A un año de la Encíclica “Laudato Si”

ECONOMIA: UN COMBATE DE FONDO ENTRE PESOS PESADOS

Por Mario Casalla*

Se empieza ahora a ver que –políticamente hablando- que “Laudato Si” es uno de los textos más “duros” del Papa Francisco, en tanto apunta directamente al núcleo duro del modelo capitalista en su actual versión (neoliberal y globalizada).

Por Mario Casalla*
“Punto Uno”
1 Agosto 2016

Acaba de cumplirse un año de la publicación de la encíclica papal “Laudato si” (Alabado seas”).

Se empieza ahora a ver que –políticamente hablando- que “Laudato Si” es uno de los textos más “duros” del Papa Francisco, en tanto apunta directamente al núcleo duro del modelo capitalista en su actual versión (neoliberal y globalizada).

Resulta entonces -de hecho- una actualización integral de la clásica Doctrina Social de la Iglesia, acompañada de propuestas alternativas mucho más concretas aún.

Por tanto si aquélla ya molestaba al capitalismo clásico de los dos siglos anteriores (y aún le molesta), es lógico que ésta le resulte prácticamente indigerible.

Y así lo hicieron saber, inmediatamente, desde el corazón de la primera (y ahora, única) potencia mundial.

Al día siguiente de su publicación (28 de junio de 2015), el entonces candidato republicano a la Casa Blanca, Jeb Bush –heredero de dos ex-presidentes y cristiano practicante para más datos- dijo irónicamente y aludiendo a Francisco: “Espero que el cura de mi parroquia no me castigue por decir esto, pero no tomo mis políticas económicas de mis obispos, cardenales o de mi Papa».

¡Imaginémonos qué podría decir hoy Donald Trump de la Laudato Si!

En pocas palabras, que el Papa no se meta en lo que no sabe: la economía es una ciencia que no se estudia en las facultades de teología.

Por eso mismo y para el establishment local, Francisco tampoco es ahora profeta en su tierra.

Dicen que con “Jorge” que se llevaban mejor, y no sólo ellos sino también muchos de sus colegas de negro.

Pero desde que se fue a Roma, parece ser que el hábito (blanco) sí hizo otro monje.

IDEAS QUE MATAN

Ricardo Gómez acaba de publicar un libro cuya lectura es hoy casi imprescindible: “Neoliberalismo, fin de la historia y después…”.

Quienes deseen entender las ideas y valores que animan a los conductores de esta economía global, encontrarán en este libro una guía sintética, clara y bien fundamentada.

Gómez es un filósofo de las ciencias de primer nivel internacional (profesor en la Universidad de California y en Argentina, países entre los cuáles divide su estadía), tiene formación tanto filosófica como científica (en matemáticas y física) y se ha especializado en epistemología de la economía, o sea que cuenta con pergaminos suficientes como para hablar con autoridad académica, a lo cual se le agrega una experiencia directa de la Argentina (país del que debió exilarse en1976) y de los EEUU.

Habla entonces de lo que sabe y de lo que ve. Sus análisis de las teorías económicas de Friedrich Hayek (líder de la Escuela de Viena) y de Milton Friedman (líder de la Escuela de Chicago) no tienen desperdicios.

Recuérdese que estos son dos de los padres fundadores de este neoliberalismo político y económico que – hoy globalizado- azota al planeta.

A ellos les debemos la matematización de la economía y su transformación en una suerte de Ciencia autónoma, regida según sus propias leyes y pretendidamente a salvo de los vaivenes políticos y de los cambiantes humores sociales.

Presentada así como “valorativamente neutral”, será más bien ella quien fijará las reglas de juego a la política y no al revés.

Nada de “economía política”, sino de economía a secas, basada en cálculos, números y porcentajes, a cuyos expertos deberíamos atenernos para alcanzar –al final de un largo camino- la “felicidad”.

La economía es cosa de expertos y es el Mercado (y no el Estado, ni el gobierno de turno) quién dice cómo y cuándo actuar.

Un ejemplo bien actual de esto, es la famosa “planilla Excel” del ministro de Energía Aranguren: cuando le dijeron que se trataba de “ajustar” tarifas y “quitar” subsidios a los servicios públicos (¡dos verbos que a cualquier oído neoliberal suenan como música celestial!), el hombre no dudó, sumó, restó e lo puso en una hizo una planilla: eso es lo que los números indican y por ende, eso es lo que había que hacer.

El que puede pagar (lo que “realmente vale”) tendrá luz, gas y agua y el que no, que se abstenga de consumir o consuma menos.

Hay que volver a la fila y seguir participando, ya vendrá su tiempo de goce.

Porque –como dijo el maestro Hayek- “Las nuevas cosas sólo llegan a constituir el patrimonio de la mayoría de la gente, sólo porque durante algún tiempo han sido el lujo de los menos…”.

Para Ricardo Gómez en cambio, eso del crecimiento “por derrame” es otra de las grandes falacias del neoliberalismo.

Al revés, en su libro nos previene que “La olla jamás se derrama para los que no son ricos, sino que toda ella sigue alimentando a los más ricos y cada vez más ricos”.

Al parecer Francisco llegó por otra vía a la misma conclusión y –como buen pastor- está tratando de sacar a su rebaño del precipicio, antes que sea noche cerrada.

La encíclica “Laudato si” es su propuesta para un camino alternativo.

Porque hay ideas que comprobadamente matan y el Señor ante quien deberá rendir cuentas, no le perdonaría tal impericia.

HACIENDO LIO

Por cierto que es una alternativa difícil pero -pensando en serio y sin intereses mezquinos- a Francisco no le quedaba otra que hacer lío, también allí.

Se trata entonces de volver a conectar la Economía con el hombre, la sociedad y sus necesidades reales.

Para esto es necesario recordar el mandato original que encierra el término: esto es, “administración del hogar común” (de “oikos”, en griego, “casa”).

O sea que la Economía, más que una Ciencia (que administra las cosas) es una Política y como tal, un Arte: el de la buena administración de la polis, del “hogar común”.

Se trata entonces de reconstruir la “economía doméstica” (“domus”, casa).

Para esto, la Encíclica parte de un diagnóstico al que titula: “Lo que está pasando en nuestra casa” (cap. 1).

Allí se revisan cuatro puntos muy básicos: el calentamiento global y la contaminación del planeta; la cuestión del agua; la pérdida de biodiversidad; el deterioro de la calidad de la vida humana; y la inequidad planetaria.

Pero no se trata –otra vez!- de la clásica discusión acerca del “medio ambiente” (“environment”), sino de “ecología”: es decir de una reflexión integral sobre “la casa de los seres vivientes”.

Pero claro, esto es imposible sin discutir los supuestos básicos del modelo capitalista y del credo neoliberal predicado -urbi et orbe- por Hayek y Friedman, a la manera de un corsé para cualquier debate “científico” sobre economía.

Ellos y sus múltiples discípulos latinoamericanos: desde Pinochet a Piñera (del otro lado de la cordillera), hasta Alsogaray, Martínez de Hoz, Cavallo, o Sturzenegger de éste (por nombrar sólo algunos de sus alumnos más aplicados y conocidos).

De ese diagnóstico -y luego de extensas consideraciones a lo largo de nueve capítulos- surge en nuestro entender una agenda de debate y propuestas de acción (inmediatas y mediatas) que podría condensarse en estos cuatro puntos nodales:

1) la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta;
2) la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología;
3) una invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso; y
4) la advertencia de que estamos en medio de una “cultura del descarte”, frente a la cual es urgente pensar y proponer un nuevo estilo de vida, capaz de protegernos y cobijarnos a todos (incluidos los ancianos y los niños, de los cuales el neoliberalismo se desentiende con especial hipocresía).

Por cierto que hay más, mucho más, pero con esto me parece que ya tenemos para entretenernos, no?

Y ojo, regule fuerzas porque –en lenguaje boxístico- es una pelea de fondo, entre pesos pesados y está en juego el título máximo: la continuidad de una Vida digna sobre esta Tierra (única y sin repuesto).

Le aseguro que vale la pena leer el texto completo de la Laudato Sí.

Es una suerte de carta abierta a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sean agnósticos, ateos o creyentes; cristianos o de cualquier otra religión, credo o nacionalidad.

Y no vaya a creerse que los “católicos, apostólicos y romanos” están siempre mejor preparados para ese combate.

Como alguna vez dijo el padre Jorge –caminando de noche, por estas callecitas de Buenos Aires- “de los que se golpean el pecho, hay que desconfiar primero!”.

Y dicen que él, conoce muy bien a Francisco.

MC/

• Mario Casalla es Doctor en Filosofía. Docente y escritor. Preside la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales.