La Doctrina Nacional y Justicialista, considera al hombre como un ser trascendente, es decir espiritual y no sólo material.

EL JUSTICIALISMO COMO TERCERA POSICION

Por Juan Gabriel Labaké

El objetivo de liberación nacional nace necesariamente de nuestra inamovible convicción de que la Argentina, por su historia, por su privilegiada posición geográfica, por su extenso y rico territorio y por la vocación de su pueblo, puede y debe adoptar su propio camino tanto en lo filosófico y doctrinario, como en lo político.

Juan Gabriel Labaké

NAC&POP

9 de agosto de 2016.

El objetivo de liberación nacional nace necesariamente de nuestra inamovible convicción de que la Argentina, por su historia, por su privilegiada posición geográfica, por su extenso y rico territorio y por la vocación de su pueblo, puede y debe adoptar su propio camino tanto en lo filosófico y doctrinario, como en lo político.

Partidismos aparte, quien sentó las bases del nuevo camino, en ambos aspectos (el filosófico y doctrinario, y el político) fue sin duda el ex presidente Juan Domingo Perón, al definir su Doctrina Justicialista con la aclaración, hecha por el propio General, de que no se trataba de una doctrina partidaria sino de una verdaderamente nacional.

En el aspecto filosófico y doctrinario, la Doctrina Nacional o Justicialista representa una auténtica Tercera Posición, diferente y superadora de las dos propuestas que se disputan el favor de la humanidad desde hace casi dos siglos: la ideología liberal-individualista- capitalista, y la estatista-colectivista-comunista o marxista.

En otras palabras, y si bien se mira la cuestión, estas posiciones responden, en definitiva, a una concepción materialista y no trascendente del ser humano.

La Doctrina Nacional y Justicialista, en cambio, considera al hombre como un ser trascendente, es decir espiritual y no sólo material, cuya dignidad inalienable le viene dada, justamente, por su faceta espiritual.

Para nosotros, la persona humana no es un insecto o un consumidor destinado a ser dominado y alienado por el Estado, o por el poder del dinero.

Al contrario, el hecho de ser trascendente, le da justamente la dignidad de que hablo.

De ahí surge nuestra posición humanista que exige, a su vez, una política y una economía donde el hombre sea el centro, y no una víctima en manos del Estado o de los grandes bancos.

Por su parte, la visión (o cosmovisión) que tenemos del hombre y de la sociedad se basa sobre la realidad de que el ser humano se desarrolla plenamente sólo en sociedad.

En los tiempos modernos, y desde hace siglos, el ámbito más completo y amplio, en el cual el hombre desarrolla todas sus capacidades y puede realizarse plenamente como ser trascendente, es la nación, entendida como el conjunto de los seres humanos que espontáneamente aceptan vivir en el mismo territorio, en el mismo ámbito social y en la misma comunidad.

Por eso, Perón definió al Movimiento Nacional o Justicialista como un movimiento humanista, cristiano, nacional y popular, ajeno y superador, insisto, del liberalismo capitalista y del estatismo comunista o marxista.

En el plano filosófico y doctrinario, por lo tanto, la Tercera Posición es un principio básico y permanente, cualquiera sea la época en que se lo aplique y el tablero internacional existente.

En ese sentido, da lo mismo que actuemos en un escenario bipolar, como lo fue entre 1945 y 1991 (implosión de la URSS), en uno monopolar hegemónico como en los 10 años posteriores a 1991 en que EE. UU. soñó con  el fin de la historia, o en uno multipolar como en la actualidad.

En el plano político, en cambio, la Tercera Posición es un concepto que significa la elección de un camino propio de desarrollo y de relaciones internacionales independientes de cualquier potencia que pretenda ejercer hegemonía sobre nosotros.

En este terreno, el político, entre 1945 y 1991 fue correcto hablar de una Tercera Posición política, pues había dos superpotencias con pretensiones hegemónicas.

Hoy no lo es, simplemente porque las superpotencias no son dos, sino cuatro o cinco.

Pero, reitero, sean dos o cinco las superpotencias que nos asedian, la meta de la Tercera Posición política sigue y seguirá siendo la de adoptar nuestra propia estrategia internacional y de desarrollo humanista, libre de toda dominación, alineación o seguidismo respecto de una o más de ellas, no importa cuál.

En conclusión, la Tercera Posición es una posición permanente en el plano filosófico y doctrinario.

Y, en el plano político, la Tercera Posición, entendida como independencia frente a todos los poderes extranjeros, tanto estatales como financieros, es también una posición permanente.

Creo oportuno reflexionar sobre este tema crucial porque, cuando hablo de claudicación de la dirigencia, me estoy refiriendo concretamente al abandono que se ha hecho de este doble concepto clave de la Tercera Posición.

Por un lado, esta dirigencia que se ha adueñado de la representación del Movimiento Nacional y Popular, y específicamente del peronismo, poco a poco ha terminado por adherir al liberalismo capitalista, en el plano filosófico y doctrinario.

También acepta, en el plano político, el “alineamiento” con la o las superpotencias que impulsan y usufructúan dicho capitalismo, aun el financiero.

Se proclaman peronistas, y nadie tiene derecho a poner en duda su sinceridad, pero tratan de “alinear” su propuesta con la estrategia de uno de los polos con pretensiones hegemónicas, justamente con el polo que nos ha dominado o, al menos, asediado desde siempre, desde antes de 1810: el polo anglosajón, hoy anglosajón-israelí.

Puede que sean sinceros al llamarse peronistas -no entro a juzgar sus intenciones- pero su propuesta, dado que no parte de una verdadera Tercera Posición en ambos sentidos del término, no es ni será jamás peronista.

Para justificar esa falencia liminar, suelen usar el viejo pretexto de que debemos aliarnos con uno para no caer en las garras de otro.

El “otro” es ahora China y/o Rusia.

En 1945 era la Unión Soviética.

Como se ve, el pretexto sigue siendo el mismo, sólo ha variado el “otro” al cual hay que tenerle miedo.

Un miedo interesado.

De modo que, reivindicar hoy la vigencia del Movimiento Nacional y Popular -en la práctica, del peronismo- es proclamar como cuestión previa la imperiosa necesidad de volver a las fuentes, a la Tercera Posición en los dos sentidos ya descriptos: el filosófico y doctrinario, y el político.

JGL/