Por cada decepción se abren mil puertas diferentes y las malas acciones e injusticias que son parte de la cosa se vuelven irremediablemente en contra de quien las ejecuta. No hay justificación para las deslealtades.

INDEPENDIENTES DE NOSOTROS MISMOS

Por Daniela. A. Bambill

Aquellos que se dejan envolver en las páginas del Diario de Yrigoyen que le regalan los obsecuentes de siempre, terminan indefectiblemente en el ostracismo que la historia tiene reservado a los mediocres. Los discursos deben ir acompañados de los actos, siempre.

Por Daniela. A. Bambill

 

Las inseguridades, los celos, el narcisismo, la soberbia, son los peores obstáculos que debe sortear un dirigente político que intente pasar a la posteridad.

 

Aquellos que se dejan envolver en las páginas del Diario de Yrigoyen que le regalan los obsecuentes de siempre, terminan indefectiblemente en el ostracismo que la historia tiene reservado a los mediocres. Los discursos deben ir acompañados de los actos, siempre.

 

Eso no es otra cosa que la coherencia necesaria para sobrevivir en la jungla de vanidades y falacias que rodean el acontecer diario.

 

Por cada decepción se abren mil puertas diferentes y las malas acciones e injusticias que son parte de la cosa se vuelven irremediablemente en contra de quien las ejecuta. No hay justificación para las deslealtades.

 

En algún momento vuelven. Ser coherente y honesto con uno mismo es el mayor desafío y no hay gurú del marketing ni obsecuencia asalariada que pueda maquillar eso.

 

Pero no hablamos de individuos sino de un colectivo que no termina de nacer, y está condenado a la muerte prematura.

 

A pocos días del bicentenario de la Primera Independencia de la Patria, las reflexiones sobre las miserias y mezquindades humanas que atraviesan todos los procesos políticos es insoslayable.

 

Algún desprevenido podrá pensar que este texto apunta a las internas actuales dentro de un espacio político determinado. No es así.

 

Entre la Revolución de Mayo de 1810 y la Declaración de Tucumán pasaron 6 años. Años de luchas intestinas, de negociaciones febriles, de intereses cruzados, años de guerra y política, que no es otra cosa que la guerra por vía diplomática.

 

Hemos transitado 206 años de historia entre vanidades que fueron el retraso de los procesos políticos. No hay dudas que la dirigencia realmente aspira a la concreción de sus ideales, ahora bien, si en los discursos y declamaciones pareciera ser que todos quieren lo mismo, entonces cabe preguntarse dónde está la dificultad?

 

Adonde está la dificultad de Unidad real en la concepción y la acción de los peronistas para llegar a buen puerto electoral, cuando es la única expresión en la argentina de la Justicia Social? Dónde está la dificultad del Movimiento Obrero de unirse frente a la embestida atroz de la derecha encarnada en un presidente ignorante, incapaz e indolente? Adonde está la dificultad de unidad de miles de militantes que generan agrupaciones por doquier y si se rasca un poquito todas proponen lo mismo?

 

La respuesta indefectiblemente nos lleva a la primera reflexión de este texto.

 

Ante la exigencia de las bases la respuesta es similar, “no es el tiempo político”, es fino y delicado el camino de la unidad”.

 

Cerca del bicentenario de la primera Independencia, la Patria está doliente, sangrando y tan ajena al Pueblo como en el primer centenario, lejos han quedado las declamaciones altruistas y de entrega que coronan los libros de historia y las miserias humanas son las que terminan digitando el tablero.

 

Nadie le pone el cascabel al gato, la dirigencia negocia, mide, espera el momento propicio para la acción, como en la guerra, los movimientos son cronometrados y estudiados concienzudamente, consultados con los “iluminados” que cada dirigente tiene a mano.

 

Mientras tanto hay un pueblo que adolece, que no entiende de “tiempos políticos” que cada minuto que pasa en lo que considera inacción su descreimiento crece en dirección inversamente proporcional a su dolor.

 

El coraje espasmódico en un discurso vehemente no resuelve un plato de comida menos en la mesa.

 

Apenas cinco meses de gestión de la derecha, bruta y pueril, ha destruido los pilares de construcción sobre los que el Pueblo argentino ha puesto el sacrificio.

 

La Patria es un dolor que no encuentra su nombre, escribió Marechal …

 

Hoy a pocos días del bicentenario de la Declaración de la Independencia de 1816, la Patria no encuentra su nombre y espera volver a parir dirigentes que piensen en la posteridad más allá de las mezquindades que los apoltronan en los espacios de poder conquistados.

 

Es hora de alumbrar coraje y decisión política. Es hora de parir futuro. Es hora que la soberbia y el narcisismo que ha llevado a muchos a comprar roles determinantes en la quimera absurda personal de lugar y paso a la entrega absoluta.

 

Porque la Patria necesita de entrega y no de bellos intelectos endogámicos y obsecuentes al servicio del jefe de turno.

 

La Independencia o la dominación esta en nuestras manos. Como antes, como siempre …

 

 

 

 

 

Prof. Daniela. A. Bambill

Directora de Patrimonio y Turismo Cultural

Instituto de las Culturas

Gobierno Municipal de Almirante Brown

(011) 4214 1268