Radicales, radicales de la Concordancia, radicales que no pueden pararse frente a Alem, Yrigoyen, Frondizi, Illia ni Alfonsín.

TRISTE Y SOLITARIO FINAL

Por Armando Vidal

Radicales que están en contra de sus propias luchas, que olvidaron el compromiso de Balbín de no ser funcionales al antiperonismo y si, en cambio, una opción popular y democrática al peronismo.

Por Armando Vidal

 

«En el marco del Bicentenario de la Independencia del país el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical realizó el pasado jueves 7 de julio una jornada de debate en la provincia de Tucumán. Además celebraron el 125º aniversario del nacimiento de la UCR como partido» (agencia NA).

 

Radicales, radicales de la Concordancia, radicales que no pueden pararse frente a Alem, Yrigoyen, Frondizi, Illia ni Alfonsín.

 

Radicales que están en contra de sus propias luchas, que olvidaron el compromiso de Balbín de no ser funcionales al antiperonismo y si, en cambio, una opción popular y democrática al peronismo.

 

¿Qué radicales? ¿Los del Senado reaccionario de alvearistas contra Yrigoyen? ¿Los radicales socios de Agustín P. Justo? ¿Los radicales de la Sociedad Rural y la embajada en las elecciones del 46? ¿O los radicales que abandonaron a Illia veinte años después? ¿Radicales que enterraron sus discursos y acciones de resistencia a Cavallo y Menem durante las privatizaciones?

 

¿Qué radicales? ¿Los que se olvidaron de la lealtad radical de César Jaroslavsky y de la nobleza radical de Juan Carlos Pugliese que fue a inmolarse como ministro de Economía? ¿Que radicales? ¿Los que sostienen a un gobierno nacional de ocupación extranjera como el de Mauricio Macri?

 

Los radicales del Bicentenario, los que va a ir a Tucumán a explicar su destino, son tan desconsiderados con su propia historia como Macri lo es con ellos, salvo con el radical, hoy dictador de Jujuy, Gerardo Morales, captor de Milagro Sala. O con el mendocino Ernesto Sanz –émulo de José Luis Manzano en el peronismo–, constructor de esta versión radical colaboracionista en Gualeguaychú.

 

Radicales. Un triste y solitario final.

 

 

 

Gentileza de Norberto Colominas