Desde la vuelta de la democracia, condicionada por el Consenso de Washington, la política ha tenido como eje la acumulación material, el dinero necesario para los nuevos cientistas sociales.

EL DILEMA DE LAS TRES “P”: PLATA, POLÍTICA Y PODER

Fue Perón capaz de decir NO al FMI en 1951, fue la fusiladora y Presbisch quienes incorporan a la Argentina. Fue Perón quien rompe el Bloqueo a Cuba en contra de toda la OEA en 1973. Fueron Néstor y Cristina capaces de construir el UNASUR y el NO al ALCA. Fueron esos hechos, no otros, los que provocaron el odio sistemático y campañas de destrucción a los procesos populares de América Latina.

Por Jorge Rachid

 

Escribo estas líneas desde la más profunda de las convicciones, aquellas que nos hicieron abrazar la política por amor al prójimo en nuestros años juveniles. Lo hago desde el convencimiento, asumiendo ser la más absoluta, aislada e irrepresentativa línea de pensamiento, que es la búsqueda del poder, eje y motor de la militancia política.

 

Pero también reflexiono sobre la necesidad de recuperar los valores identitarios de nuestros Libertadores, las luchas genuinas del pueblo argentino, la reconstrucción de los códigos entre los militantes, la palabra del pueblo como poder político, la democratización de las estructuras orgánicas y la construcción sobre las bases ideológicas y filosóficas del peronismo.

 

Sin dudas a lo largo de la historia, las traiciones por dinero e intereses sectoriales, postergaron sueños, atrasaron conquistas y produjeron maquinarias sanguinarias de construcción de poder. Rivadavia con los ingleses, Alvear y Sarratea con portugueses, españoles e ingleses combatiendo a Artigas, Urquiza jefe del ejército que se pasa a enemigo en guerra por 10 mil pesos fuertes derrotando a Rosas en Caseros, Mitre y la guerra de la Triple Infamia y sigue la lista de militares y civiles al servicio de su Majestad y luego claudicando a EEUU.

 

Fue Perón capaz de decir NO al FMI en 1951, fue la fusiladora y Presbisch quienes incorporan a la Argentina. Fue Perón quien rompe el Bloqueo a Cuba en contra de toda la OEA en 1973. Fueron Néstor y Cristina capaces de construir el UNASUR y el NO al ALCA. Fueron esos hechos, no otros, los que provocaron el odio sistemático y campañas de destrucción a los procesos populares de América Latina.

 

Pero la política correcta por si sola no se explica en los métodos de construcción orgánica en el seno del movimiento nacional y popular.

 

Desde  la vuelta de la democracia, condicionada por el Consenso de Washington, la política ha tenido como eje la acumulación material, el dinero necesario para los nuevos cientistas sociales.

 

Encuestas fabulosas reemplazaron la militancia activa de los barrios y lugares de trabajo, diseños de marketing político en vez de la discusión franca entre compañeros, focos de grupos intentando descifrar los que es vox populi en las calles, campañas de imágenes de candidatos, como productos de punta de góndola, sonrisas estúpidas en carteles congelados, periodistas pagos que deterioran en vez de contribuir, nepotismo basado en cupos y en razones de confianza, antes que en profundas convicciones políticas.

 

Todo eso cuesta dinero, conseguirlo se convirtió en un fin en si mismo. “Sin plata no se puede”, es el latiguillo perverso de la penetración cultural neoliberal dominante, es el eje sobre el cual el enemigo opera nuestras debilidades y esconde las suyas.

 

El hijo del intendente debe serlo, la esposa del gobernador debe ser diputada, la secretaria leal debe ser senadora, el hermano juez, el primo tesorero, y así la sucesión de una nueva monarquía inunda el firmamento de la política, en una postergación de sueños militantes que sólo sirven para hacer campaña electoral, movilizarse o ser coro de políticas que no fueron explicitadas, discutidas, modificadas al calor de la construcción política.

 

El capitalismo siempre llevará la delantera en su capacidad de compra, de generación de recursos, de utilización de sectores de poder mediáticos y judiciales. Siempre estará un paso delante de aquellos que creen que pueden ser tributarios de migajas de poder, de esas alfombras destinadas a “ellos”.

 

El peronismo deberá seguir siendo “el hecho maldito del país burgués”, “ será revolucionario o no será nada”, “si ellos colonizan el país nosotros lo volveremos  liberar”, en palabras de Cooke, Evita y Perón.

 

“El peronista que se cree mas que otro, ha dejado de serlo”, dicen las 20 verdades, entonces compañeros visualicen los salones VIP de los actos, los lugares cerrados de dirigentes, los cenáculos que trabajan para si antes que para el pueblo, aquellos que se vuelven endogámicos y misteriosos frente a los compañeros, los “inalcanzables”, los que se la creyeron y construyeron su séquito a fuerza de cargos y prebendas.

 

Esas son herramientas del enemigo, no nuestras, nosotros como nos enseñó Perón sabemos que conducir es predicar y predicar es persuadir.

 

Sólo las nuevas generaciones que puedan despojarse de una herencia de malversación de sueños, que han traficado desde los 90 en nombre del peronismo, los jóvenes no contaminados, serán capaces de terminar con una clase dirigente encaramada detrás del dinero acumulado, al estilo Manzano agente de la DEA y nuevo protagonista de los medios, aceptado por los “políticamente correcto”, aunque trajo el dinero del narco gusano cubano Mas Canosa de Miami.

 

Todos los sabemos nadie quiere hacerse cargo por miedo, como el miedo que instalan “ellos”, el enemigo con sus dineros fugados en Suiza, Panamá, Caimán y siguen con la fiesta financiera mientras piden sacrificios al pueblo.

 

Reconstruir el movimiento nacional será una tarea larga, no difícil si se lo hace en términos de sueños compartidos, de utopías generadas al calor de los nuevos paradigmas que va escribiendo el pueblo argentino, único protagonista de la historia.

 

El poder del dinero se escurre entre mercenarios y traidores, la política de la construcción material endogámica, se transforma en un fin en si mismo.

 

Sólo las convicciones, los afectos compartidos, las ilusiones de búsqueda común dan las fuerzas necesarias para afrontar las batallas contra un neoliberalismo brutal, feroz e inhumano. Nuestros compañeros murieron y sufrieron, desde hace 70 años, por una causa justa por la cual luchar, que era compartida con el pueblo argentino, con una conciencia nacional plena del destino común. No murieron para que otros en nombre del dolor resarcieran sus faquiltreras deshechas por años de lucha.

 

Elegimos la militancia como proyecto de vida colectivo, no como salvación individual propia del liberalismo. Ese es el gran dilema de los próximos tiempos: o somos los que ayudamos a construir utopías, sembrando valores del hombre nuevo en un modelo social solidario, o nos encaminamos a gestionar poder, en los términos del enemigo.

 

Jorge Rachid

26/5/16