lucha política y la lucha político militar entre bloques de poder mundial que se libra primero en escenarios secundarios para luego trasladarse a escenarios centrales.

Es decir, el proceso deviene de guerra financiera en guerra por otros medios y por todos los medios.

Las crisis financiero-económicas constituyen la primera forma que adquiere el enfrentamiento interimperialista, como manifestación del enfrentamiento en el plano económico-político.

La crisis de 1890-93, que da lugar al desarrollo en términos dominantes del capital financiero internacional6, deviene en la guerra de EEUU contra España por Cuba en 1898, en la guerra Ruso-Japonesa por Crimea en 1905, y en la gran guerra mundial inter-imperialista de 1914-18, donde lo que estaba en juego era la lucha por constituirse en dominante de una nueva forma de capital, entre distintos proyectos estratégicos imperialistas, por lo tanto, el reparto de los territorios a nivel mundial, del ordenamiento mundial y las respectivas áreas de influencia.

El reconocimiento final de los ganadores y perdedores en la guerra termina de sellarse en el Tratado de Versalles, el 19 de julio de 1919, donde se acuerda-imponen las nuevas reglas de juego y se formaliza la resultante en la correlación de fuerzas internacionales.

La crisis de 1929, que en el debate actual se utiliza para comparar con la crisis que estamos viviendo, da lugar al desarrollo del capital financiero multinacional, y deviene en la Guerra Civil Española de 1936, y finalmente en Segunda Guerra interimperialista en 1939-44, cuyos resultados terminan de formalizarse en el ordenamiento mundial surgido de Bretton Woods en 1944/46.7

Las enseñanzas de las grandes crisis anteriores, de las grandes crisis “civilizatorias”8,  es que tienen un tiempo de desarrollo y luego de profundización, que guarda relación con el grado de confrontación entre los bloques de poder en pugna por definir un determinado orden mundial, ya que el que regía hasta entonces entró en crisis porque emergió y se ha desarrollado un nuevo actor económico político con capacidad de construir una nueva correlación de fuerzas internacionales y un nuevo sujeto social.

No nos referimos a las crisis cíclicas del capitalismo que se repiten cada 7-10 años sino de las crisis de ciclo largo, de 40-50 años, que son parte de crisis históricas más amplias.

La guerra financiera, deviene en guerra comercial con estancamiento, recesión y depresión, y esta deviene en guerra militar en países secundarios y luego en gran guerra en países centrales.

Por último, la guerra tiene vencedores, y tratados que acuerdan y reconocen a los vencedores, ej.: Bretton Woods.

Esto no quiere decir que necesaria e inevitablemente vayamos hacia una guerra mundial en territorio central, ya que puede imponerse un orden (un bloque de alianzas ganador) antes de llegar a ese escenario.

Lo que si puede observarse, en función de las enseñanzas históricas de las grandes crisis, es que la gran crisis que se manifiesta con toda su fuerza a partir de la caída del Lehman Brothers en septiembre de 2008, abre el tiempo de profundización de las luchas ínter-imperialistas y la Oportunidad Histórica para los pueblos y naciones, por un espacio de tiempo social de 10 a 25 años hasta su resolución.

Para los países coloniales, semicoloniales, dependientes, las grandes crisis son oportunidades históricas para el desarrollo de un proyecto propio ya que crean las condiciones internacionales para los procesos profundos de transformación y liberación nacional y social, que en distintas latitudes y bajo distintas formas repiten los ejes de independencia económica, soberanía política, justicia social e integración regional autónoma.

Fue en las grandes crisis mundiales, en la agudización del enfrentamiento interimperialista y en la profundización de la lucha entre bloques de poder que históricamente se abrieron los espacios de oportunidad para los procesos de liberación nacional democrático-sociales de los pueblos y naciones oprimidas.

Y es en esta gran crisis, con la que se entra en el siglo XXI, que comienza a desarrollarse a fines de los años 90’ y donde está en juego la configuración de un nuevo orden mundial, que se ha abierto un nuevo tiempo histórico para los pueblos latinoamericanos para romper con el modelo de acumulación financiero primario exportador inserto en la globalización neoliberal y transitar hacia otro sistema de producción social.

El resultado sólo depende del desarrollo de las luchas políticas.

Capítulo II

EL ESTALLIDO DE LA CRISIS FINANCIERA9

La crisis financiera como tal

El estallido de la burbuja hipotecaria o la crisis de las hipotecas subprime fue la forma como apareció en principio la crisis financiera, que luego devendrá en crisis económico-política general y crisis global.

Traducido al lenguaje común, se refiere a los créditos para comprar o construir viviendas (hipotecas) otorgados con muy pocas garantías o a personas de ingresos medios y bajos, que ante un cambio en las condiciones económicas se ven imposibilitados de pagar dichos créditos.

Los que si pueden pagar al 1% de interés, no lo pueden hacer cuando la tasa sube al 5%, por ello se consideran créditos de alto riesgo.

Lo que generó las condiciones de la crisis financiera fue la decisión de la Reserva Federal –Banco Central de EEUU- de subir la tasa de interés del 1%, que regía en junio del 2004, al 5,25%, a que se la llevó en junio de 2006 – septiembre de 2007.

Dicho proceso se conoció como un “aterrizaje suave”, que se iniciaba en EEUU debido a que el nivel de consumo y el recalentamiento de la economía eran elevadísimos, producto de las medidas puestas en práctica desde 2001 para evitar la recesión.

Esta suba de la tasa de interés de los créditos otorgados a tasa variable, especialmente aquellos destinados a la vivienda (hipotecas), provocó una elevada morosidad en los segmentos considerados de “alto riesgo”.

Con ello todos los actores financieros que estaban expuestos en el mercado hipotecario, muy especialmente la banca de inversión, entraron en situación de grandes pérdidas e incluso quiebras.

 

La burbuja hipotecaria en el mercado de la vivienda se va produciendo a partir de que se otorgan créditos a personas (incluso sin capacidad de pago por eso Subprime, Basura, Tóxicos, de Alto Riesgo, etc.), estos créditos hipotecarios luego se reúnen y arman paquetes que se transforman en bonos, se comercializan en el mercado financiero de bonos, y con el dinero obtenido se otorgan más créditos hipotecarios.

 

Estos bonos, instrumentos financieros sin respaldo real sólido (aunque así eran presentados), quedan en manos de la banca de inversión que los genera y hace circular en el mercado financiero.

 

En otras palabras: las hipotecas garantizaban títulos de inversión con lo cual se generaron graves problemas en las entidades financieras, especialmente en los bancos de inversión, que organizaban la mediación para estos instrumentos.

 

Así se creó una enorme masa de capital ficticio: por un lado se da el crédito hipotecario y por otro lado, ese crédito hipotecario junto con otros se “empaqueta” y se vende como bono; con la plata que se obtiene al vender el bono se otorgan más créditos hipotecarios que a su vez se venden como bonos, y así hasta donde se pueda, ad infinitum.

 

La burbuja hipotecaria fue posible estructuralmente por la política de tasas de interés bajas (que llegaron a sólo el 1%) de la Reserva Federal, entidad conducida por Alan Greenspan desde 1987 a 2006, amo y señor de Wall Street y las finanzas globales angloamericanas.

 

Tasas bajas que inhiben el ahorro, en una sociedad que culturalmente vive del crédito (85%) y está conducida al consumo compulsivo por la Visión Neoliberal dominante desde 1982 –agudizada a partir de la caída del Muro de Berlín de 1989 y el Consenso de Washington.

 

La tasa de ahorro per cápita de EEUU en 2005 fue de menos 0,5%, cifras negativas que no se veían desde los años anteriores de la Gran Depresión del 29’-30’.

 

Esto quiere decir que el consumo se encontraba completamente sobresaturado, llegando a tasas de ahorro negativas, al igual que antes de la gran crisis de los años 30’.

 

La baja tasa de interés, sumada a la desregulación del sistema financiero y al desarrollo de la banca de inversión, todas en un contexto ideológico-cultural neoliberal, son las claves fundamentales de la expansión de las redes financieras globales y su control sobre los diferentes momentos de la economía.

 

 

Política económica, lucha y correlación de fuerzas

 

Esta política de baja tasa de interés permitió también, sobre-apalancar (potenciar con instrumentos crediticios) la economía norteamericana para mantener su crecimiento a través de la industria de la construcción de viviendas y “anexos”.

 

Crecimiento que se vio afectado gravemente luego de la crisis generada con el estallido de la burbuja de  Enron y las “punto com” (empresas de servicios por Internet) en 1999-2000 y la llamada «caída» de las Torres Gemelas en septiembre de 2001.

 

Al mismo tiempo, el creciente déficit comercial y fiscal norteamericano –a través del cual se sostiene el crecimiento económico, el financiamiento del complejo industrial-militar del Pentágono y la política militarista redoblada a partir del gobierno de George Bush, de enero de 2001 a enero de 2009— se cubrió con emisión de deuda, que a su vez, potenciaba al complejo especulativo de la red financiera global.

 

En febrero de 2006, «cae» Alan Greenspan de la Reserva Federal, quien pasa a ser Consejero de Honor del Ministerio de Economía y Hacienda de Inglaterra, y asume Ben Bernanke.

 

Este cambio implicó que otro grupo de actores financieros logró sumarse al espacio de la Reserva Federal para ser parte en las decisiones político-monetarias.

 

Cambió la correlación de fuerzas entre fracciones financieras en el núcleo del poder financiero global y, por lo tanto, cambió la política económica de la Reserva Federal.

 

Además, ese mismo año, en julio, asume Henry Paulson –ejecutivo de la banca de inversión Goldman Sachs— al frente del Tesoro (ministerio de economía norteamericano) y “cae” John Snow, procedente de la corporación industrial CSX Corporation, en lo que parece ser producto de una interna más amplia al interior del bloque de intereses que expresa el gobierno de Bush entre el ala “industrial-financiera” y el ala financiera en su forma más pura.10

 

Este golpe de mano en el Ministerio de Economía y en la Fed da cuenta de un cambio al interior del gobierno republicano consolidándose su ala financiera de banca de inversión, que aglutina a un conjunto de intereses financieros con menor escala global (menos diversificadas) y más dependientes del mercado norteamericano ampliado y del complejo industrial militar del Pentágono, donde se concentran la mayor parte de sus ganancias (Goldman Sachs, JP Morgan, Bank of America).

 

Sumado a los cambios en la Fed, donde otro grupo de actores financieros logra incorporarse al espacio de la Reserva Federal para ser parte en las decisiones político-monetarias, podemos afirmar que esta modificación en la correlación de fuerzas entre fracciones financieras en el núcleo del poder financiero global implica un cambio en la estrategia de los actores dominantes.

 

 

Alan Greenspan fue el general de la Reserva Federal que posibilitó el gran salto para el capital financiero transnacional, con los intereses angloamericanos en el comando, como nueva forma dominante de organizar la producción e imponer las reglas de juego a nivel global.

 

Con el control absoluto por parte de estos intereses de la cúspide del Partido Demócrata, a partir de la administración Clinton, bajo el programa del “progresismo” financiero que rigió durante los años 90’, el reinado de Greenspan se volvió absoluto en la Reserva Federal y no cambió con la asunción de Bush y su discurso “pro-industrialista” y “anti-especulación financiera” resumido en la afirmación de quien fuera su primer Secretario del Tesoro, Paul O’Neil: “Los carpinteros y albañiles no tienen por qué pagar los desastres hechos por los banqueros”11.

 

Bernanke significó una suerte de “democratización” de la Fed, a partir de lo cual ciertos actores financieros que estaban excluidos de las decisiones pasan a tener peso.

 

Con su asunción cambia la política de tasas de interés12, que la eleva del 4% al 5,25% y la mantiene en un nivel elevado a pesar de los problemas crediticios que esta política empieza a disparar, golpeando directamente en la burbuja inmobiliaria y con ello al sistema financiero.

 

La golpea en el punto donde la masa de personas sin capacidad de pago, que había recibido créditos hipotecarios cuando la tasa de referencia de la economía se encontraba al 1%, no puede pagarlos al 5,25% (ahora si subprime, basura, tóxicos, malos, etc.).

 

Pero además de subir la tasa de interés al 5,25%, la decisión fundamental de mantener dicho nivel a pesar de la quiebra de dos fondos de la banca de inversión Bears Stearn, es determinante en hacer estallar la burbuja inmobiliaria, negocio controlado principalmente en términos globales por los capitales financieros angloamericanos.

 

A pesar de las presiones del “mercado” para que baje la tasa de interés, por las quiebras en Europa y en los Estados Unidos, Bernanke recién dispuso una baja de tasas el 18 de septiembre de 2007, adoptando un dispositivo de inyección de liquidez selectivo y focalizado que se va a implementar de ahora en más, y que va a ser central para entender la dinámica de la crisis.

 

El dilema se presentaba de la siguiente manera, según las formas propias de los analistas del “mercado”: “Si no actúa con una baja de tasa significativa, la crisis financiera mundial se profundizará y se vería resentida fuertemente la economía de muchos países, incluida la de los EEUU.

 

Si se decide por una reducción en el tipo de interés, estaría dando el brazo a torcer y avalará el accionar de miles de entidades financieras que prestaron a diestra y siniestra, sin importarles demasiado los antecedentes crediticios de esos tomadores de créditos y dejando de lado la baja capacidad de repagar la deuda contraída.”13

 

El debate-discusión, en el plano de la lucha de ideas, acerca del nivel de la tasa de interés, es la forma como aparece la puja de intereses entre fracciones de capital financiero que se desarrolla en el corazón mismo de los Estados Unidos, territorio central de la disputa.

 

El enfrentamiento entre gigantes financieros generó un proceso de acumulación con centralización de capitales, que realimentaba constantemente una burbuja económica global (no solo financiera) oxigenada por las bajísimas tasas de interés.

 

Mientras Bush financiaba con déficit fiscal y baja en los impuestos la expansión de la sobrecalentada economía norteamericana y, a la vez, las guerras de Irak y Afganistán servían para sobre-financiar el complejo industrial militar del pentágono (núcleo industrialista estadounidense); por otro lado, las redes financieras del proyecto globalista angloamericano (y en menor medida el conjunto de entidades financieras norteamericanas, inglesas y de otros orígenes) hacían de la deuda creciente una burbuja especulativa que les daba fabulosas ganancias.

 

Los intereses contrapuestos potenciaron la burbuja económico-financiera.

 

La potenciaron porque ambos se hacían fuertes a partir de ella, evitando la caída en recesión de la economía norteamericana,  pero solo los grandes intereses financieros globalistas podían ir a fondo con la burbuja y beneficiarse de su impacto en el crecimiento mundial, mientras a la fracción “americana” le era necesaria para financiar y posicionarse controlando las áreas energéticas-petroleras y fortalecerse en el plano militar.

 

La decisión de la nueva autoridad político-monetaria de hacer entrar en crisis (mediante la nueva política de tasa de interés) los instrumentos financieros engendrados desde 1982 por las redes financieras globales, y los ataques especulativos que obtiene como respuesta, termina con varios gigantes de Wall Street, protagonistas de la globalización neoliberal. Como sucedió en todas las grandes crisis financieras, empieza a configurarse el mapa de ganadores y perdedores.

 

El 19 de julio de 2007 –con los balances de las entidades financieras cada vez más complicados, incluso para los más creativos expertos en contabilidad— la calificadora de riesgo londinense Standard & Poor’s pasó de estable a negativa la perspectiva para el banco de inversión Bearn Stearns, por la tenencia de hipotecas de baja calidad.

 

El 26 de julio quiebran dos “hedge founds” de dicha entidad y cae estrepitosamente la bolsa en Wall Street.

 

Los inversores comenzaron a retirar el dinero de los fondos de hipotecas, y la compañía American Home Mortgage (décimo banco de EEUU) anunció a fines de julio que podía ir a la quiebra.

 

Sus acciones cayeron más de 80% en un solo día y otras entidades financieras comenzaron a soportar fuertes bajas, que terminaron difundiéndose a otros sectores.

 

Desde Wall Street, el desplome se contagió al resto de los mercados mundiales.

 

Finalmente, el 3 de agosto, entró en quiebra el American Home Mortgage, el 9 de agosto de 2007 el banco francés BNP Paribas congeló tres fondos por US$ 2.000 millones que invertían en hipotecas (casi un corralito) y el 10 de agosto Bancos centrales de los principales países completaron una inyección de US$ 300 mil millones para evitar la crisis.

 

Ante esta situación, recién el 18 de septiembre de 2007 la Fed bajó la tasa de interés en medio punto porcentual, luego de cuatro años sin bajas, ubicándola en 4,75%, e inició los rescates selectivos.

 

El día anterior se habían derrumbado 35% las acciones del banco británico Northern Rock. “La decisión ocurrió dos días antes de que el presidente de la Reserva, Ben Bernanke, deba concurrir ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, donde los legisladores le interpelarán acerca de las hipotecas de alto riesgo.

 

El presidente de ese comité, el demócrata Barney Frank, de Massachusetts, había reclamado una «reducción significativa» de la tasa de interés”14, propugnando por la clásica receta de Greenspan, hecha a medida de las redes financieras de mayor escala global.

 

Ante una burbuja que comenzaba a desinflarse y una recesión económica latente, que era sólo evitada por el consumismo compulsivo como cultura y el sobre-apalancamiento de la economía, la lucha se da en torno a la distribución de las pérdidas.

 

Lo que se dirime son los ganadores y perdedores del estallido de la burbuja.

 

El aterrizaje suave de Paulson y Bernanke deviene en aterrizaje de emergencia a partir de la baja en la calificación de la agencia S&P sobre el Bearn Stearns.

 

Sin embargo, esta situación no hace ceder la política de Paulson y Bernanke sino por el contrario los llamados “halcones” refuerzan su estrategia.

 

La caída del Lehman Brothers

 

Luego de un año de transitar por una crisis financiera “aparentemente normal”, la acción que define, profundiza y generaliza la crisis financiera es la decisión de Henry Paulson (Secretario del Tesoro) de dejar caer el 15 de septiembre de 2008 al Lehman Brothers, una de las mayores bancas financieras de inversión y parte del territorio financiero de influencia del Citigroup –en donde tenía invertido 138.000 millones de dólares15, siendo el mayor banco global hasta la crisis.

 

La caída del Lehman, que incluyó el impedimento de la compra de dicha entidad por parte del británico Barclays –lo que hubiera reducido significativamente el impacto—, paralizó el sistema financiero global, «rompió la moneda» y acabó con el crédito, como afirmó George Soros.

 

Quién además agregó en referencia a la decisión tomada por Paulson que “si el sistema financiero debe sobrevivir hubiera sido bueno no dejarlo hundirse (…) el modo como el secretario de Estado del Tesoro, Henry Paulson, trataba la crisis le «recordaba mucho la de los responsables de los bancos centrales de los años 30», en la época de la Gran Depresión.”16

Antes del Lehman, el  primer gigante en caer fue el banco de inversión Bearn Stearns, quinto en los EEUU, que fue comprado-absorbido por el JP Morgan.

 

Esta entidad especializada en productos como los títulos de deuda hipotecaria fue comprada al inexplicable precio de diez dólares la acción (en principio iban a ser sólo 2 dólares por acción aunque ya era una herejía) y con fuerte apoyo de la Reserva Federal.

 

En realidad, la Reserva Federal le “regaló” la gran banca de inversión Bearn Stearns al JP Morgan, otorgándole 30.000 millones de dólares para hacer la operación.

 

Para dar una idea del clima que se vivía en los “mercados” previamente a la decisión  de dejar caer al Lehman es interesante citar a algunos de sus principales actores.

 

El 17 de julio de 2008,  el presidente del Deutsche Bank, Josef Ackermann, pronosticaba que la crisis en los mercados financieros se aproximaba a su final y alertaba sobre la amenaza inflacionaria global.

 

“Para el sector financiero en su conjunto, vemos claramente el principio del fin de la crisis”,17 señalaba el además presidente del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), la mayor asociación de bancos del mundo, con más de 3.800 miembros.

 

Su deseo no pudo convertirse en realidad ya que, por el contrario, se vivía la tremenda calma que antecede a las peores tormentas.

 

Si la tendencia económica era de fin de la crisis, la decisión política será profundizarla.

 

Finalizando el verano nórdico, se desatará en el mes de septiembre el vendaval que anticipará el largo invierno por venir.

 

El 7 de septiembre el gobierno estadounidense anuncia que intervendrá las dos mayores compañías hipotecarias del país, Freddie Mac y Fannie Mae.

 

El 15 de septiembre el banco de inversión Lehman Brothers se declara en quiebra mientras se anuncia que el Bank of America comprará Merryll Linch por cerca de 44.000 millones de dólares gracias a los favores de la Reserva Federal.

 

Luego, la Reserva Federal rescatará a AIG (quien fuera la mayor aseguradora mundial) con 85.000 millones de dólares.

 

Si se observa a qué línea de intereses pertenecía el Lehman Brothers se ve con claridad sobre quién golpean con su caída.

 

Con 138.000 millones de dólares metidos como “créditos” dentro de la banca de inversión, el Lehman Brothers (cuarta banca de inversión de los EEUU) era una unidad de negocios del Citigroup.

 

En realidad la banca de inversión fue creada para que los señores del dinero puedan realizar un conjunto de operaciones sin controles y regulaciones propios de la banca comercial.

 

A partir de 1970, las redes financieras crearon un conjunto amplísimo de “sellos”, nombres mediante los cuales se ocultan los verdaderos dueños, desde donde invisibilizarse para operar y mover dinero, controlar empresas sorteando las leyes antimonopolios, transferir libremente utilidades de un lado a otro, ocultar operaciones a través de autopréstamos, etc.

 

Si antes habían caído el Bearn Stearns y el Merryll Linch, y fueron inmediatamente adquiridos a precios de “oferta” (10% de su valor) con el apoyo financiero de la Reserva Federal por el JPMorgan y el Bank of América (BofA) respectivamente, la pregunta obvia que surge es por qué al Lehman se lo dejó caer, quebrando con su caída el sistema financiero global, mientras que en los dos casos anteriores de envergadura mundial se propició una compra a precios de remate de dichas entidades; cuando también en el caso del Lehman había un comprador interesado: el londinense Barclays.

 

Pero en este caso las autoridades no permitieron su venta y menos aun otorgarían el dinero  como sucedió en los casos anteriores.

 

El proceso de centralización forzado permitió un impresionante salto de escala al JPMorgan y BofA, entidades con menor presencia global en términos relativos a sus principales rivales, pero con fuerte desarrollo al interior de los EEUU; asociadas al antiguo complejo industrial-militar y a los grandes laboratorios norteamericanos, cuyos cuadros forman parte, a su vez, de la cúpula del partido republicano.

 

La adquisición de dos grandes bancas de inversión les da a estos grandes capitales financieros una presencia que no tenían en ciertas regiones del mundo.

 

El hecho de dejar caer al Lehman conmocionó el mercado.

 

Se trató de una maniobra de escalada en el enfrentamiento, o quizás, para quienes les parezca conspirativa dicha versión, un “error” del Secretario del Tesoro Paulson18 que, paradójicamente, antes de asumir su cargo era el máximo ejecutivo de la Goldman Sachs, rival del Lehman.

 

Con total claridad y sin ningún escrúpulo, el jefe de finanzas de la Goldman Sachs, David Viniar, cuando le preguntaron sobre la caída de sus rivales, contestó lapidario: “Cuanto menos competencia, mejor para nosotros”.19

 

Resumiendo, luego de que las naves insignias financieras del bloque de poder americano –el JP Morgan Chase y el Bank of America— centralizaran en sus manos, con el dinero de la Reserva Federal, dos de las mayores bancas de inversión de EEUU, pasando a ser los principales bancos estadounidenses en términos de activos; y luego de que el Goldman Sachs, quien puso el Secretario del Tesoro de los EEUU (equivalente a Ministro de economía), sea el gran ganador de los bancos de inversión y casi el único en  quedar en pie, con la dudosa excepción del Morgan Stanley; para finalizar y despejar todas las dudas de que no iba a haber un comienzo del fin de la crisis financiera, dejan caer el Lehman Brothers (única entidad a la que dejan caer) provocando un durísimo golpe sobre los intereses financieros angloamericanos globalistas y sobre el conjunto del sistema financiero global donde los intereses angloamericanos son los dominantes.

 

En síntesis, se fortalecen, pertrechan sus entidades y, luego, “hacen caer el mundo”.

El impacto del golpe financiero con la caída del Lehman es tan fuerte que por primera vez en 150 años una entidad financiera británica sufre una corrida.

 

Más aun,  la mitad de la city londinense, sobre quien recayó con mayor fuerza el golpe, tuvo que ser directa o indirectamente nacionalizada.20

 

Redes Financieras gigantes como el Citigroup, el Lloyd’s y Royal Bank of Scotland quedaron fuera de juego y tuvieron que ser nacionalizados a partir de semejante golpe de mercado.

 

Con la generalización de la crisis, se pone en marcha la lucha-transición hacia la configuración del nuevo orden global.

 

Crisis y transición: el plan Paulson vs. el plan Brown

 

Los intereses expresados en las mediaciones político-institucionales desarrollan políticas públicas orientadas a transitar hacia determinada dirección estratégica.

 

Pueden haber aciertos o errores, diagnósticos adecuados o equivocados, elementos que no se controlan y hechos fortuitos que se suceden, pero lo que siempre existen son objetivos y acciones para llevarlos adelante, tratando de reducir el azar a su mínima expresión.

 

En este sentido, Paulson lleva adelante el plan de la fracción financiera angloamericana retrasada-unilateralista, de país central –que en su desarrollo y articulación político estratégica se expresa como bloque de poder americano e imperialismo norteamericano “clásico”— de la cual proviene como alto ejecutivo bancario y ahora pasa a ser gerente en el gobierno de Bush.

 

Dicho plan financiero para encarar la crisis pareciera contener, de acuerdo a las decisiones tomadas, dos objetivos fundamentales:

 

1- El debilitamiento y quiebre de la banca de inversión controlada dominantemente  por la Red Financiera Angloamericana-global  y

 

2- La disposición de 700.000 millones de dólares para comprar “activos tóxicos” de las entidades financieras, favoreciendo determinado proceso de centralización, es decir, las adquisiciones de otras entidades por parte del JPMorgan y el Bank of America, y ganancias extraordinarias para la banca de inversión de la cual provenía, la Goldman Sachs, al contar con información estratégica.

 

El plan Paulson de salvataje no viene a salvar la «crisis», como quedó demostrado con una nueva caída en todas las bolsas y la permanencia de un estado de iliquidez total (falta de dinero circulante).

 

Lo que asegura el gobierno norteamericano es salvar a algunos grandes bancos mediante la compra de la «deuda mala» que poseen, favoreciendo determinadas fusiones y adquisiciones.

 

De ninguna manera se pretendía con el mismo salvar al «sistema financiero» en su conjunto, dominado globalmente por las Redes Financieras angloamericanas-globales-multilaterales, sino que sus decisiones están en la dirección de profundizar la crisis en su forma financiera para afectar a dichos intereses y combatir el desarrollo de su estrategia.

 

Por ello, como contraofensiva al Plan Paulson se despliega otro plan desde Londres para estabilizar y salvar de modo sistémico a las finanzas globales. Gordon Brown, el primer ministro Británico fue su portavoz.

 

El Plan Brown puso en práctica una nacionalización parcial y temporaria de las entidades en problemas inyectando capital en los bancos a cambio de acciones, dando lugar a lo que se denomina «inyección patrimonial», en lugar de comprar «deuda mala» (securities respaldados en hipotecas tóxicas) que es el núcleo del plan Paulson-Bush.

 

La compra de “deuda mala” no resuelve el problema de liquidez de los bancos.

 

Obliga a las entidades en problemas a desprenderse de activos para pagar deudas, lo que hace bajar aún más el precio de los mismos.

 

Esto conlleva a una baja del patrimonio de la entidad en problemas, lo cual reduce su precio y facilita su adquisición por partes.

 

En cambio, el gobierno británico proporcionó capital a cambio de parte de las acciones preferidas de las empresas que no proporcionan lugares en el directorio de las entidades, por lo tanto no implica estatización.

 

En pocas palabras, el gobierno británico puso a disposición a las entidades financieras todo el dinero necesario para capitalizarlas y frenar su caída.

 

La primera acción será que el Lloyd’s TBS, de estrechísima relación con Gordon Brown, absorba al mayor banco hipotecario de Gran bretaña, el Halifax Bank of Scotland (HBOS), cuyas acciones habían perdido la mitad de su valor desde la quiebra del Lehman.21

 

Por otra parte, Barclays, el tercer banco británico, uno de cuyos máximos ejecutivos, John Varley, era a su vez asesor económico de Gordon Brown22, pudo adquirir con la cobertura estatal algunos de los activos del Lehman Brothers por un valor estimado de u$s 72.000 millones.

 

De esta forma Barclays Capital, la rama de inversiones de la entidad homónima, se convirtió en la tercera entidad del mercado estadounidense, luego del bloqueo de Paulson.

 

En términos económico-políticos, dicha maniobra puede leerse como un fuerte apalancamiento del gobierno laborista al Barclays (que forma parte del gobierno) para disputar el mercado financiero norteamericano, contrarrestando el bloqueo de Paulson-Bush-Goldman Sachs.

 

En este escenario, el gobierno de EEUU también debe adoptar parcialmente y a su pesar la medida de nacionalización parcial de la banca y otras empresas, ya que de lo contrario la crisis se profundizaría particularmente en territorio norteamericano, quedando relativamente aislado del resto del mundo.

 

Sin embargo, hasta la asunción de Obama dicho plan no se implementará en los EEUU y el Citigroup  deberá esperar al nuevo gobierno para ser rescatado.

 

 

No estaba dentro de las intenciones del gobierno de Bush armar un plan general de salvataje, ya que el plan de “salvataje selectivo” era la estrategia más beneficiosa para los intereses americanos.

 

Sin embargo, el descalabro generado a partir de la caída del Lehman Brothers y la movida que se orquestó luego de ello era de tal magnitud que empezaba a abrir flancos débiles en contra de sus progenitores.

 

Otra vez el financista y referente de los intereses angloamericanos puede ilustrarnos al respecto:

 

“La desaparición de Lehman descompaginó al mercado de títulos comerciales.

 

Un gran fondo de mercado de dinero «rompió la moneda» y los bancos de inversión que confiaban en el mercado de papeles comerciales tuvieron dificultades para financiar sus operaciones.

 

Para el jueves la corrida en los fondos de mercado de dinero estaba en su apogeo y estuvimos muy cerca de un desastre, como nunca antes desde 1930.

 

Paulson se retractó nuevamente y propuso un rescate sistémico”23

 

Pero el golpe ya se había producido.

 

Además, como lo denuncia el propio Soros, el plan de rescate primigenio otorgaba todo el poder, sin ningún tipo de restricción, al propio Secretario del Tesoro, quién utilizaría los miles de millones de dólares del rescate a su libre arbitrio –arbitrio que tiende a coincidir con determinados dedos de la mano invisible del mercado.24

 

La propuesta de Soros y de la fracción angloamericana-global en general, iba a ser llevada por Barack Obama en las negociaciones tanto en la Casa Blanca como en el Congreso.

 

La cuestión principal era el control y supervisión conjunta del proceso de aplicación del plan.

 

No querían entregarle un cheque en blanco a Paulson.

 

Además, los demócratas pretendían introducir en plan –lo mismo que Soros, Paul Krugman y la city londinense— una “ayuda” a los propietarios de las casas con hipotecas para que las mismas no sean rematadas y otorgar dinero a las entidades que emitieron los créditos hipotecarios en lugar de comprar las hipotecas, medidas que iban a ser llevadas adelante en Inglaterra.

 

Más allá de lo cándido que puede sonar dicha propuesta, beneficiosa para las mayorías trabajadoras, lo cierto es que la misma fue pensada para favorecer directamente a quiénes más sobreexpuestos estaban con la mega burbuja financiera de los negocios respaldados por las hipotecas.

 

Bajo el formato propuesto por Paulson, los valores en problemas son adquiridos por el Estado, disminuyendo los activos de las entidades, además de que luego el estado puede asignar a su arbitrio quién va continuar con los negocios de esos valores.

 

Y el arbitrio estatal no venía favoreciendo a los Soros y compañía.25

 

Todo lo contrario.

 

El otro elemento central que se negoció al calor del acuerdo, fue la fallida adquisición del Wachovia por parte del Citigroup.

 

El Wachovia era el cuarto banco estadounidense por sus activos.

 

El Citigroup quedó segundo detrás de Bank of America que, crisis mediante (es decir, Paulson + Fed mediante), se quedó con otro gigante, el Merrill Lynch.

 

Pero a pesar del acuerdo llevado a cabo con el gobierno de los EEUU, apareció un tercero en discordia, el Wells Fargo (quinto banco de EEUU) para bloquear la negociación con el Wachovia, haciendo una mejor oferta.

 

Finalmente y “casualmente”, el banco iba a ser adquirido por el JP Morgan.

 

Esto profundizaría la crisis del Citigroup, la nave insignia de la fracción angloamericana-global en territorio norteamericano.

 

No parecería raro entonces, luego de lo descripto, que el plan de salvataje final, tal y como quedó confeccionado en el congreso, haya sido votado por los demócratas más que por los republicanos.

 

En primer lugar, porque el gobierno republicano fue forzado por el “mercado” a adoptar dicho plan.

 

En segundo lugar, porque la versión final de dicho plan, donde se impuso la mayoría demócrata en el congreso, distaba bastante de ser la versión original de Henry Paulson.

 

En tercer lugar, porque ante la posibilidad de un triunfo electoral en las presidenciales de noviembre, los demócratas debían asegurar más temprano que tarde un piso en la crisis y detener el derrumbe de los intereses afines.

 

Finalmente, luego de ser rechazado en una primera instancia por 228 votos a 205 (60% de los republicanos votó en contra y 40% de los demócratas), el plan de salvataje de 700.000 millones de dólares (dos veces la economía Argentina), que se suma a los 900.000 millones de dólares ya desembolsados por la Fed y que costará 2.300 dólares más a cada norteamericano, fue aprobado con 263 votos a favor contra 171, con mayoría demócrata.

 

Además del control sobre el ejecutivo, el dinero no sería otorgado completamente al gobierno sino que se entregaría por partes.26

 

Sin embargo, a pesar de la aprobación de la ley de salvataje, el viernes 3 de octubre hubo caídas generalizadas en todas las bolsas de valores.

 

El problema era mucho más profundo.

 

En principio porque todos los dispositivos financieros implican compromisos de pago por un total de 63 billones de dólares, es decir, 13 billones por arriba de total del PBI anual mundial. Increíble pero real: la especulación financiera constituye una enorme madeja de compromisos de pago inmediatos superior a los ingresos de todo el mundo en un año, donde estos 63 billones de dólares representan sólo una parte.

 

La devaluación de los activos es una consecuencia económica necesaria en un momento en donde se frena abruptamente la espiral de sobre-expansión y se empieza a recorrer el camino inverso de la espiral. La sobre-expansión se deriva del sobre-apalancamiento originado estructuralmente como medio necesario para la guerra comercial, el cual actúa como dispositivo para apropiarse de la riqueza producida por la economía real y controlar porciones mayores de dicha economía.

 

 

El plan de salvataje no es una tregua en la guerra. La inyección de una masa de dinero para que no se paralice completamente la economía por la caída del sistema financiero y para «salvar» a algunas entidades financieras en detrimentos, es la continuidad de la guerra por otros medios. Esto agudiza cual la disputa sobre quién va a salvarse y cómo. “En estos días los bancos no se están comportando como bancos… Se están comportando como fortalezas bajo sitio.» 27

 

 

Junto con la ley de salvataje se impuso que los dos bancos de inversión sobrevivientes, Goldman Sachs y Morgan Stanley (cuyo principal accionista es la Red financiera Mitsubishi), pasen a ser bancos comerciales habilitando capacidades para la guerra comercial en territorio norteamericano.

 

En el caso del Goldman, al mismo tiempo, potenció la división de banca de inversión con sede en Londres a cargo de Jim O’Neill lo que le permitió no perder posiciones en el manejo de fondos de inversión global, manteniendo e incluso incrementando las capacidades para la lucha financiera, lo que le da otorga un doble carácter a la Goldman Sachs como red financiera global.

 

La desaparición de la Banca de Inversión en EEUU terminó con uno de los instrumentos resurgidos y potenciados al calor de las reformas desregulatorias de los años 70’ y 80’, en pleno nacimiento del proyecto neoliberal, que tendrán su máximo nivel de esplendor cuando la administración Clinton deroga la ley Glass-Steagall.

 

El hecho de que pasen a ser bancos comerciales implica que deben cumplir con reglas más rígidas, pero también que pueden comprar otras entidades bancarias, vender servicios bancarios tradicionales y captar pequeños ahorros, algo que tenían inhabilitado.

 

En un momento que, como en toda crisis, se da un proceso de centralización del capital donde los más grandes se comen a los más chicos y los ganadores a los perdedores, esto les abre la posibilidad de dar un gran salto de escala.

 

El nuevo plan ampliaba el campo de beneficiados ya que la “deuda mala” iba a ser comprada a todos los grandes bancos que la soliciten. Aunque el salvataje haya sido votado mayoritariamente por los demócratas, mientras que la mayor parte de los republicanos no querían conceder siquiera la posibilidad de salvataje general de la “deuda mala” por parte del estado, el plan de salvataje resultante si bien no se alejaba demasiado de las intenciones originales del Ministro de Economía, Henry Paulson, contenía modificaciones que distaba del plan primario.

 

Es decir, fue una salida negociada.

 

Como se observa con claridad, cada línea de intereses, desde sus gobiernos y políticos afines, actuaban sin ocultar que entre lo público y lo privado existe apenas un paso de distancia: que determinados intereses particulares y fuerzas político-sociales se imponen como generales para el conjunto del estado, e imponen sus cuadros en el gobierno.

 

Por eso no podemos entender la llamada crisis si no observamos a la economía como economía política, ya que de lo que hablamos es, en última instancia, de producción y de producción de poder.

 

En el análisis economicista se pierde de vista el enfrentamiento entre intereses económicos-políticos que hace al proceso de concentración como al de centralización del capital.

 

Este enfrentamiento que se da como competencia entre mercancías y concurrencia de capitales, es la lanzadera del desarrollo de las fuerzas productivas en el capitalismo y es la clave para entender los ciclos que se encuentran separados por las sucesivas crisis.

 

Pero este enfrentamiento no es meramente económico, es al mismo tiempo político y político-estratégico.

 

Cada esfera tiene su lógica propia, su especificidad, pero en la trama de poder que definen a los actores en el enfrentamiento encontramos los mismos nombres jugando en los distintos planos.

 

En todo caso, lo complejo y específico de la política es que necesariamente dicha realidad debe invisibilizarse ya que en lo público-institucional las mediaciones institucionales expresan al conjunto de intereses de la sociedad aunque en el orden que imponen las relaciones de fuerzas establecidas.

 

Para ser más descriptivos: el Secretario del Tesoro, Henry Paulson, máximo ejecutivo de la Goldman Sachs antes de asumir su cargo, no se nos presenta como la Goldman Sachs controlando la política económica de EEUU, sino como el Secretario que administra la economía estadounidense para “todos”, mediando sobre el conjunto de intereses y fuerzas sociales, y que en todo caso puede “errar” o “acertar” en las medidas que impulsa.

 

Pero cuando descendemos al terreno donde las apariencias sistémicas desaparecen, vemos que Paulson representa y expresa un proyecto estratégico concreto, que jugó claramente haciendo caer al Lehman Brothers (su rival)  perjudicando a los intereses de la fracción cuyo proyecto político estratégico se le opone.

 

A diferencia de lo que hacía cuando era ejecutivo de la Goldman, no pudo ir a fondo expresando sólo sus intereses económicos, sino que tuvo que ceder como mediación política institucional general dando lugar a un plan de salvataje con algunos cambios con respecto a su idea original. Concede para poder sintetizar e imponerse.

 

No es que el estado ahora interviene en la economía sino que en el gobierno del estado (correlación de fuerzas en un territorio social) se impuso como dominante determinada fuerza político social que expresa una determinada estrategia y tiene un grado de desarrollo tal que se expresa como proyecto estratégico, que pasa a imponer la política de gobierno, y recurre a ciertos instrumentos públicos-institucionales para hacer pagar los costos de la especulación financiera, del sobre-apalancamiento y del enfrentamiento entre capitales al conjunto de los pueblos oprimidos por los señores del dinero y a sus rivales.

 

Así como en las guerras los muertos siempre son de las poblaciones no organizadas, aunque las disputas sean por intereses que les son ajenos, en las guerras económicas los costos y las pérdidas siempre las pagan los pueblos.

 

Porque en la guerra entre capitales financieros las fracciones perdedoras solamente pierden el control del negocio o parte de él.

 

Del otro lado del Atlántico, el plan de acción londinense encabezado por Gordon Brown obligó a la Unión Europea, liderada por el bloque de poder franco-germano, a seguir el camino de la nacionalización y rescate estatal de la banca, pero buscando fortalecer la centralización del gobierno europeo.

 

La Unión Europea, comandada por el eje franco-alemán, jugador secundario en la pelea de fondo y fuertemente debilitado con la crisis, tenía dos posibilidades: debilitarse y resquebrajarse como bloque de poder mundial o salir fortalecida a través de la unidad de mando que le permita transitar hacia un proceso de centralización, que dé lugar a la conformación de redes financieras transnacionales de origen europeo de mayor envergadura para disputar en el escenario global.28

 

El 13 de octubre de 2008, la Unión Europea lanzó la maniobra económica más importante desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial. Se acordó un paquete de aproximadamente 2,5 billones de dólares para recapitalizar las entidades a cambio de acciones de las mismas (por país) y garantizar los préstamos interbancarios.29

 

La magnitud del salvataje y la comparación histórica puede darnos una idea de la magnitud de la crisis y de lo que está en juego.

 

Con la iniciativa angloamericana en marcha y la unión Europea imitando, el Secretario del Tesoro norteamericano -Henry Paulson- tuvo que dar nuevamente un viraje a su estrategia y lanzó el 15 de octubre una nacionalización parcial y temporaria de los bancos por 250.000 millones de dólares.30

 

Ante el cambio de la situación estratégica, Paulson debió seguir (muy a su pesar) los pasos de Brown.

 

Con la imposición del plan de rescate de Gordon Brown que saca de la parálisis absoluta al sistema financiero global se abre un nuevo momento de la crisis, produciéndose el pasaje de la crisis financiera internacional a la crisis económico-financiera mundial con epicentro en los territorios centrales.

 

Los 3 momentos en el desarrollo de la transición de la crisis

 

A partir de la crisis de 1987 y definidamente  desde 1991 la fracción dominante dentro del polo de poder representado por EEUU e Inglaterra fue la angloamericana-global, cuyas naves insignia en términos de actores económico-sociales son el Citibank, el HSBC, el Barclays, el Rothschild y el Lloyd’s; las cuales forman parte de un bloque de poder más amplio, el de las Redes financieras globales que incluye a otras de orígenes diferentes (suizas, francesas, alemanas, etc.).

 

El proyecto estratégico globalista financiero neoliberal, conocido mundialmente como proceso de «globalización», se impuso como hegemónico dando lugar al desarrollo acelerado de las redes financieras transnacionales; lo que puso en crisis la forma estado-nación de país central como modo de ejercer soberanía sobre un territorio e inició el desarrollo de formas de soberanía global tendientes a la conformación del Estado-Red Global.

 

En 1999, en la gestión demócrata de Bill Clinton, con Robert Rubin como Ministro de Economía –luego número dos del Citigroup—, se aprobó la ley de Modernización de los Servicios Financieros, con la cual los bancos, los fondos de inversión, las aseguradoras y los brokers financieros quedaron libres de los controles que databan de 1933 (ley Glass-Steagall de regulación del crédito), elaborados para prevenir las acciones que dieron lugar a la Gran Depresión de los años 30′, es decir, las maniobras de especulación financiera que producen las impresionantes burbujas, que no son otra cosa que aumentos acelerados de los valores ficticios, precios y papeles, por sobre el valor «real» de ciertos activos (ej.: Viviendas, empresas de Internet).

 

Una vez que el Citigroup y compañía terminaron de imponer completamente sus reglas de juego, el terreno quedó allanado para la expansión exponencial de las redes financieras y el dominio absoluto del capital financiero transnacional como Red financiera global.

 

A partir del año 2000 la fracción que comienza a quedar retrasada, aferrada a la vieja forma del imperialismo norteamericano y fuertemente desarrollada al interior de los EEUU, logra compensar su debilidad en el terreno económico desde su fortalecimiento en la orbita política, desplegando una política militarista legitimada en la idea de la seguridad nacional, apelando a elementos sedimentados en las tradiciones imperiales norteamericanas como el destino manifiesto.

 

Con la asunción de G.W. Bush a la presidencia de EEUU en enero de 2001 y la crisis de la burbuja de las «punto com” en el 2000, y con la «caída» de las Torres Gemelas en septiembre de 2001 (que fue utilizada de la misma manera que Pearl Harbour en 1941) «, la línea retrasada logra imponer una nueva correlación de fuerzas en el territorio norteamericano, generando una situación de empate.

 

A partir de aquí, tanto uno como otro bloque de poder se posiciona, pertrecha y fortalece, agudizando necesariamente las contradicciones entre ellos.

 

Es en febrero de 2006 cuando el bloque de poder “americano”, la línea retrasada,  logra imponer una favorable correlación de fuerzas al imponer a sus cuadros en la Reserva Federal y en el Tesoro norteamericano.

 

La disputa se dará para definir quién pagará principalmente los costos del ciclo recesivo, la forma en como se entrará al mismo y quién absorberá a los caídos.

 

Pero con la gran diferencia de que no se trata de una crisis económica más.

 

Como la crisis que estalla en 1929, la crisis actual se inserta y es producto de una lucha por definir el orden global, con lo cual toma otras dimensiones e inicia su desarrollo como guerra financiera.

 

Tanto la suba de tasas, las caídas de bancos y las posteriores adquisiciones-fusiones de los gigantes de Wall Street, por parte de la Gran Banca americana, como la caída del Lehman que constituye la estocada final sobre el sistema financiero global, son parte de la forma que adquiere dicha lucha, bajo la acción del ataque de la fracción financiera-americana.

 

De cómo la caída del Banco Lehman Brothers, guarda relación con la caída de las Torres Gemelas

 

Las Torres Gemelas no se cayeron, las tiraron, o por lo menos, según las investigaciones y documentales realizados que son de público conocimiento, dejaron que se caigan.

 

El Lehman Brothers tampoco se cayó, en la lucha fue debilitado, perdió y lo dejaron caer para que arrastrara todo el sistema financiero a la crisis.

 

Son dos hechos que pertenecen a la misma línea de intereses y al mismo eje de enfrentamientos.

 

La “caída” de las Torres Gemelas era necesaria en la estrategia americana para lograr una correlación favorable de fuerzas, para legitimar su política de seguridad nacional al interior, para homogeneizar comportamientos y disciplinar contradicciones secundarias, para cercenar libertades individuales y someter a vigilancia permanente al conjunto de los ciudadanos de EEUU, deviniendo hacia comportamientos cuasi-fascistas propios de toda fracción imperialista retrasada que pierde día a día su posición dominante.

 

Además, esta política es necesaria para sostener al exterior una política militarista, detener el avance de la fracción avanzada del capital financiero global y dinamizar el antiguo complejo industrial-militar norteamericano que necesita de la guerra como la vida del agua.

 

Pareciera que la política de control de la gran reserva de petróleo mundial, Medio Oriente, y el golpe  sobre el sistema financiero, están en relación directa con la lucha por la configuración del orden mundial y el enfrentamiento-crisis al interior del propio imperialismo angloamericano.

 

Así como la caída de las Torres Gemelas le permitió al proyecto estratégico “americano”  –asentado en el complejo industrial-militar del Pentágono, en el control del petróleo mundial y en la hegemonía del dólar— continuar con el sueño americano, la profundización de la crisis financiera global desatada con la caída del Lehman le permite evitar –por lo menos temporalmente— que la crisis transite un camino al final del cual EEUU sólo sería uno más en la mesa del poder mundial.

 

NOTAS:

 

1 En la actualidad apoya al nuevo presidente demócrata de los EEUU, Barak Obama

 

2 Ver Daniel García Delgado, Estado-nación y globalización. Ed. Ariel, 1998. Parte 1, Cap I, pag 17-39; Parte II, Cap. 1, pags. 143-148.

 

3 Walter Formento, “Nuevas formas de capital, impacto sobre la organización del trabajo.”

 

IV Taller Científico Internacional Primero de Mayo, en el marco del 130 aniversario de la Comuna de Paris.

 

Instituto de Historia de Cuba y Central de Trabajadores de Cuba.

 

Del 27 al 30 de Abril de 2001 en la ciudad de La Habana, Cuba.

 

4 Arceo, Enrique, “El fin de un peculiar ciclo de expansión de la economía norteamericana.

 

La crisis mundial y sus consecuencias”, en La crisis mundial y el conflicto del agro, Universidad Nacional de Quilmes, 2009.

 

5 El concepto de proyecto político-estratégico no refiere a una suerte de super-planificación orquestada por un empresario que desde un escritorio maneja, cual titiritero, todos los actores que tiene por debajo.

 

El concepto de proyecto estratégico implica que una fracción económico-social tiene un grado de desarrollo en su organización política, ideológica, cultural y estratégica (organización, cuadros, conciencia, heterogeneidad de sectores y homogeneidad en cuanto a sus objetivos) para plantear una determinada forma de vida o, como se dice habitualmente, un “modelo” o “sistema” social.

 

No utilizamos estos conceptos ya que desde nuestra mirada poseen algunos problemas.

 

El concepto de “modelo” tienen un sesgo economicista ya que refiere, por lo general, sólo a un proyecto económico, aunque en realidad implique además de un conjunto de determinaciones económicas, una territorialidad, ciertas ideas-fuerza centrales, una identidad cultural, una matriz ideológica, una concepción política-institucional y una concepción de la organización política, más o menos desarrolladas, con matices, contradicciones y disputas a su interior pero con una homogeneidad y articulación suficiente entre actores económico-sociales, políticos y estratégicos (ideológicos-culturales).

 

Es decir, se habla de modelo pero en realidad están supuestos un conjunto de elementos que nosotros integramos bajo el concepto de proyecto estratégico.

El concepto de sistema social, tiene tres problemas centrales que aquí sólo mencionaremos: impide ver al interior del capitalismo los distintos proyectos en pugna, impide ver los procesos de transformación social y tiende a tener una carga fuertemente estructuralista que pierde de vista la dinámica histórica y el lugar de las fuerzas subjetivas y los actores.

Por otra parte, el concepto de proyecto estratégico nos permite pensar en términos integrales, para no hacer de divisiones analíticas (economía, política, cultura, ideología, estrategia) divisiones orgánicas (Ver Antonio Gramsci, Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno, Buenos Aires, Nueva Visión, 2008, pp. 38).

La realidad no existe por cajones analíticos sino que es toda una y nosotros la dividimos para analizarla aunque a veces nos olvidamos de volver a integrarla.

No es que por un lado un conjunto de empresarios construye poder económico y se limita a influir o a hacer “lobby” sobre el sector político para que este le otorgue medidas convenientes.

Esta mirada sesgada, de origen liberal, es muy común en las ciencias sociales.

El concepto de proyecto estratégico (y cuando hablamos de fracción lo hacemos también en este sentido, pero remarcando el momento económico social que tiende a ser olvidado) nos permite observar  los vínculos orgánicos entre los actores (y sus matices y contradicciones), los momentos en la construcción de la fuerza político social, el desarrollo de las alianzas, su nivel de influencia (poder) en el estado en el desarrollo de las luchas por la hegemonía y sus luchas por imponerse al interior de los partidos políticos e instituciones.

6 Capital financiero internacional: deviene de la fusión de la gran industria y la banca, por iniciativa de la gran industria, y en este primer momento del capital financiero este se internacionaliza exportando capital dinero que financia-promueve su producción en su país central de asiento.

La gran industria deviene grupo económico financiero como categoría económica, el gran capital industrial en capital financiero en su momento de internacionalización.

7 La crisis del 30’ arrastrará detrás de si la dictadura de Primo de Rivera en España, el gobierno de Hernando Siles en Bolivia, la dictadura de Leguía en Perú, el gobierno de Washington Luis en Brasil, el régimen del General Ibáñez en Chile.

Surge en la República Dominicana el poder de Trujillo con EEUU detrás y por las calles de Berlín desfilan las milicias nazis; Gandhi levanta en la India las banderas de la resistencia pasiva y es enviado a la cárcel.

 

Gabriel Terra asume la dictadura en el Uruguay democrático.

 

En Austria brota la espuma fascista.

 

El papado firma con Mussolini el Tratado de Letrán.

 

Se reestablece el estado del Vaticano, desaparecido al fundarse la unidad de Italia en 1870.

 

El Duce organiza el Gran Consejo e Italia se convierte en un estado corporativo.

 

La escalada de la guerra interimperialista en escenario secundario comienza con la crisis.

En 1931 Japón invade Manchuria (China) y establece un gobierno títere.

Esta potencia imperialista, en 1932, ocupó China al norte de la Muralla y penetró en Shanghai. En 1933 Hitler sube al poder.

En 1934, tras una breve guerra civil, se suprime la democracia en Austria y se establece un régimen semifascista.

En 1935 Alemania denuncia los tratados de paz y se muestra como potencia militar. Abandona la Sociedad de las Naciones y recupera la región de Sarre.

Ese mismo año Mussolini invade Etiopía y también abandona la Sociedad de las Naciones.

En 1936 Alemania recupera Renania.

Por otro lado, en España un golpe militar apoyado por Alemania e Italia desata la Guerra Civil Española.

Además se establece la alianza entre Italia y Alemania constituyendo el eje Roma-Berlín, y se constituye el pacto “anti-Comintern” entre Alemania y Japón.

En 1937 Japón invade China y comienza la campaña bélica hasta 1945.

En 1938 Alemania anexiona Austria sin resistencia e incorpora gran parte de Checoslovaquia.

En 1939 Alemania ocupa totalmente Checoslovaquia e Italia ocupa Albania.

Se produce una crisis en Polonia por los pedidos territoriales de Alemania.

Con esta crisis se termina de desatar la II Guerra Mundial abierta en territorio central.

Ver: Ramos, Jorge Abelardo, Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, ed. Plus Ultra, 1973. Tomo IV, El sexto dominio.

8 Ver Atilio Boron, Crisis civilizatoria y agonía del capitalismo. Diálogos con Fidel Castro. Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, julio de 2009. ISBN 978-987-24286-5-5.

 

9  Una primera versión de este capítulo fue publicada como artículo en el mes de noviembre de 2008, bajo el título de “La llamada crisis financiera global”, CIEPE.

 

En el presente capítulo no se modifican las tesis centrales presentadas en aquel artículo.

 

10 El grupo industrial CSX Corporation tiene como principales accionistas al fondo financiero de inversión global (FFIG) Capital Research & Management, ligado al JP Morgan, y al FFIG de origen francés AXA. www.transnationale.org

 

11  Página 12, 19 de septiembre de 2008.

 

  • “La diferencia fundamental entre la gestión de Greenspan y la de Bernanke es que este último reconoce sinceramente que las reducciones en la tasa de interés pueden propiciar otra burbuja, y por ello la disposición debe publicarse con sumo cuidado. Este parece ser un factor relevante en la toma de decisiones de la Reserva Federal.

 

El diario Wall Street Journal hizo eco del temor implícito en la reducción de la tasa de descuento: ‘Los directivos de la Reserva buscan una maniobra lo suficientemente dramática para reforzar la confianza mientras evitan una reducción en la tasa de interés clave, la tasa de los fondos federales.

Bernanke aún no está convencido de que la economía necesite un recorte, y algunos directivos de la Reserva temen que pueda fomentar más préstamos descuidados como los que condujeron a la crisis.” CNN Expansión, Peter Eavis, 27 de agosto de 2007.

13  Infobae, 17 de septiembre de 2007.

14  Clarín, 19 de septiembre de 2007.

15  Clarín, 16 de septiembre de 2008.

16  Clarín, 18 de septiembre de 2008.

17  Ámbito Financiero, 18 de julio de 2008.

  • “Los funcionarios y los banqueros privados pasaron el fin de semana encerrados en la Fed de Nueva York tratando de idear un acuerdo que salvara a Lehman o, al menos, le permita quebrar más lentamente.

Pero Henry Paulson, secretario del Tesoro, se mantuvo inflexible en su postura de no «endulzar» el acuerdo aportando más fondos públicos. Muchos pensaron que sólo estaba fanfarroneando.

Pero la ayuda no llegó, y aparentemente tampoco se llegó a un acuerdo.

Paulson parece apostar a que el sistema financiero podrá asimilar el sacudón (…)

Pero aquí estamos, en manos de Paulson, que aparentemente piensa que jugar a la ruleta rusa con el sistema financiero es su mejor opción.” Paul Krugman, Economista, 16 de septiembre de 2008. Publicado en Clarín.

19 Ámbito financiero, 19 de septiembre de 2008.

20 El Cronista Comercial, 6 de mayo de 2010.

21 “La BBC informó que Brown se contactó con el presidente de HBOS, Dennis Stevenson, quien aconseja al gobierno por temas de Educación, y le pidió buscar un socio para fusionarse.

La fusión creó un banco gigante, con un tercio de las cuentas de toda Gran Bretaña y 28% del mercado de hipotecas del país.”

Clarín, 19 de septiembre de 2008.

22 El País, 27 de junio de 2010.

23  Publicado por Clarín, 26 de septiembre de 2008.

  • “El Congreso estaría renunciando a su responsabilidad si diera un cheque en blanco al secretario del Tesoro.

El proyecto contiene hasta cláusulas que eximirían a las decisiones del secretario de revisión por parte de cualquier tribunal u organismo administrativo -la última consumación del sueño de la administración Bush de un ejecutivo unitario-.

Los antecedentes de Paulson no inspiran la confianza necesaria como para darle libre albedrío.

Sus acciones de la semana pasada generaron la crisis que vuelve necesario al rescate.

El lunes, Paulson permitió que Lehman Brothers cayera y se negó a facilitar que hubiera fondos del gobierno disponibles para salvar a (la aseguradora) AIG.

El martes, tuvo que volver sobre sus pasos y ofrecer a AIG un préstamo por 85 mil millones de dólares.” Ibid.

  1. “Barack Obama delineó condiciones que habría que imponer: un consejo bipartidario para supervisar el proceso; ayuda para los propietarios de viviendas así como para los tenedores de hipotecas; y algunos límites para el resarcimiento de los que se benefician con el dinero de los contribuyentes.

Estos principios son correctos.

Podrían aplicarse de forma más efectiva capitalizando a las instituciones que se ven sobrecargadas por valores en problemas de forma directa en lugar de aliviarlos de éstos.

El agregado de 700 mil millones de dólares en el sector de la demanda no sería suficiente para frenar la caída de los precios de las viviendas.

También se necesita hacer algo en el lado de la oferta.

Para evitar que los precios de las viviendas bajen de más, la cantidad de acciones legales debe ser mantenida en un mínimo.

Las condiciones de las hipotecas necesitan ser adaptadas a la capacidad de los propietarios para pagar.” Ibid.

26  “Qué se votó: Inyección de fondos federales por US$ 700 mil millones (la mayor intervención estatal desde el New Deal de 1933), control estricto al Tesoro sobre el reparto del dinero (será en cuotas con una urgente de 250 mil millones), rebaja de impuestos a pymes y a la clase media y baja por 108 mil millones, más garantía estatal a depósitos bancarios (de US$ 100.000 a 250.000) y, entre otros ítems, recorte de sueldos e indemnizaciones a ejecutivos de bancos asistidos.” Clarín, 5 de octubre de 2008.

27 Charles Wyplosz, director del Centro Internacional de Estudios Financieros y Bancarios del Instituto Internacional de Estudios de Ginebra. La Nación, 19 de septiembre de 2008.

  • La tendencia para el desarrollo del proyecto estratégico de la Unión Europea es hacia la conformación de monopolios transnacionales con asiento regional.

En este sentido vemos que se dan un conjunto de fusiones, impulsadas desde el gobierno europeo, donde se centralizan los capitales que tenían un asiento nacional, es decir, se fusionan empresas alemanas, francesas, etc.

29 “Para sostener esa medida, que regirá hasta el último día de 2009, las garantías serán de 548.000 millones de dólares en Alemania, de 438.000 millones en Francia, de 275.000 millones en Holanda, de 137.000 millones en España y de otro tanto en Austria.

En Italia serán de 55.000 millones y en Portugal, de 28.000 millones, en ambos casos para recapitalización bancaria.

Hace unos días, Gran Bretaña fijó su garantía en unos 860.000 millones de dólares.” La Nación, 14 de octubre de 2008.

30 «Que el gobierno sea dueño de una porción de cualquier empresa privada de Estados Unidos es algo objetable para la mayoría de los estadounidenses, incluyéndome” dijo Paulson.

“Sin embargo, la opción de dejar a empresas y consumidores sin acceso al crédito es totalmente inaceptable.

Lamentamos haber tenido que adoptar estas medidas.

Es algo que nunca hubiésemos deseado hacer.» Ibid.

 

FIN