"El verdadero salario se mide por lo que se puede comprar con él, y no por su valor nominal."

CREER, VER QUE ONDA, DEJAR PASAR, TOLERAR, ESPERAR, COMPRENDER, ENOJARSE, NO AGUANTAR.MÁS.

El gobierno, en la persona de su Secretario de Comercio, tomaba medidas y hacía lo posible por detener ese afán apropiatorio de los empresarios argentinos (siempre con la opinión pública en contra). -«Moreno es un matón», decían mientras el tipo evitaba o morigeraba que los mercaderes te sacaran hoy, más plata, por el mismo producto, sin que mediara una razón válida. Cuando les exigía desarrollo de costos, todos reculaban. Lo acusaban de intervencionista, de coartar la libertad de empresa, y la “gilada” los apoyaba.

Por Juan del Barrio

NAC&POP

18/05/2016

Durante años parte del pueblo argentino toleró pasivamente constantes remarcaciones injustificadas de precios.

Con estúpida complacencia las masas en general aceptaban pagar de más sin preguntarse realmente porqué (y sin rebelarse).

A lo sumo una queja, siempre dirigida hacia el gobierno y jamás al comerciante o la empresa que le estaba sacando dinero de más.

Una simple pregunta: ¿Porqué?» esperando una respuesta del remarcador de precios, que jamás aparecía.

Una elemental reacción: -«No lo compro», el modo básico en que se pone freno al codicioso, era impensable.

El gobierno, en la persona de su Secretario de Comercio, tomaba medidas y hacía lo posible por detener ese afán apropiatorio de los empresarios argentinos (siempre con la opinión pública en contra).

-«Moreno es un matón», decían mientras el tipo evitaba o morigeraba que los mercaderes te sacaran hoy, más plata, por el mismo producto, sin que mediara una razón válida.

Cuando les exigía desarrollo de costos, todos reculaban.

Lo acusaban de intervencionista, de coartar la libertad de empresa, y la “gilada” los apoyaba.

Parecía que nunca el pueblo apoyaba masivamente las medidas necesarias para frenar la remarcación de precios en su propio beneficio.

Nunca jamás “la gente” se interesó realmente en comprender como se forman esos precios, cuáles son los costos reales de los productos, y cómo influye el comercio exterior, en los precios dentro del país, a  raíz de la paridad de cambio.

Claro, era sencillo para todos.

Se dejaba que les aumentaran los precios para luego ir a reclamar aumentos de salarios compensatorios en las paritarias.

¡Total! es lo mismo y el gobierno apoyaba a los gremios para que le «ganaran a la inflación».

Bueno, no es lo mismo.

Porque cuando se permite que cualquiera cobre lo que se le cante por cualquier cosa, suponiendo que uno luego irá a pedir aumento de su propio ingreso, se pierde el sentido de valor.

La moneda pierde significado y simbolismo, y fundamentalmente, se renuncia al poder popular frente a los abusadores.

Si cuando nos remarcaban y las organizaciones de consumidores llamaban a «apagones de compras» y boicoteaba a las empresas, les hubiésemos puesto un freno a tiempo, todos nosotros tendríamos más poder sobre ellos y ellos nos respetarían como consumidores.

Cuando teníamos un gobierno favorable, era el momento, teníamos recursos, las empresas ganaban mucho y no querían que la fiesta se les acabara.

Era el momento para desarrollar nuestro poder, para educarnos, para comprender que no somos una sumatoria de individuos indefensos sino un “conjunto de socios”.

Porque ese es el sentido de la palabra «sociedad».

Sin embargo, cuando algunos advertíamos quiénes nos robaban constantemente, cuando proponíamos medidas para defender nuestra porción de la renta (de la rapiña de estos codiciosos), muy pocos se sumaban y muchos se burlaban.

Hablaban de «Grietas» y aplaudían a Lanata con sus desplantes con eso de: «Yo estoy muy ocupado para cuidar los precios».

Hoy el gobierno es de los empresarios remarcadores, de los evasores de divisas que tienen cuentas en el extranjero, de quienes consideran que el país es de una pequeña minoría que hace grandes negocios y que el resto es “chusma”.

Son ellos, los mismos, todos.

Los que siempre tataban de sacarnos la plata.

Todos en la foto.

Por eso nos han aumentado el agua y el pan y el gobierno los apoya en vez de oponerse, como sí lo hacía el anterior.

Los gremios, que antes conseguían mejorar los salarios reales todos los años, (aún a costa de destruir la moneda), que apoyaron el triunfo del «cambio», hoy se encuentran con la mayor caída del salario, desde hace doce años.

Porque el verdadero salario se mide por lo que se puede comprar con él, y no por su valor nominal.

El gobierno acaba de anunciar que los incrementos de gas no son suficientes y está «estudiando» algunos más.

Antes de que comience el invierno.

Es decir, no sólo los grandes empresarios han decidido ganar más y reducir los salarios y el reparto general de la renta con anuencia del Estado.

Es el Estado mismo en manos de esos grandes empresarios el que decide que usted tendrá menos pan, menos calor, menos luz, menos agua.

Ese es el cambio que votó una gilada a la cual le iba bien, aún en medio de la mayor crisis económica mundial de los últimos cincuenta años.

Vendían, se iban de vacaciones, compraban, ahorraban, pensaban en cambiar el coche o de agrandar la empresa.

El trabajador llegaba y el pobre comía y tenía esperanza.

Hoy, todos ellos están, como mínimo, angustiados.

Y algunos ya comen menos.

No aprendimos nada y regalamos el poder.

Hoy lo estamos pagando.

Sin un mango.

Bueno, habrá que organizarse y marchar.

Marchar

Iremos marchando…

¿Te sumas?

 

JdB/