En su afán de asistir a un moribundo, contrajo la lepra al negarse a rechazar un mate que un paisano le ofreció.

EL CURA GAUCHO SERA EL PRIMER SANTO ARGENTINO

Por Pablo Adrián Vázquez*

El otrora cardenal Jorge Bergoglio calificó oportunamente a Brochero como «un cura con olor a ovejas», nominándolo como ejemplo sacerdotal por su estilo pastoral. Previo a la designación como santo de la Iglesia Católica, también se tuvieron que seguir pasos más sencillos como fueron distintas resoluciones teológicas y la consideración de obispos y cardenales en el Vaticano.

AGENDA DE REFLEXION

22/01/2016

El sábado 14 de septiembre de 2013 será recordado como la beatificación del Cura Brochero, pero ¿quién fue este insigne argentino?

José Gabriel del Rosario Brochero nació el 16 de marzo de 1840 en Carreta Quemada, vecindad de Santa Rosa de Río Primero, a mitad camino entre las ciudades de Córdoba y Mar Chiquita.

Su padre, Vicente Ignacio Brochero, procedía de una familia con larga tradición militar, en tanto que su madre, Petrona Dávila procedía de una familia de origen portugués.

En 1856, ingresa al colegio seminario Nuestra Señora de Loreto como pensionista.

Por ese entonces, Brochero decidió consagrar su vida al sacerdocio.

Luego de una estadía en el seminario, recibió su confirmación el día 11 de octubre de 1857.

En 1862, el 4 de noviembre en la Iglesia Catedral, el Obispo Dr. José Vicente Ramírez de Arellano le confirió el Sagrado Orden del Presbiterado.

En diciembre de 1866, celebró su primera misa.

Al año siguiente, regresa a Santa Rosa para acompañar a su madre viuda y permanece allí hasta fines de 1867.

Su vuelta a Córdoba coincidió con una epidemia de cólera que asoló a los habitantes.

Cuando muchos decidieron resguardarse de la enfermedad, él participó activamente, poniendo en peligro su vida.

De esta manera, atendió a los enfermos, llevó consuela y fortaleza espiritual a los moribundos.

El 18 de noviembre de 1869 es designado para hacerse cargo del Curato de San Alberto con sede en San Pedro, en el Valle de Traslasierra.

Una vez que cesó la peste, Brochero partió hacia su nuevo destino y asume el cargo del 5 de diciembre.

Después de su llegada, en 1869, decidió promover el bien espiritual de sus fieles, comenzó a llevar a Córdoba grandes contingentes de hombres serranos, paisanos, y mujeres para que realizaran ejercicios espirituales según el método de San Ignacio de Loyola.

Su estancia en San Pedro no fue prolongada; las causas que aducen quienes se dedicaron al estudio de su vida no son lo suficientemente claras y precisas.

Motivado por la convocatoria que las travesías que emprendían los serranos para realizar sus ejercicios espirituales y atendiendo a las dificultades del viaje, la cantidad de días que los que el viaje implicaba y pensando en posibilitar una mayor participación, Brochero se propone edificar dentro del Curato una Casa de Ejercicios.

De esta manera, el 16 de agosto de 1875 colocó la piedra fundamental.

Impulsó la construcción de un colegio de niñas que abrió sus puertas el 3 de febrero de1880 atendido por las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, a quienes el propio Brochero trasladó desde Córdoba.

El instituto albergó a niñas y señoritas de la zona.

Por otro lado, trabajó incansablemente para sacar a Traslasierra del aislamiento que mantenía respecto del resto de la provincia.

El Cura Brochero fue también el impulsor de la construcción de canales de regadío, extensión de acequias y canales, establecimiento de molinos y el pedido de la construcción de escuelas.

Por último, fue también el promotor de extensión de un ramal del ferrocarril que correría desde Soto correría hasta Villa Dolores.

En su afán de asistir a un moribundo, contrajo la lepra al negarse a rechazar un mate que un paisano le ofreció.

Cuando Brochero se enteró que estaba enfermo, presentó la renuncia definitiva al Curato de San Alberto, el 2 de febrero de 1908.

El sacerdote recibió la enfermedad como un don de Dios.

Su salud fue deteriorándose paulatinamente; sus últimos años transcurrieron en la casa de su hermana Aurora, a una cuadra de la casa de ejercicios.

Su hermana y su sobrina lo asistieron hasta el día de su muerte.

Tras soportar intensos dolores, el Cura Gaucho falleció el 26 de enero de 1914.

El Vaticano lo declaró venerable y, por el impulso de Francisco, el 14 de septiembre del 2013, en Villa Cura Brochero, Córdoba, localidad de siete mil habitantes, se desarrolló su beatificación con el Rosario del Aura dando el puntapié inicial a la misa y ceremonia de miles de peregrinos hermanados en Cristo Resucitado bajo una comunidad organizada de fe y esperanza.

«Francisco autoriza próxima canonización del Cura Brochero que será el primer Santo todo argentino», escribió en su cuenta de Twitter el encargado de Ceremonial y Protocolo del Vaticano, monseñor Guillermo Karcher.

El papa Francisco autorizó la canonización del beato José Gabriel del Rosario Brochero, más conocido como Cura Brochero, quien evangelizó a lomo de mula las sierras de Córdoba e hizo propias las necesidades de los sectores más pobres y excluidos de esta región mediterránea.

«Francisco autoriza próxima canonización del Cura Brochero que será el primer Santo todo argentino», escribió en su cuenta de Twitter el encargado de Ceremonial y Protocolo del Vaticano, monseñor Guillermo Karcher.

Es que el Papa promulgó en 2016 el decreto que reconoce el segundo milagro atribuido al presbítero Brochero, validado por una junta médica del Vaticano el pasado 10 de setiembre.

El ‘Cura Gaucho’, como se lo mencionaba a Brochero, vivió entre 1840 y 1914, y movilizaba a miles de hombres y mujeres -campesinos, delincuentes, olvidados- a través de caminos inhóspitos.

Este sacerdote murió sordo, ciego y enfermo de lepra por compartir el mate junto a pacientes con esa enfermedad.

Karcher mencionó que el Cura Brochero será el «primer Santo todo argentino», aludiendo así a la figura de otro santo, San Héctor Valdivielso Sáez, que tras nacer en 1910 en Buenos Aires volvió a España cuatro años después.

Este fue reconocido como uno de los ocho católicos mártires que fueron ejecutados en la llamada Revolución de Turón (Mieres), ocurrida el 9 de octubre de 1934 en Asturias, previo a estallar la Guerra Civil Española.

La canonización del Cura Brochero aprobado por el papa Francisco tuvo lugar tras confirmarse por médicos del Vaticano el segundo milagro atribuido a su obra, confirmándolo como el primer santo nacido y fallecido en Argentina.

Este milagro atribuido al cura nacido en Santa Rosa de Calamuchita, Córdoba, es la rápida recuperación, sin explicación médica, de la niña sanjuanina Camila Brusotti, que sufrió un infarto masivo en el hemisferio cerebral derecho tras una golpiza brutal dada por su madre y su padrastro.

El primer fenómeno comprobado fue también la recuperación ocurrida a Nicolás Flores, que -con once meses- sufrió un accidente automovilístico que le provocó cuatro paros cardio-respiratorios y hasta perdió masa encefálica.

Allí la ciencia tampoco pudo explicar cómo es que Nicolás luego de recuperarse de un cuadro de vida «vegetativa» logra hoy caminar y hablar, ya que este no cuenta con funciones cerebrales en su hemisferio izquierdo.

Previo a la designación como santo de la Iglesia Católica, también se tuvieron que seguir pasos más sencillos como fueron distintas resoluciones teológicas y la consideración de obispos y cardenales en el Vaticano.

El otrora cardenal Jorge Bergoglio calificó oportunamente a Brochero como «un cura con olor a ovejas», nominándolo como ejemplo sacerdotal por su estilo pastoral.

Brochero nació en 16 de marzo de 1840 y falleció el 26 de enero de 1914 en la localidad que actualmente lleva su nombre, ubicada en el valle cordobés de Traslasierra, sitio que históricamente recibió los nombres de Quisquisacate, Torolto y Villa del Tránsito hasta su actual denominación.

En estas tierras cordobesas, el nuevo santo argentino evangelizó a sus pobladores e hizo propias las necesidades de los más pobres y excluidos:

Pablo Adrián Vázquez
* Politólogo; docente de la UNLZ y UCES; miembro de los Institutos Nacionales Eva Perón, Rosas y Manuel Dorrego.