En política Macri se mueve más bien como un elefante en un bazar, que como un virtuoso príncipe florentino.

«LA POLÍTICA NO ES UN DUELO PARA VER QUIEN ES MAS GUAPO» DICE CASALLA

Por Mario Casalla

La ilusión de gobernar por decreto, con el Congreso cerrado de prepo y con su ministro de economía provocando diariamente a la Diosa Fortuna, es sin dudas el Sueño de una Noche de Verano, al cabo del cual seguramente los Idus de Marzo lo estarán esperando con puntual (y muy argentina) regularidad.

Especial para Punto Uno.
18 de enero de 2016

En estos días, por la Casa Rosada y sus alrededores, se cita mucho a Nicolás Maquiavelo.

Se recuerda especialmente aquélla frase del florentino, “El mal se hace todo junto y el bien se administra de a poco”.

Sin corbata y con sonrisita cómplice se pretende de este modo zanjar -con una cita de autoridad- el debate económico entre política de shock versus política gradualista.

Es un gran desacierto teórico y una auténtica grosería práctica.

No sólo porque la lógica de la economía es completamente diferente de la lógica política, sino también porque lo bueno o malo de la política no es el resultado directo de un buen o mal plan económico.

Más bien resulta al revés: más de un plan económico fracasó, porque la política no supo protegerlo o conducirlo.

Y es allí cuando los ministros del ramo salen por la puerta de atrás quejándose de lo que denominan “falta de apoyo político”.

En este primer mes de gobierno, Macri está dilapidando a paso redoblado su inicial capital político y si todavía no paga fuertes costos por esos desaciertos, es previsible que estos no tarden en llegar.
DEL AVANCE AL ATROPELLO

La política no perdona al Príncipe improvisado y mal provisto, por más que sus “Chieff Executive Officier” (CEO) le hagan creer lo contrario.

Y la “Fortuna”, es un bien siempre muy escaso.

Si se quiere recordar algo de Maquiavelo, sería mejor comenzar por allí.

Macri lo que ajusta en economía, dilapida en política.

Peor aún: mientras que en economía hace lo que dijo que iba a hacer (y más todavía); en política no sólo no cumple con lo que prometió, sino que hace más bien todo lo contrario.

O sea que no sólo dilapida su Fortuna, sino también su “Virtù” (¡escrita por favor sin “d” y con ese tipo de acento!): esa mezcla de “inteligencia, astucia y amor a la Patria”, exigible a cualquier aspirante al Trono, o al más humilde Sillón de Rivadavia.

Y reconozcámoslo, en materia política Macri se mueve más bien como un elefante en un bazar, que como un virtuoso príncipe florentino.

En vez de avanzar, atropella y cree –falsamente claro- que de esa manera le tendrán miedo (otro peligroso consejo maquiavélico).

La ilusión de gobernar por decreto, con el Congreso cerrado de prepo y con su ministro de economía provocando diariamente a la Diosa Fortuna, es sin dudas el Sueño de una Noche de Verano, al cabo del cual seguramente los Idus de Marzo lo estarán esperando con puntual (y muy argentina) regularidad.

Y esos sí que no perdonan.

Acaso también se tope allí con un equivalente de Bruto, que de hijo pasará a conjurado.

¿O acaso piensa que la fidelidad de los antiguos Indignados/as que lo votaron dura mucho tiempo?

Esta vez al PRO le cabe -como anillo al dedo- un apotegma borgeano que fue pensado para otro caso: no los une el amor sino el espanto.

Ese Espanto (real o imaginario, poco importa ahora) le dio los pocos puntos de más que lo acercaron al trono.

Pero claro, son tan esquivos y volubles que confundirlos con “tropa propia” sería otro error radical (palabra doblemente adecuada en este caso).

La casi unanimidad y el apoyo que en estos días parecen acompañarlo, pueden diluirse con la misma levedad que las vaporosas gasas en la mesa de Mirta.

Y atención que hemos dicho “gasas” y no Grasas: confusión en la que el apuesto joven Prat ya ha incurrido.

Otra provocación políticamente imperdonable en la Argentina actual.

Pero claro, el joven Prat todavía no ha aprendido aquello que sí ya saben en el barrio: “desde que se inventó la pólvora, se acabaron los guapos”.

Un canillita se lo acaba de vocear.

No creo que lo haya escuchado, porque Prat no compra en el quiosco, aunque lo diga.
DE NOGAROS, FESTILINDOS y CEOS.

Después de la derrota electoral de Macri en la Ciudad de Buenos (2003, en segunda vuelta frente a Aníbal Ibarra), el macrismo pareció dividirse.

Eso no ocurrió, pero emergió una primera grieta clara en su seno.

Lo que saben, cuentan que allí aparecieron los “Nogaró” y los “Festilindos”.

Así se denominaron las dos fracciones del bloque de 23 diputados, obtenidos para la Legislatura porteña.

Los primeros venían directamente de la política y habían saltado de los partidos tradicionales (PJ, UCR, Ucede, y algunos más) al naciente y prometedor macrismo.

Su nombre hace alusión al hotel donde se reunían, vecino a la Legislatura (el Nogaró).

Los otros no venían de los partidos sino de las ONG, el mundo profesional, el voluntariado y la denominación Festilindos se la pusieron (con sorna, claro) sus adversarios internos, en alusión al programa infantil de televisión de los años ochenta.

La cuestión se zanjó, pero no la grieta.

La “vieja política” se quedó con la vicepresidencia de la Legislatura (en manos del muy “experto”, Santiago de Estrada) y la “nueva política” obtuvo la presidencia del bloque para Gabriela Michetti.

Se peleaban por casi todo hasta que Macri llamó a lo que denominó un “retiro espiritual”, una actividad inspirada en los encuentros de ex alumnos del Newman (a los que no falta casi nunca), pero con la metodología propia del mundo empresario.

Es decir laico, no religioso.

Hoy todavía convoca a esos “retiros” en momentos claves, el último antes de asumir esta presidencia.

La cosa allí se zanjó cuando Mauricio se puso más firme de que costumbre (“El que se va agarra sus cosas y no vuelve más”), pero la grieta quedó y se formaron dos subloques: Compromiso para el Cambio (presidido por Michetti) y Juntos por Buenos Aires (a cargo de Jorge Mercado).

A esta grieta entre nueva y vieja política, se le suma ahora una segunda: entre militantes PRO de la primera hora (Nogaró, Festilindos y posteriores) versus los técnicos, empresarios y CEOS convocados masivamente (por el mismo Macri) a funciones en los distintos gobiernos PRO (porteño, provincial y nacional).

Por ahora esto es menos explosivo, porque hay para todos y hasta sobran cargos interesantes (al revés que si hubiese ganado el peronismo!), pero la tensión está.

Los “políticos” los miran con cierto recelo y los CEO un poco por arriba del hombro.

Es evidente que Macri se apoya más en ellos porque ha privilegiado la economía por sobre la política, pero lo otros están atentos y preocupados.

Saben que algunas cosas de estos “técnicos” son cada vez más impopulares, pero esperan que a ver qué dice Macri.

A su vez los CEOS, cuando observan los estropicios en que incurren los políticos, se agarran la cabeza.

Por casos: la renuncia de Patricia Bullrich no fue aceptada –después del papelón en materia de Seguridad- pero pegó en el poste, para decirlo en lenguaje futbolero.

Así como los desaguisados de la Festilindo Michetti con los empleados del Senado de la Nación, que no pasó desapercibido en ningún campamento PRO.

Por ahora hay espaldas anchas, protección mediática, suficiente bronca ciudadana contra la demonizada “Cámpora”, una oposición algo vacilante, verano y sol radiante.

Pero marzo y sus Idus son todo un desafío.

Desde arriba Maquiavelo y la Fortuna también observan

MC/

N&P: El Correo-e del autor es Mario Carlos Casalla <casallamario@gmail.com>