Uno de cada tres argentinos es afín al kirchnerismo. No son militantes, ni gente que se exprese públicamente, sino votantes que mantienen buena imagen de la ex Presidenta y su gobierno.

“EL PERONISMO NO ES UN PARTIDO EXÓTICO”.

Por Alejandro Radonjic

Burdman (FOTO): «El peronismo tiene una base electoral estable -los sectores populares-, políticas dirigidas a esa base, alcance nacional, vocación de poder, identidad, tradiciones ideológicas, capacidad de adaptación, ramificaciones en el Estado.»
Por Alejandro Radonjic
El Economista Diario
17/07/2016
Gracias a El blog de Abel

En diálogo con El Economista, el politólogo Julio Burdman analiza el presente y el futuro del “movimiento” peronista.

“El peronismo sigue formando parte del sistema de poder: lo podemos ver en el Congreso, en las gobernaciones, en los municipios, en los sindicatos, en la calle.

Lo que debe demostrar el peronismo, ahora, es su capacidad de volver a generar un candidato presidencial ganador.

Si lo consigue, dudo que el peronismo sea una cosa del pasado”, dice Burdman.

Asimismo, habla del rol del kirchnerismo y la importancia de las elecciones legislativas de 2017.

¿Cuán exótico es, a nivel global, el peronismo y en cuántos países hay algo parecido al “movimiento”?

No comparto la idea de que el peronismo sea un partido exótico.

Tiene una base electoral estable -los sectores populares-, políticas dirigidas a esa base, alcance nacional, vocación de poder, identidad, tradiciones ideológicas, capacidad de adaptación, ramificaciones en el Estado.

En suma: le sobran elementos “normales” en la definición de lo que es un partido político.

Como politólogo, a mí me cuesta más explicar la identidad de partidos como la UCR o el PRO que la del peronismo.

Al peronismo se lo puede comparar con la familia de los partidos de base sindical del Destacado Burdmanmundo, sean estos laboristas, socialdemócratas o socialcristianos.

También, lo podemos homologar a otra familia, la de los movimientos nacional-populares latinoamericanos, tanto los de primera generación (PRI mexicano, MNR boliviano, ANR paraguayo, APRA peruano, etcétera) como los de segunda generación (PT brasileño, MAS boliviano, Frente Amplio uruguayo, etcétera).

Todos ellos se caracterizan, en general, por la base electoral popular, la asociación con sindicatos y movimientos sociales, los aparatos electorales, y dirigentes de diferentes tonalidades ideológicas.

Tiene, también, elementos únicos.

Uno de ellos es la persistencia del mito fundacional de Perón y Eva Perón, que resiste el paso de las generaciones.

Pero no debería sorprendernos: se trata, sin dudas, de un relato muy contundente.

La historia de Eva, en particular, es famosa en todo el mundo, y fascina a los extranjeros.

No existen muchos “benchmarks” históricos para confrontar lo que está ocurriendo hoy con el peronismo porque, básicamente, casi siempre estuvo en el poder. ¿A qué otra etapa histórica del partido se asemeja este presente?

El peronismo existe desde hace 70 años, la mitad de los cuales estuvo en el gobierno y la otra en la oposición.

El período 1955–1973 fue otra cosa: aunque a algunos cristinistas les agrade la analogía entre Puerta de Hierro y El Calafate, hay pocas similitudes con aquél proceso.

De nuestra era democrática, una experiencia parecida a esto podrían ser los ‘80.

Un partido sorprendido por la derrota inesperada, que mantiene resortes de poder aunque sin controlar el Poder Ejecutivo, y que se embarca en una discusión interna por el liderazgo.

Lo que entonces lucía como una división insalvable del partido entre ortodoxos y renovadores, demostró no ser otra cosa que corrientes internas disputando el control del movimiento. Disputa que se zanjó definitivamente con la elección de 1989.

Todo eso se parece bastante a la realidad del peronismo de hoy.

Con una diferencia fundamental: reforma de 1994 mediante, los plazos que manejamos son más cortos.

Los seis años de los ‘80 fueron un peregrinaje en el desierto: hoy, con cuatro años y una sola elección intermedia, el peronismo ya está planificando su interna y vislumbrando la reorganización posterior.

Y las PASO le dan un instrumento para hacerlo.

En las últimas semanas, hemos visto cierto deshielo en la relación entre, llamémosle, “los peronismos” que, como sabemos, fueron separados en 2015 y eso fue un motivo central en la victoria de Cambiemos.

¿En qué anda el peronismo?

Con el cronograma actual, no hay tiempo que perder.

Hoy, todos se sientan a tomar café con todos: los kirchneristas con Sergio Massa, Massa con Diego Bossio, Bossio con Florencio Randazzo; José Luis Gioja y el Movimiento Evita con el resto.

Para el electorado, las figuras más representativas de este peronismo son Cristina Fernández de Kirchner y Massa: junto con el presidente Macri, hoy son los tres políticos que la opinión pública imagina como posibles presidentes en el año 2020.

La oferta puede cambiar: en 1984, Carlos Menem no estaba en los planes de nadie.

Pero nuevamente, el cronograma electoral que nos legó la Constitución de 1994 nos marca un camino: la gran oportunidad de instalación de candidatos presidenciales –y de la propia reelección de Macri, si él quisiera buscarla- son las elecciones de 2017.

Destacado Burdman II

Vivimos en una era de “despartidización” aquí y en el mundo, y el sello partidario arrastra cada vez menos.

¿Va a ser cada vez más infrecuente ver al peronismo en el poder, o es muy apresurado sostener esa tesis?

El agotamiento del petróleo y el fin de los partidos se vienen pronosticando desde hace décadas.

Pero ni la energía solar ni las ONGs dieron el batacazo aún.

El peronismo sigue formando parte del sistema de poder: lo podemos ver en el Congreso, en las gobernaciones, en los municipios, en los sindicatos, en la calle.

Lo que debe demostrar el peronismo, ahora, es su capacidad de volver a generar un candidato presidencial ganador.

Si lo consigue, dudo que el peronismo sea una cosa del pasado.

¿Volvió el bipartidismo (aunque sin la UCR como líder de uno de los dos espacios) o, una vez más, es una tesis apresurada?

Volvió la política de los dos polos.

Después de 2001, y hasta 2015, el polo no peronista estaba vacante, y el triunfo de Cambiemos parece haber puesto fin a esa etapa unipolar, en la que toda la competencia real por el poder se dirimió dentro del subsistema peronista.

Veremos, ahora, si esa política de los dos polos se mantiene, o si acaso las estrategias de los líderes nos conducen hacia una fragmentación.

¿Cambiemos perdurará? ¿El peronismo se unificará en 2019?

A favor de la continuidad de la política de los polos tenemos que los radicales no parecen tener vida fuera de Cambiemos, y que los peronistas quieren volver al poder; en contra, que el desempeño de la presidencia de Macri es hoy incierta, y los escenarios políticos derivados de dicha evaluación también.

¿Qué pasará con el kirchnerismo: se diluirá en el nuevo peronismo que se está gestando o se irá más allá de sus fronteras?

Tiendo a creer que se integrará al peronismo, sea cual fuere el resultado de la trama judicial que afecta a Cristina Kirchner y del desempeño de la presidencia de Macri.

Creo que la división será evitada, o al menos mitigada, por las partes, porque más allá de las especulaciones de la dirigencia y del mensaje de los medios, hay otra realidad a tener en cuenta: hoy uno de cada tres argentinos es afín al kirchnerismo.

No son militantes, ni gente que se exprese públicamente, sino votantes que mantienen buena imagen de la ex Presidenta y su gobierno.

Que mantengan estas simpatías en medio de un clima claramente adverso a Cristina Kirchner es un dato relevante.

Por eso, un desafío de los peronistas que aspiran a ganar las próximas elecciones es contener y representar a esos votantes kirchneristas.

El justicialismo deberá retenerlos, y la mayoría de la dirigencia que hoy representa a los votantes kirchneristas no se querrá ir de ahí.

Pero los pronósticos, como se sabe, pueden fallar.