Una decisión difícil pero sin retorno

ANGUSTIADOS, EN PATAS, PERO EMANCIPADOS

Por Mario Casalla

La angustia del Querido Rey, se hizo furia de Amo despechado y nos agravió con todo lo que pudo: hasta 1898 en que perdió a su última “hija” americana (Cuba), no muy lejos de dónde le había surgido el primer hijo revoltoso (Haití). Por cierto que no la olvidamos y cada vez que necesitó algo y se atrevió a pedirlo –ahora como pares- fuimos en su ayuda. Pan no le faltó.

Por Mario Casalla
Punto Uno
18/07/2016

Casi simultáneamente y después del discurso del presidente en la Casa Histórica de Tucumán, me llegaron dos ironías gráficas a propósito del uso que éste había hecho del término Angustia en su discurso del Bicentenario.

La imagen de Buenos Aires me la remitió una amiga psicoanalista y era la reproducción de la tapa del seminario “La Angustia” de J. Lacan, intervenida con el agregado “de separarse de España”. Claro, jugaba en este caso con el comentario colateral al “querido rey” invitado a la ceremonia (Juan Carlos, de España) quien escuchaba al presidente sentado en una silla.

Sonaba a consuelo y casi a disculpas por haber declarado la independencia, pero don Juan Carlos -viejo lobo de mar- ni se inmutó.

La segunda imagen me llegó desde Salta -a través de un amigo periodista- quien me mandó la intervención de un cartel indicador de la Av San Martín, al que se le había agregado la expresión “del angustiado”.

En este caso la ironía estaba referida a la aparente contradicción entre la firme voluntad del mayor impulsor de nuestra independencia nacional (San Martín), lo cual se daba de patadas con la imagen que solemos tener de un angustiado, esto es, una persona deprimida, vacilante y encerrada en sí misma.

O sea que la acotación del presidente Macri fue desafortunada por partida doble: no sirvió como justificativo al jubilado rey Juan Carlos, como tampoco le hubiera servido a Fernando VII en 1816 (más bien dispuesto a recuperar sus colonias americanas a punta de bayoneta si fuere necesario); ni hizo justicia describiendo como simplemente “angustiados” a aquellos congresales reunidos en Tucumán, o a los miles de criollos que en los campos de batalla luchaban a brazo partido por lograr la libertad, entregando por ella vida y haciendas cuando fue necesario.
DOS ANGUSTIAS DIFERENTES

Raro también porque en el año 2010 Macri declaró: «Desde hace más de una década me psicoanalizo” y si realmente lo hizo (esto es, con todo el compromiso personal que ello supone y bajo la conducción de un buen terapeuta) debió haber aprendido rápidamente que la Angustia “es el único afecto que no engaña.”

Cuando esa Señora nos visita –y cada tanto lo hace, claro está- es inconfundible; aunque en relativo descargo del paciente debería decirse también que es un afecto muy complejo y que nos visita de diferente manera según sea el sujeto de quien se trate.

Seguramente los congresales y patriotas de 1816 estarían angustiados, al tomar la decisión de emanciparse de la “Madre Patria”; y también lo estaría el rey de España, don Fernando VII (prisionero de los franceses y a la vez con sus Hijos en franca rebeldía), pero se trata por cierto de situaciones y angustias muy diferentes.

Ambos son hombres y por eso solo hecho se angustian, pero una cosa era (y es) la Angustia en situación de Amo y otra la Angustia en situación de Esclavo.

Léase el poco difundido “Memorial de Agravios” que los congresales de Tucumán redactaron por aquel entonces y vaya si lo éramos!

En ambos casos de trata de una “separación”, pero las consecuencias y los futuros que de esa separación se derivaban eran completamente diferentes y los angustiaban también de manera diferente.

Tan clave es esta cuestión de la Separación como eje de la angustia, que una de las diferencias que se señalan entre la concepción freudiana y la lacaniana está aquí (dicho esto de manera muy genérica como aquí corresponde): mientras que para Freud la causa de la angustia es la separación de la Madre, para Lacan lo que induce a la angustia es que esa Separación no se produzca (ya que es imprescindible para el normal desarrollo de la vida psíquica).

Es decir, que es necesario dejar de ser niños (“nenes de la mamá”) y aprender lentamente a ser hombre y alguna vez Padres.

Lo cual claro, supone atreverse a pagar el precio por dejar el dulce calorcito del hogar materno.

Sin enfrentamiento con la Madre (simbólica) esto es imposible y además nadie puede suplir al propio sujeto en esta tarea.

¡Ni aún la solicita Madre, siempre dispuesta a ahorrarle al nene esa tarea y demorar el inexorable destete!

Después de todo esa Separación le hará bien a ambos y –si se logra bien -la relación dejará de ser un “estrago”.

Como dijo uno que en 1816 se atrevió a hacer de Padre y animó al resto: “Seamos libres, que lo demás no importa nada…”.

Con el tiempo sí lo fue y hoy lo llamamos el “Padre de la Patria”.

Por suerte, nos salvamos de Mamá! Y aquí pasamos del Psicoanálisis a la Política, mediando por la Filosofía.
LA LIBERACION COMO PROYECTO

La Angustia es también uno de los grandes temas de la Filosofía contemporánea.

La figura de Kierkegaard (filósofo y teólogo) es en ese terreno equivalente a la de Freud en Psicoanálisis.

Ambos inauguraron una reflexión distinta sobre el tema y ambos tuvieron descendientes y lectores inteligentes.

También de manera muy general (como aquí corresponde) digamos que la Angustia, en la denominada “filosofía existencial” (o “existencialismo”), tiene como causa el desafío de tener que “elegir” y el peso que supone la “libertad” (tematizada en Sartre, por caso); o bien el efecto que produce –sobre el hoy y el ayer- el tener “futuro” y con ello una cierta irrupción de la “nada” en la existencia (Heidegger).

Es que para ese existencialismo, el hombre es esencialmente “Proyecto” y como tal lanzado siempre hacia un futuro y eligiendo en cada momento lo qué quiere hacer de sí mismo y con los otros.

En eso se juega su autenticidad, o la fantochada de una vida desgastada a la cual la inexorable muerte le podrá un corolario.

Lo que diga el epitafio, dependerá de lo que ese hombre haga. San Martín, junto a un puñado de criollos atrevidos, eligió: rompió con la Madre Patria y él -que era español de cuna!- se atrevió a ser Padre y eligió nuevos hermanos.

También eligió Güemes, solito él y su alma en la frontera norte y aguantando como podía para que el Congreso se reuniera en Tucumán.

“Traidor” no sólo de la vieja Madre Patria, sino de la clase social a la que pertenecía.

Cuando tuvo que elegir, eligió por el gauchaje y se volvió “infernal”.

Es que antes y ahora -tanto a nivel personal como el colectivo- la disyuntiva básica es la misma: ¿liberación o dependencia?

En 1816 atravesamos la angustia y apostamos por lo primero (que por lo visto en este Bicentenario cuesta sostener!).

En cambio, la angustia del Querido Rey, se hizo furia de Amo despechado y nos agravió con todo lo que pudo: hasta 1898 en que perdió a su última “hija” americana (Cuba), no muy lejos de dónde le había surgido el primer hijo revoltoso (Haití).

Y entonces ella también, la vieja Madre, empezó otra historia.

Por cierto que no la olvidamos y cada vez que necesitó algo y se atrevió a pedirlo –ahora como pares- fuimos en su ayuda.

Pan no le faltó.