Son muchos, en el pejotismo, los que ya no se sienten identificados bajo la conducción de Cristina.

EL PERONISMO EN BUSCA DEL PARAGUAS DE LA UNIDAD

La finalización de la «Marcha de la Resistencia» luego de diez años de no realizarse, bajo la consigna: «Por el derecho a trabajar, resistir sin descansar. Cristina conducción», concluyó con fuertes discursos de referentes kirchneristas dirigidos a sus bases representativas, terminando por sellar la ruptura del campo nacional con el pejotismo.

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Por Maximiliano Borches
ConurbanOnline
29 de Agosto de 2016

La finalización de la «Marcha de la Resistencia» luego de diez años de no realizarse, bajo la consigna: «Por el derecho a trabajar, resistir sin descansar. Cristina conducción», concluyó con fuertes discursos de referentes kirchneristas dirigidos a sus bases representativas, terminando por sellar la ruptura del campo nacional.

Son muchos los que ya no se sienten identificados bajo la conducción de Cristina, y eso adelanta los próximos movimientos que se darán en los bloques del Frente para la Victoria en las cámaras de Diputados y Senadores nacionales.

En el parlamento todo parece indicar que bajo el paraguas de ese sello político, sólo se acomodarán aquellos legisladores que se referencian con la ex presidenta, quienes quedaron en minoría dentro del universo peronista.

El Movimiento Nacional Justicialista viene atravesando una fuerte tensión desde la derrota legislativa del año 2013, que se potenció en momentos previos y durante la campaña presidencial del año pasado, donde un importante sector del kirchnerismo decidió no jugar a fondo para la victoria del candidato del FpV, Daniel Scioli.

Esta tensión, en parte fagocitada por ciertos sectarismos internos de corrientes representativas de algunos espacios juveniles, parten de una concepción de construcción política llevada a cabo por la ex mandataria, que privilegió el esquema de un partido de cuadros sobre el movimientismo característico del peronismo.

La conducción se va «acomodando como los melones en un carro en movimiento», gustaba decir el General, y ahora lo reafirman luego de encabezar bajo una fuerte tormenta –parecida a la que se vive al interior del peronismo-, el sábado pasado al cierre de la Marcha de la Resistencia.

El peronismo sabe por experiencia, pragmatismo y profunda vocación de poder, cuando es el momento para salir a enfrentarse políticamente con los poderes de turno; no lo ciega el apresuramiento ni la inmediatez, y apuesta al tiempo como único ordenador.

De ahí esa famosa anécdota sucedida en Asunción del Paraguay, a poco de tiempo del golpe de la Revolución Fusiladora de 1955, cuando un corresponsal le preguntó al General qué pensaba hacer para volver al poder en la Argentina, y Perón lo miró y le respondió: «Nada. Todo lo harán mis enemigos».

El kirchnerismo tomó finalmente, y como se venía previendo, una orientación que puede llevarlo a cometer los mismos errores que en su momento tuvo el Frente Grande, durante la década de los noventa, cuyo final avergüenza hasta al más progresista.

Es indudable que en casi nueve meses de restauración liberal, la destrucción de derechos conquistados, el hambre y la desocupación son la marca registrada de las políticas que se vienen aplicando, y que el Gobierno nacional como única respuesta, azuza fantasmas de intranquilidad social y pretende esconder su rostro de lobo bajo una piel de cordero con la mentira de la «desestabilización» gubernamental.

Lo peor que en esta etapa es hacerle el juego en ese sentido y desunir al campo nacional, que, reafirmando su carácter profundamente democrático, es el único garante del retorno al gobierno para volver a implementar políticas de inclusión.

«Es evidente que en todos los movimientos revolucionarios existen tres clases de enfoques: el de los apresurados, que creen que todo anda despacio, que no se hace nada porque no se rompen cosas ni se mata gente.”

“El otro sector está formado por los retardados, esos que quieren que no se haga nada…”

“Entre esos dos extremos perniciosos existe uno que es el equilibrio y que conforma la acción de una política, que es el arte de hacer lo posible…», decía Perón.