Se siente como si, injustamente, un grupo de intrusos nos hubieran cerrado las puertas del Estado benefactor en las narices.

DEMASIADO TARDE PARA EL PJ Y DEMASIADO PRONTO PARA LA UNIDAD

por Daniel Santoro*

Pasamos estos meses en medio de la incertidumbre, y luego del magnicidio simbólico producido en la cena presidencial del Centro Cultural Néstor Kirchner, una serie de fenómenos concomitantes parecen trabar el flujo de los acontecimientos. No hay conducción, nadie administra la economía de fuerzas, como un dínamo, la energía militante se derrama y provoca una catarata de hechos, movilizaciones, encuentros y charlas a las que acuden multitudes, es un activismo que entusiasma y apena al mismo tiempo.

Por Daniel Santoro
NAC&POP
03/04/2016

Pasamos estos meses en medio de la incertidumbre, y luego del magnicidio simbólico producido en la cena presidencial del Centro Cultural Néstor Kirchner, una serie de fenómenos concomitantes parecen trabar el flujo de los acontecimientos.

No hay conducción, nadie administra la economía de fuerzas, como un dínamo, la energía militante se derrama y provoca una catarata de hechos, movilizaciones, encuentros y charlas a las que acuden multitudes, es un activismo que entusiasma y apena al mismo tiempo.

Se siente como si, injustamente, un grupo de intrusos nos hubieran cerrado las puertas del Estado benefactor en las narices.

La realidad es impiadosa y desde las provincias llegan encadenadas muchas malas noticias, es que hay un territorio para gobernar, y el “resistir con aguante” no es una buena consigna cuando se trata, esencialmente, de pagar los sueldos, con la hostilidad del gobierno central.

El 48.5% de los votos obtenidos en el ballotage es tomado más como una “casi victoria” que como la penosa derrota que en realidad fue, como victoria le sobran padres, y entusiastas patrocinadores, por lo tanto nadie cree tener la necesidad de dar un paso al costado, muchos, en cambio, creen haber sumado a esa “casi victoria”, e incluso buscan un reconocimiento.

Parece que bastara con dejar pasar este mal trago, este momento desdichado, para volver con todas las fuerzas, cada uno de nuevo en su lugar, es como si nadie abandonara su puesto de lucha, ni siquiera para tomarse el tiempo y el espacio para la lógica autocrítica.

Se pelea una y otra vez una batalla que ya se perdió.

El desgaste vendrá y tendrá la forma de la dispersión, las elecciones de medio término serán el catalizador, sospecho que la autocrítica que no se realizó a tiempo nos dejará al menos tres tristes partidos para el próximo desafío electoral:

1-Un peronismo sin rumbo, desmotivado, cansado y adormecido en el territorio.

2- El kirchnerismo energético y de rumbo fijo, con el volante bien trabado y acelerando en el barro, sumado a esto un escaso anclaje territorial.

3- Como es habitual, un partido progresista, un poco mañoso y que funcionará como resto no asimilable al conjunto.

Entonces si, tal vez sea ese el comienzo de una verdadera renovación, reconstrucción, porque cada uno deberá hacerse cargo de su inevitable derrota personalizada, será la hora de reiniciar el movimiento nacional.

En el kirchnerismo se suelen retomar con entusiasmo frases del viejo alfonsinismo, últimamente se lo citó (corrigiendo a Perón) diciendo que “si la política solo es el arte de lo posible, entonces termina siendo el arte de la resignación”, esto lo dijo Raúl Alfonsín, que además de ser un gran demócrata, fue también un gran artista de la resignación (obediencia de vida y punto final, felices pascuas, reforma de la constitución, etc.), supongo que no entendió que la política siempre es el arte de lo posible, para lo imposible está el Mayo francés o el atolondrado “ir por todo”, Perón aclaraba que el arte está en saber negociar y preservar lo importante para uno, ese 50% que hace la diferencia.

Como consuelo tendríamos otra citada frase de Alfonsín, cuando les dice a los radicales que “deben prepararse para perder elecciones antes que volverse conservadores”, un pedido cómodo para el radicalismo pero que está fuera del cálculo peronista, en cualquiera de sus formas, incluida la kirchnerista.
NOTA: Daniel Santoro, el Bueno*, publicó un texto revulsivo en Revolución Tinta Limón, el blog de Martín Rodríguez. Me enteré a través de un compañero que lo leyó en el blog de Gerardo Fernández y me lo imprimió. El del pintor peronista es un texto breve, que está llamado a disparar un amarga discusión. Digamos que pone el dedo en la llaga, y que posiblemente estas pocas letras sirvan de disparador de debates que no podrán evitar el sabor de la hiel. No quiero resignarme a creer que el futuro del movimiento nacional sea el que Santoro vaticina, pero coincido con él en mi sorpresa y amargura al ver que quienes chocaron la calesita y son claramente mariscales de la derrota ni siquiera se percanten de su mufosa condición. Gran parte del pueblo argentino, sin conducción efectiva y agradecida por los gobiernos de Néstor y Cristina (pero en importante medida estufada de lo modos de ella, de los Massa, los Lousteau, los Bossio, los Insaurralde, los Ottavis, pero también los HIJOS adoptados –porque la Operación Hijitus fracasó; ser hijo de desaparecido no es ningún mérito y en principio es posible presumir que han sido malcriados, ya sea por sus abuelas, ya sea por represores – y los gerentitos de La Cámpora y su estentórea incompetencia) está huérfano, La ¿estrategia? seguida por quienes no se enteran que son mufas, gafes, que deben recomenzar desde abajo, es no hacerse cargo. Pero hasta los niños de teta saben que no había manera de perder las elecciones si no era enhebrando un rosario de increíbles metidas de pata. Juan José Salinas /Pajaro Rojo/ 05/04/2016

*Para nosotros hay un Daniel Santoro bueno, el plástico maravilloso que dibujó las Evita que están en el ex Ministerio de Obras públicas de la Nación en la avenida 9 de Julio, en Buenos Aires dueño de una prodigiosa obra acerca del peronismo y sus circunstancias desde lo cultural. También se alude a un Daniel Santoro en este caso, el malo, que es uno de los periodistas gorilas premiados internacionalmente por ser cagatintas del diario Clarín.