Me enseñaron a cantar y a sentir a Violeta Parra, me mimaban y se que yo los quería mucho.

JAIME Y CECILIA : HEROISMOS ANONIMOS, REENCUENTROS ENTRAÑABLES. MEMORIAS DE UNA GESTA HEROICA

Por Laura Judith Aprozov

El segundo recuerdo es verme con 8 años, estrechar entre mis brazos frágiles a un bebé que acababa de nacer en el dormitorio de mis padres. Su Madre llegó de Chile, huyendo de la violenta dictadura de Pinochet. Y siempre guarde entre mis mas calidos recuerdos a una niñita chilena de dos años, que vivía en mi casa. Para mí era tan normal, que chilenos vivieran en mi casa…

NAC&POP
28/02/2016

El primer recuerdo que tengo de mi misma es una imagen a los tres años.

Sigilosamente. trepándome a la mesa de la cocina para robar una cucharada de dulce de leche, la sonrisa cómplice de mi mami y un beso de mi papi.

Todo un logro de Laurita.

El segundo recuerdo es verme con 8 años, estrechar entre mis brazos frágiles a un bebé que acababa de nacer en el dormitorio de mis padres.

Su Madre llegó de Chile, huyendo de la violenta dictadura de Pinochet.

Y siempre guarde entre mis mas calidos recuerdos a una niñita chilena de dos años, que vivía en mi casa.

Para mí era tan normal, que chilenos vivieran en mi casa…

Llegaban y se iban…pero esta niña y sus padres eran especiales.

Me enseñaron a cantar y a sentir a Violeta Parra, me mimaban y se que yo los quería mucho.

Eran Cecilia y Jaime con su guagua Marcelita.

En 1977 regresaron a Chile, al comienzo llegaron algunas cartas.

Pero luego, como para todos era peligroso continuar con el contacto, la amistad quedó en un fuerte recuerdo de mi niñez.

Luego llegó la noche en la que dejé mi infancia.

26 de Julio de 1976.

Los milicos rompiendo todo.

Robando todo.

Dejando mi casa en ruinas… llevándose mi infancia.

Burlándose de las vidas.

Un día después mi mamá y yo abandonamos Quilmes.

Por tres meses dormimos en trenes y cines continuados de barrios.

Solas, sin dinero, con frío, con terror, y yo con sarampión.

Jamás nadie podrá explicar con palabras el terror helado que cala los huesos, cuando la vida está en peligro.

Los años transcurrieron acomodándose a la realidad.

Crecí. Viajé. Llegó la soñada democracia.

Me enamoré.

Tuve hijos. Canté. Grité. Reí. Lloré.

Todo normal.

Una vida como la tuya.

Como la de cualquiera.

Y cada tanto me preguntaba por los compañeros que pasaron por nuestra casa… y por los chilenos a quienes dimos hogar.

Supe de muchas muertes y de ninguna tumba.

Supe de embarazos sin bebes a quienes acunar.

Los busqué.

¿Me habrán buscado?

Quise ser famosa para que me vieran por TV y asi volver a abrazar a Dante, a Pita, a Martita…

Nada de eso ocurrió.

Pero hoy, en el cajón de recuerdos que me dejó mi mamá encontré una carta.

La carta fechada el 24 de Julio de 1977, remitente:

Cecilia López. Valparaíso. Santiago de Chile.

Por fin un apellido por donde comenzar a buscar.

De inmediato tomé mi celular y busque su nombre en Facebook.

Y encontré a la niñita con quien solía jugar Marcela quien al igual que yo, ya no es una Guagua.

Pocos minutos después me llegaba desde el otro lado de la cordillera un llamado. Eran Jaime y Cecilia.

Lloramos.

Y nos besamos a la distancia.

Ellos habían vuelto a Buenos aires varias veces y fueron a mi casa de Quilmes, pero nadie supo decirles sobre nosotros.

Creyeron que mi padre era un desaparecido mas y se alegraron de saber que logró sobrevivir.

También les conté que mi mami murió entre mis brazos con la dignidad y el amor que ella se había ganado por una vida repleta de coraje y convicciones.

Esa tecnología que nos aísla y nos separa, nos controla y vigila, hoy iluminó a la Laurita de ayer con un solcito tibio de esos que curan viejas heridas.

Jaime y Cecilia viajarán a mediados de abril a Buenos Aires para abrazarme, no a mi, sino a la niña que conocieron y que tantos abrazos necesitó en sus noches de miedo y pesadillas.

A veces el reencuentro con el otro te devuelve una parte de vos misma, que guardabas entre nieblas en un rincón del alma.

¡Querida Laurita, hoy te abraza mi corazón!

LJA/

N&P: El Correo-e de la autora es Laura Judith Aprozov lauraredcomunicacion@gmail.com