La fue observando entre la gente hasta que casí subiendo al hall, se le acercó y le habló.

HISTORIA MINIMA

Por Daniela Bambill

Le pregunté hasta donde iban, me respondió que a Constitución, un señor estaba atento a lo que conversabamos y no me di cuenta, hasta que ella me dijo «siempre me hace lo mismo», le respondí «no le des bola, cuando dejes de seguirlo y ante el histeriqueo lo mandes a cagar viene solito» el señor que estaba atento, dijo «es verdad, somos todos iguales, te lo dice un viejo»

NAC&POP

15/02/2016

Situación real:

Ayer por la tarde, Estación Avenida de Mayo:

Una pareja discute, él se va para un lado para el otro, ella lo persigue e intenta hablarle, el la ignora y gira compulsivamente de un lado a otro.

Ella, una nena, tendría no más de 20 años, él un poco más grande, con un atuendo y aspecto muy particular (supongo que no tendría más de 25 y pertenecería a alguna «tribu urbana»).

En un momento él levanta la voz y le dice «no cercenes mi libertad, quiero estar solo!»

Ella sonrojada le hablaba bajito, él la evitaba.

En un momento el le grita «quiero irme solo, dejame libre!» histriónicamente.

Ella se sienta en un banco y llora, él camina hacia otro lado, pero la mira desde lejos, ella no lo ve.

Me le acerco y le digo que no llore, me mira con su carita de nena angustiada, «son todos iguales, histéricos y boludos, te hizo un acting y te está mirando a ver que haces, secate las lágrimas, y no lo mires».

Ella me mira sorprendida y sonrie tímidamente.

Viene el subte, le dije subí conmigo antes de llegar a destino va a venir a buscarte», la nena se «pega a mí», él deja subir a la gente y «monitorea que ella suba», él sube luego que la ve subir.

Le dije » ponete de espaldas y yo te cuento que hace», ella me hace caso.

Le fui relatando como «cogoteaba» para no perdela de vista.

Le pregunté hasta donde iban, me respondió que a Constitución, un señor estaba atento a lo que conversabamos y no me di cuenta, hasta que ella me dijo «siempre me hace lo mismo», le respondí «no le des bola, cuando dejes de seguirlo y ante el histeriqueo lo mandes a cagar viene solito» el señor que estaba atento, dijo «es verdad, somos todos iguales, te lo dice un viejo»

Los tres nos sonreimos.

Llegamos a Constitución y ella bajó por un lado y él por el mismo lado del tren que yo.

La fue observando entre la gente hasta que casí subiendo al hall, se le acercó y le habló.

El señor iba caminando cerca mío, guiñó un ojo y los perdí a los 3 de vista.

Continué mi viaje pensando en otra cosa.

Hace un rato me vino la escena a la memoria….

Nada, cosas que pasan en este bochornoso y espantoso febrero.

Historias mínimas que nos atraviesan por casualidad.

DB/