¡Un compañero maravilloso Julio Morresi asciende al Comando Celestial a encontrarse con Norberto su hijo asesinado y con Evita, Perón y Néstor!!

UN PADRE DE PLAZA DE MAYO AL COMANDO CELESTIAL

Fue miembro de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, y desde principios del año1977 participó junto a las Madres de Plaza de Mayo en sus marchas de los días jueves. «Con enorme tristeza les digo que mi papá Julio Morresi falleció en la madrugada de un ataque cardíaco», escribió en Twitter su hijo Claudio, ex Secretario de Deportes

ClaudioMorresisecdeDeportes-450-A

«Con enorme tristeza les digo que mi papá Julio Morresi falleció en la madrugada de un ataque cardíaco», escribió en Twitter su hijo Claudio, ex Secretario de Deportes, destacado futbolista que pasó por River, Huracán y Vélez y exsecretario de Deportes de la Nación del pasado gobierno.

CFKyJMorresi-450-A

En 2010, junto a los otros «Padres de Plaza de Mayo», recibió el “Premio Azucena Villaflor” a la trayectoria en Derechos Humanos, de manos de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

LitaMorresiEstelaIbarra-450-A

Además en el 2009, fue declarado “Personalidad destacada en el campo de los Derechos Humanos” * por la Legislatura porteña por iniciativa de los legisladores Gabriela Alegre y Juan Cabandié.

UN PADRE

MorresiNorbertocolor-320-A

Por Hugo Soriani
Pagina/12
(Excelente reportaje de Soriani a un padre de los nuestros)

“A Norberto lo detuvieron el veintitrés de abril del ‘76 en un control policial.

Iba en una camioneta, junto a otro compañero, y llevaban a la parroquia de la villa donde hacían trabajo social ejemplares de Evita Montonera, una revista que, veinte días antes, también se vendía en los kioscos.

Tuvimos que esperar hasta 1989 para enterarnos de cómo lo habían matado.”

El que habla es Julio Morresi, un padre de Plaza de Mayo, uno de los quince que acompañaban a sus mujeres en las primeras rondas de los jueves alrededor de la Pirámide.

“Azucena Villaflor fue la primera en darse cuenta de las mentiras con las que pretendían desviarnos de nuestra lucha,” recuerda Julio.

El apellido Morresi suena familiar para cualquiera que le guste el fútbol.

Claudio Morresi, hermano menor de Norberto, brilló en Huracán, en Vélez y en aquel River del Bambino que se ganó todas las copas.

“Claudio debutaba en la novena de Huracán, tenía trece años y estaba nervioso porque la noche anterior su hermano no había regresado a casa.

Yo no pude ir a verlo porque con Irma, mi mujer, estábamos buscando a Norberto.

Pero fue el tío y, para que Claudio jugara tranquilo, se acercó al alambrado y le dijo que Norberto ya había llamado por teléfono y estaba bien.”

“Norberto también era bueno con la pelota, un cinco muy metedor; los dos jugaron juntos en Bristol, un equipo de Parque Patricios que les ganaba a todos. Claudio debutó con nueve años y metió cuatro goles”.

A Julio se le ilumina la cara con el recuerdo de sus hijos goleando en las canchitas del barrio.

Pero Norberto cambió los botines por la militancia en la UES y los entrenamientos por el trabajo social en las villas.

La Argentina de los ‘70 convocaba a cambiar el mundo y desde las aulas del Rivadavia él soñaba despierto.

A Julio Morresi no le costaba entenderlo, en su casa el fútbol y la política eran temas de largas sobremesas y cada baldosa de Parque Patricios, su barrio de toda la vida, respiraba peronismo.

“Yo me siento responsable de que Norberto haya sido tan peronista.

De mi mano fue a Ezeiza a recibir al General y de mi mano corrió Norberto cuando empezó la masacre.

Yo peleé la interna para Cafiero y hasta voté la primera vez a Menem.

A veces pienso que lo que le pasó a Norberto me tendría que haber pasado a mí, que fui el que siempre gritaba aquello de ‘la vida por Perón’, pero también estoy orgulloso de su militancia.

Norberto fue generoso, honesto, y con sus cortitos diecisiete años tuvo tiempo para hacer títeres en la villa, para recibirse con las mejores notas y hasta para llevarse una materia a diciembre para que no lo cargaran por traga.”

Sí, Norberto Morresi tenía diecisiete años cuando le pegaron seis tiros en la cara.

Lo fusilaron con las manos atadas a la espalda y lo enterraron como NN junto a un compañero, Luis María Roberto, en un cementerio de General Villegas.

Papá Morresi no dejó puerta sin tocar.

Se entrevistó con jefes militares, obispos, embajadores y cuanta persona pudiera interceder por la suerte de su hijo.

Aún recuerda el cínico interrogatorio al que lo sometió monseñor Gracelli que, en lugar de dar, quería sacarle información sobre los compañeros de Norberto.

Recuerda, también, a una mujer que lo llamó por teléfono de parte del “Capitán García” y le dio varias citas prometiéndole la libertad del pibe.

“La veía en un departamento en la calle Guayaquil, en Caballito, y con Irma hasta le regalamos unos zapatos muy finos que yo hacía en mi taller y una cartera haciendo juego.

Vivíamos esperando sus llamados, para mí esa mujer era la Virgen.

Un día nos dijo que Norberto, en lugar de cena, la noche anterior había pedido tres manzanas verdes.

Creímos estar cerca de la verdad, porque a él le encantaban las manzanas verdes.”

Papá y mamá Morresi juntaron los ahorros de toda la vida, pidieron prestado, vendieron lo que hacía falta y les entregaron cincuenta mil dólares a la mujer que prometió la libertad de su hijo.

Dos días después, Julio se presentó con una valija en la casa de la mujer para viajar junto a Norberto a Suiza, tal como le habían prometido.

Pero el departamento estaba vacío, la delegada del “Capitán García” se había mudado durante el fin de semana y Julio casi ahorca al portero de la desesperación.

El golpe hizo flaquear a Irma, que cayó en una depresión de la que sólo salía cuando veía crecer a Claudio sano, fuerte y llenando las canchas con su fútbol.

Don Julio seguía persiguiendo la verdad, que le llegó en 1989 de la mano del equipo de Antropología Forense.

La pista la dio una de las setenta carpetas que el Primer Cuerpo de Ejército remitió a la Justicia cuando se juzgó a las juntas.

En ella se hablaba de dos cuerpos enterrados en el cementerio de General Villegas y los datos coincidían.

“Soy un privilegiado –dice papá Morresi–, pude identificar el cuerpo de mi hijo, verlo, darle sepultura.

Fueron muchos años en los que caminé por las calles, creyendo que era alguno de los que pasaban a mi lado.

Un día frené el auto y encaré a un linyera creyendo que era él.

Porque pensábamos que en la tortura podía haber perdido la memoria y andar errante o en algún manicomio.

Tampoco dejamos loquero por recorrer, entrábamos y mirábamos las caras de todos los internados buscando a los nuestros.

Tuve el privilegio de enterrar a mi hijo –repite Morresi–, y de saber que casi no tuvieron tiempo de torturarlo.

Lo mataron el mismo día que lo detuvieron.”

Julio tiene setenta y cuatro años, habla pausado, tiene una mirada serena y transmite dignidad en cada uno de sus gestos.

Muestra orgulloso la foto de Norberto, “era risa pura, lindo y hacía suspirar a las muchachas.”

No es difícil imaginarlo llevando de la mano a sus hijos, camino de la escuela, o despertándose en la madrugada para alcanzarles agua o aliviar sus pesadillas.

Julio sigue acompañando la marcha de los jueves, incansable en la denuncia de los asesinos, persiguiendo justicia.

Sus ojos celestes no reflejan odio, sino la tristeza infinita de tantos padres a los que el terrorismo de Estado les robó a sus hijos.

No pide mano dura ni más leyes represivas, porque su experiencia de años lo hizo descreído de esas soluciones.

Lo hizo inclaudicable y sabio.

Este domingo, su día, Julio hará uso de su extraño privilegio.

Le llevará flores a Norberto y, mientras arregla los claveles junto a Irma y a Claudio, podrá recordar aquellos triunfos de Bristol, o las horas que pasó junto a sus hijos, practicando con qué cara del pie se le pega mejor a la pelota.

Este domingo, su día, Julio Morresi, un padre.

Miles de padres.

Su padre Julio Morresi

Norberto Julio Morresi
Desaparecido el 23/4/76

«Norberto Julio Morresi, desaparecido el 23-4-76, a la edad de 17 años, fue secuestrado y asesinado el mismo día de su detención, en un operativo realizado por fuerzas conjuntas, al encontrarle con otro compañero Luis María Roberto ejemplares de la revista «Evita Montonera».

Después de 13 años o sea en el año 1989, los cuerpos de los dos fueron encontrado por los antropólogos forenses enterrados como NN, en el cementerio de General Villegas.

Al ser exhumados los cuerpos se comprobó que a Norberto lo asesinaron de 6 balazos en la cabeza disparados a corta distancia y a Luis María de varios disparos en el cuerpo también a corta distancia.

Brindo esta información para que se sepa la realidad de lo que ocurrió en esos años de la terrible y genocida dictadura militar.»
Carta de Mercedes

Conocí a Norbertito en el club Geba.

Mi nombre es Mercedes y mi hermana se llama María del Carmen. Íbamos las dos al club y conocimos a Norbertito y a Claudio, éramos de la misma barra de amigos.

Me enteré hace muchos años lo que le pasó, pero hasta que no vi a Claudio en televisión no lo creí realmente.

Imagino lo que habrán sufrido sus padres, ya que en la época del club, muchas veces cuando los chicos tardaban en llegar, llamaban a mi casa para saber si nosotras habíamos llegado.

La época del club fue la mas hermosa de mi vida y me acuerdo de todos los chicos y chicas, aunque no los ví más

Por su labor en el campo de los derechos humanos
LA LEGISLATURA PORTEÑA DISTINGUIÓ A JULIO MORRESI
04/11/2009

La Legislatura porteña honró a Julio Morresi por su labor en el campo de los derechos humanos.

Julio es padre del actual subsecretario de Deportes de la Nación, el ex-futbolista Claudio Morresi, cuyo hermano mayor —Norberto— fue asesinado en 1976, mientras se dirigía a una villa en la que realizaba trabajado social.

Recién en 1989 la familia Morresi pudo identificar los restos de Norberto, gracias a la labor del Equipo de Antropología Forense.

“A Norberto lo detuvieron el veintitrés de abril del ‘76 en un control policial.

Norberto Morresi tenía diecisiete años cuando le pegaron seis tiros en la cara con las manos atadas a la espalda.
Lo enterraron como NN junto a un compañero, Luis María Roberto, en un cementerio de General Villegas.

La desesperada búsqueda del hijo desaparecido que emprendió en aquel entonces Julio junto a su esposa los llevaron a vincularse con Azucena Villaflor en el incipiente grupo de quienes luego serían reconocidas en todo el mundo como Las Madre de Plaza de Mayo.

Desde entonces, ambos siguen participando de la ronda semanal los días jueves en torno a la pirámide de la Plaza y trabajando con Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, organización de la que forman parte.

La distinción de «Personalidad destacada en el campo de los derechos humanos” le fue entregada a Julio Morresi por los legisladores Juan Cabandié (hijo de desaparecidos que recuperó su identidad) y Grabriela Alegre.

Morresi hizo uso de la palabra para decir que “hoy es un día muy especial porque recuperamos al nieto 98».

Reafirmaba su compromiso militante que no cejaría “hasta encontrar a los compañeros de mi hijo y los 30.000 desaparecidos”.

En la emotiva ceremonia también habó Facundo, uno de sus nietos.

“Juraste que no ibas a pasar un día sin luchar por buscar justicia por el tío y por los 30.000 desaparecidos por lo que nosotros desde acá y el tío desde el cielo te lo agradecemos”, dijo el joven.

 NORBERTO MORRESI, UN PIBE DEL BARRIO

JulioeIrmaMorresi-450-A

Por Leticia Marrone *
LA URDIMBRE

23/05//2013

Foto: Raúl Ferrari/Télam/aa

Julio e Irma, los padres de Norberto Morresi, el joven de 17 años que vivía en Parque Patricios —asesinado por los militares en 1976— y el hijo de su hermano Claudio, en el acto donde se impuso el nombre de «Norberto Morresi» a una escuela de reingreso en el barrio de Parque Patricios.

Norberto, “el Rata” para los amigos, mi vecino de la calle Garro.

Diecisiete años, lindo chico, estudiante del Bernardino Rivadavia, siempre el mejor promedio, pero sobre todo buen pibe.

Hijo de Don Julio, un amable señor, conocido por todo aquel que quiere comprar, vender o alquilar una casa en el barrio.

Su mamá Irma, mi vecina preferida, siempre viste una sonrisa que nos regala sin que hagamos demasiado esfuerzo.

Norberto estudia música en la Escuela de Coro y Orquesta del Bernasconi.

Tiene una pasión, el fútbol.

Y como el de todos los que nacemos en Parque Patricios un destino casi inexorable, ser quemero. Siempre fue hábil jugando a la pelota, desde chiquito en la placita se destacaba.

Y sin embargo, fue su hermano Claudio quien cumplió el sueño de todos: entró a jugar en Huracán.

El Rata colgó los botines.

El tiempo que le quedaba cuando salía de la escuela lo dedicaba a enseñar a leer y escribir.

Se iba a la villa de Zavaleta y ahí con otros compañeros de la Unión de Estudiantes Secundarios organizaba clases para quienes se quedaban afuera del sistema escolar formal.

Así, decía, iban a cambiar el mundo.

Calle Juan Carlos Gómez, casi donde termina el pasaje, una escuela pública.

De reingreso le dicen, la EEM Nº 1 DE 5.

Acto escolar, entra la bandera de ceremonia.

Todos de pie, cantamos el himno.

Dos profes, Ignacio y Gastón.

Muchos estudiantes revoltosos, como suelen ser los adolescentes.

Algunos de ellos con sus hijos, decidieron volver a la escuela para terminar sus estudios.

Por suerte les tocaron profes piolas y una directora de lo más simpática.

Entre todos deciden cambiarle el nombre a la institución, o mejor dicho darle un nombre.

La tarea les lleva años.

Voto democrático con urnas y todo.

Hasta un blog crearon, para que puedan votar los vecinos argumentando su elección.

Gente tozuda, tanto que llegan hasta la Legislatura de la Ciudad.

Hoy 21 de mayo de 2013 la escuela tiene nuevo nombre: Norberto Julio Morresi.

Hoy 21 de mayo de 2013 “el Rata” hubiera cumplido 55 años.

Es uno de los 121 pibes que se afanaron del barrio. 121 de los 30.000.

Los profes Ignacio y Gastón tienen poco más que los años que tuviste entonces.

Y se los ve orgullosos.

Y es que tu ausencia, así, duele un poco menos. Los chicos llamaron “alta fiesta Morresi” al bautismo de la escuela.

Dicen que sos un ejemplo a seguir.

¡Cuánta esperanza devuelven!

Hoy doña Irma sonreía y a Don Julio le temblaba la voz de la emoción.

Dejaste tu huella en el barrio y hoy está más viva que nunca.

* Socióloga, vecina de Parque Patricios

MacarenaMorresiMG-450-A
NOTA DE LA NAC&POP: Me cruce muchas veces con Don julio. Era cholulo de él. Compartía alguno de los actos adonde el iba y yo también. su militancia en «familiares» era evidente. Hablé muchas veces con el, como en este caso, cuando nos reunimos con Macarena Gelman a quien conoci por una amiga. Una vez me conto la militancia de Norberto. «Eran pibes buenos, narraba Don julio. Se preocupaban por las cosas que les pasaban a los chicos de la Villa. Les conseguian cosas. los ayudaban. El y todos los que estaban con él. Eran buenos. por eso los mataron. Es una injusticia terrible. » Don Julio era peronista de alma y vida. Era un Compañero. Seguramente le hubiera gustado estar mas con Claudio, el crack de fútbol, el idolo de River, el jugador de la Seleccion Nacional. El Secretario de deportes de la Nación de Cristina. Un gran tipo Claudio, como Norberto, como Don Julio. Hijo e´Tigre. Tan modesto, humilde, talentoso. Nunca pudieron superar la injusticia acometida por el Proceso con Norberto aquel pibe bueno, compañero. Aquellos pibes asesinados por el imperialimo, por Henry Kisisinger. Por los expertos en torturas franceses. Pibes como los que militan hoy. A quienes criminalizan como «ñoquis» y los expulsan del Estado con la idea de que el trabajo en el Estado, no es trabajo. ahorran sueldos para pagarle a los buitres. Vaya Don Julio. Ya es hora de descansar. de fundirse en un abrazo con Norberto. Mucho tiempo separados. Don julio. Querido Don Julio, compañero peronista. militante de la vida y el amor. MARTIN GARCIA/ N&P/<garciacmartin@gmail.com>