"Alto Calafate" ofreció el precio más barato que la del pariente. pero la empresa desestimó la oferta y contrato a su pariente. Todo queda en familia.

-YO SEÑOR? -¡SI SEÑOR! PUES ENTONCES…

Aerolíneas Argentinas le dió la concesión para el alojamiento de los pilotos en El Calafate a una empresa de familiares del Jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña.

Redacción EN ORSAI

22 de mayo de 2016

Después de abiertos los sobres en presencia del escribano, encontraron que Alto Calafate había presentado el precio más barato

Aerolíneas Argentinas le dió la concesión para el alojamiento de los pilotos en El Calafate a una empresa de familiares del Jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña.

El hotel «Esplendor» es de Turismo Doss S.A. de la familia del jefe de gabinete, Marcos Peña Braun. (La madre es de apellido Braun)

Asimismo, Peña es primo de Miguel Braun, Secretario de Comercio de la Nación.

La familia Braun, además de este hotel tiene la cadena de supermercados más grande de la Patagonia,

La Anónima.

Explicación de cómo obtuvo la concesión el hotel de los Braun.

Según el mismo diario oficialista La Nación, los hoteles tenían que proveer a la tripulación de habitaciones de alto nivel, lejos de fuentes emisoras de ruidos como ascensores o máquinas de hielo, con televisores, control de temperatura, sistema de oscurecimiento (black out) y caja de seguridad.

Además, se pidieron adicionales como cortesía.

El primero, el alojamiento para un adulto y un niño de hasta 12 años en la habitación del tripulante sin cargo.

Además de descuentos en consumos como restaurante o lavandería, se solicitó una tarifa con descuento para todo el personal de Aerolíneas y Austral que esté de vacaciones.

Llegaron cuatro propuestas, tres en término Alto Calafate, Esplendor y Xelena y una cuarta, de la posada Los Álamos, que no se convalidó por ser extemporánea.

Allí empezó el derrotero.

Después de abiertos los sobres en presencia del escribano Gustavo Badino, un representante del Departamento de Legales y tres del de Compras, encontraron que Alto Calafate había presentado el precio más barato: $ 1049 por habitación, muy lejos de los $ 1298 que cotizó el segundo (Esplendor) y los $ 1471 del tercero (Xelena).

El expediente tomaba temperatura.

Se les pidió a los escoltas que mejoraran la oferta.

Lo hicieron, aunque, buenos vecinos del poderoso del barrio, ninguno perforó el piso de Alto Calafate.

 

https://www.enorsai.com.ar/politica/18699-aerolineas-le-dio-la-concesion-para-el-alojamiento-de-los-pilotos-a-familiares-marcos-pena.html

 

«LA ANONIMA»

(SU PASADO OCULTO)

Por Elsa Pfleiderer*

Una frase solitaria en una inmensa pared. Una frase rebelde intentando atravesar una larga historia de desmemorias y olvido: «ASESINOS DEL PASADO, EXPLOTADORES DE HOY»

¿Quiénes se atreven a ensuciar el edificio de «La Anónima» con tal irreverencia?

¿ Por qué volver sobre el pasado, anteponerse al camino del progreso?

Son jóvenes en la edad del desprejuicio –los veinte años –; la edad del valor – si las hay – los que ponen en palabras la cuestión sospechada y elípticamente murmurada del dudoso origen de los capitales de esta antigua empresa originaria del sur argentino.

El sujeto de la frase que eligen, sintetiza a secas lo que recién hace poco más de una década ha podido conocerse como resultado de un intenso trabajo realizado por Osvaldo Bayer, publicado como «La Patagonia rebelde».

El libro abunda en testimonios, manifiestos, se nutre de historias verbales y escritas, y consigue revelar lo que fue la vida en el sur argentino y chileno.

Un sur que muy lejos de ser frío, en los años 20-21, se conmovió intensamente por el movimiento reivindicativo iniciado por los peones rurales, y sobre todo, por la terrible represión militar que le dio fin.

Allí también tenían veinte años algunos jóvenes militares, que fueron obligados a matar a los huelguistas, aleccionados de que se trataba de subversivos y ladrones.

En realidad, obreros y peones no buscaban más que poder agruparse para poder defender cuestiones de vida, para poder salir de la esclavitud, tales eran las condiciones de trabajo entonces.

Un almacén de ramos generales perteneciente a una familia judía que se establece en Punta Arenas, da origen a lo que en 1920 llegan a ser 1.376.160 hectáreas propiedad de una sola familia, los Braun.

Esta extensión de tierras difícilmente haya sido superada en el mundo.

Otras de las familias todopoderosas eran la de José Menéndez, – acusado en el libro de Borrero «La Patagonia trágica», de diezmar a los indígenas del sur –, y la de un portugués: Nogueiras dedicado al transporte.

Pronto la ambición los unió, no sólo como sociedades anónimas, sino también como familias, y los Braun-Menéndez llegaron a ser dueños y señores en el sur.

Fueron dueños de las riquezas de la Patagonia argentina y chilena, «y ante tanta riqueza… a quiénes iban a responder los pobres empleados nacionales enviados a esas tierras, o los comisarios, los jueces de paz, los gobernadores, etc.»…

Por ironía del destino, Yrigoyen se convierte en verdugo de los movimientos populares, a poco de ser abolida la pena de muerte por el Congreso, la Patagonia es escenario de la más cruel de las matanzas.

El marco histórico es el siguiente: en 1920 la Patagonia está en crisis.

Desde el fin de la guerra mundial ha caído el precio de la lana.

La monoproducción los hunde. Hambre, desocupación, miseria.

El presidente parecía actuar en contra de los intereses de los «dueños de la tierra».

Había implantado aduanas, y había ordenado remensurar los campos, quitándoles tierras de las que se habían apropiado ilegalmente.

Todo el país tiembla ante la suba del dólar.

Se culpa al gobierno popular.

Los conflictos obreros van en aumento.

El sur también se organiza.

Las primeras huelgas se hacen para abolir el castigo corporal al que se somete a los peoncitos por parte de los capataces.

A pesar de la falta de comunicaciones, los obreros argentinos y chilenos tenían una intensa relación de contacto y solidaridad.

Ante cada manifestación, la policía reprimía y deportaba a los extranjeros, pero los trabajadores no cedían, y volvían a reorganizarse.

Vale a esta altura detallar algo acerca de la vida de los trabajadores rurales.

Los peones, especialmente en las estancias chicas, dormían en galpones, donde también se guardaban las máquinas.

El menú, consistente solamente en carne de capón, es aún corriente en las estancias patagónicas.

Era condición del peón ser soltero, lo que contribuyó entre otros factores a la despoblación patagónica.

Curiosamente, según relata un soldado de los que actuaron en la represión, en todas las estancias había un cepo, ya que ellos no llevaban esos instrumentos.

Los contratos de trabajo –Bayer transcribe el del frigorífico Swift– son esclavizantes.

Por eso puede decirse sin temor a equivocarse, que lo que más ha conspirado contra el progreso de la Patagonia, ha sido la falta de humanidad en el trato a los obreros.

El protagonista de la represión, ha sido el comandante Varela.

Sin duda muchos otros nombres deberían acompañarlo, pero cuando se recuerda aquella matanza, su nombre es el único que se dice.

A pedido del gobierno nacional, Varela hace una primera expedición, donde resalta que no encuentra más que movilizaciones de reclamo de los trabajadores, que se organizan por sus derechos, y deshecha relatos de bandolerismo contra los patrones por considerarlos exageraciones.

Sin embargo, cuando los petitorios obreros quieren ser implantados a fuerza de huelgas y boicots a los almacenes y hoteles que no respetan los convenios, Mauricio Braun y Alejandro Menéndez Behety viajan a la capital y mueven los hilos para que el ejército ponga fin a estas revueltas que están frenando la esquila.

Varela vuelve con la orden de «cumplir su deber», implícitamente tiene permiso para establecer un estado de sitio, aunque no conste en ningún papel.

La sangre corre por todas partes.

Los obreros son apaleados, fusilados.

Algunos que salvan no quieren hablar de lo que vieron.

En los «combates», el «enemigo» no tiene más que unos pocos revólveres y algunos cuchillos.

Los partes de los enfrentamientos son equívocos.

Pero la tierra queda sembrada de tumbas y fosas comunes.

Horarios demasiado prolongados, sueldos miserrímos, contratos leoninos, y si un trabajador protesta habrá otro que aceptará esas condiciones: porque no hay trabajo, y de algo hay que vivir.

En un contexto diferente, el reclamo parece haber atravesado impertubable un siglo.

No se sabe si por causa o culpa del progreso, de la globalización, de la flexibilización laboral.

Podría pensarse que otro sería el presente de la Patagonia si hubiese podido surgir una clase media de pequeñas empresas, almacenes, industrias artesanales.

Cuando se reprimió a los obreros acusándolos de promover una ideología «extranjerizante», se dio carta blanca a los grandes hacendados que sí se llevaron las riquezas en bruto al exterior, y no hicieron más que para ellos.

Tal vez el graffitti intenta señalar, que en algún sitio se reflexiona sobre el presente que construimos, sobre el pasado que a veces ignoramos.

Aunque la memoria…, quién puede explicar lo que ocurre en la memoria con el dolor, con los recuerdos más tremendos del pasado…

Dice Bayer: «Cuando el viento patagónico había borrado ya hasta la última tumba de los fusilados, en 1967, Mauricio Braun fue reverenciado en todas las ciudades del sur de Argentina y de Chile.

Se hicieron homenajes a su memoria , a los que concurrieron los empleados con sus mejores trajes, gobernadores, ministros, jefes de policía, jefes de regimiento, subprefectos, obispos, párrocos, familias con sus vestidos de domingo: en todas las sucursales de la Sociedad Anónima se recordó el centenario del nacimiento de Mauricio Braun.

Centenares de artículos peridísticos se escribieron en su recordación, y se oficiaron decenas de misas en todo el territorio patagónico en memoria del alma de Mauricio Braun».

El padre salesiano Raúl Entraigas, uno de los historiadores fundamentales de la Patagonia dice recordando al matrimonio Braun: «derramaron el bien en todo el camino que les tocó recorrer… él con toda justicia puede sobrenominarse don Mauricio, el bueno…»

En pleno Barrio Norte, en Ayacucho 1064, José Menéndez y Mauricio Braun son recordados peremnemente en la Capilla del Patrocinio de San José.

Para sostener esta versión romántica de la historia, la misma Anónima publicita su origen como empresa como el fruto de una unión de amor…¤

EP/

 

N&P: El Correo-e de la autora es Elsa Pfleiderer <elsa@powervt.com.ar>

*Elsa Pleiderer es autora del libro «El Vecino».