La batalla cultural la está ganado el neoliberalismo. Han conseguido paulatinamente que volvamos al siglo XIX –en lo laboral y económico –  pero también en lo colonial.

¿ EN QUE NOS HA GANADO EL NEOLIBERALISMO LA BATALLA IDEOLÓGICA Y CULTURAL?

Por Carlos Martínez García

Con teléfonos móviles e internet con información basura, hay un regreso a los siglos XIV, XV o XVI con guerras de religión y el terror del pueblo sencillo al desconocido. La identidad, ha sido la apuesta para destruir la clase. Porque la clase no sólo es ser minero, camionero, albañil, tejedora o jornalera, es una idea, un ideal de emancipación e igualdad. Es el orgullo profesional de los y las asalariadas, el saber hacer y la dignidad del autónomo, del artesano, de las creadoras de lo sencillo, imprescindible para vivir.

Por Carlos Martínez García

Pajaro Rojo

Alternativa Socialista

05/12/2015

La contrarrevolución conservadora iniciada en los años ochenta del siglo pasado triunfa finalmente, porque logra desmantelar las herramientas organizativas de la clase obrera y a la clase obrera misma, vía deslocalización industrial, cierre de las minas y de la industria -pesada y de bienes de consumo- en Europa.

Esto facilita la aparición de un capitalismo financiero con la consiguiente desregulación laboral y el debilitamiento sindical.

El proletariado –dicen- ha muerto y sin embargo nace el precariado, es decir, lo mismo pero con diferentes palabras, pero escasa conciencia de su situación.

Se privatiza el Estado y resurge con fuerza la dictadura de los mercados, cual si estuviéramos en el siglo XIX.

Pero la gran victoria neoliberal es fundamentalmente ideológica y cultural.

No sólo desmantela la clase, sino liquida sus modos e ideas de liberación.

Desapareciendo la conciencia de clase, aparece lo identitario con fuerza y sustituye a las ideas marxistas, anarcosindicalistas o clasistas de organización y defensa social dejándolas en marginales, al menos en apariencia.

Sindicatos laminados y desprestigiados.

Partidos obreros renunciando a sus compromisos, sueños e imaginario.

Absorción por el sistema y traición de las élites socialdemócratas.

Burocracia y sectarismo.

Aburguesamiento de las élites comunistas que pasan a ser posibilistas recalcitrantes.

Falta de nuevas ideas.

Miedo a los viejos valores, que ceden ante los valores todavía más antiguos y vetustos del liberalismo económico y el conservadurismo político.

Las clases subalternas, las personas pobres, empobrecidas y humildes sufren la gran manipulación de sus mentes, teledirigidas por los medios del poder que les ordenan cuando deben consumir, o a quien deben votar.

Incluso fabrican a su corriente crítica y su oposición controlada, sus intelectuales opositores, su nihilismo castrador y sus nuevos profetas bajo control.

Por la recuperación de la izquierda y de la política

Marketing en lugar de ideas y discurso.

Política espectáculo.

Contratación laboral basura sin resistencia generalizada.

Las vendedoras semiesclavas de las cadenas comerciales, los falsos autónomos que se han generalizado de forma escandalosa son las nuevas levas de la clase obrera, pero no lo saben y lo que es peor, pocos, muy pocos hacen algo para que lo sepan.

Desprestigio incitado y fomentado -con bases reales y ciertas- de la política, pero que al final se ha vuelto en contra de las clases populares y trabajadoras.

Si la acción política ha sido desprestigiada

¿Qué nos queda a los/las pobres para defendernos?

Nada, los neonihilistas y los comunicadores mercenarios del sistema, la oposición controlada, nos han echado en manos de nuestros explotadores.

Resulta que al final, la antipolítica ha servido objetivamente a los intereses de las derechas, los neoliberales, los conservadores, pero las personas más convencidas de la antipolítica se encuentran entre las clases populares empobrecidas.

Los de derechas siempre votan y si falla el PP… pues Ciudadanos.

Porque una cosa es condenar la corrupción con dureza y exigir el incremento de penas y controles y otra difundir “el todos son iguales”.

Al mismo tiempo los poderosos, los ricos, los grandes directivos y gerentes del capitalismo, ni renuncian al liberalismo, ni dejan de clamar por ideas conservadoras con más de trescientos años de antigüedad.

La batalla cultural la está ganado el neoliberalismo

Han conseguido paulatinamente que volvamos al siglo XIX –en lo laboral y económico –  pero también en lo colonial.

Aunque con teléfonos móviles e internet con información basura, hay un regreso a los siglos XIV, XV o XVI con guerras de religión y el terror del pueblo sencillo al desconocido.

La identidad, ha sido la apuesta para destruir la clase.

Porque la clase no sólo es ser minero, camionero, albañil, tejedora o jornalera, es una idea, un ideal de emancipación e igualdad.

Es el orgullo profesional de los y las asalariadas, el saber hacer y la dignidad del autónomo, del artesano, de las creadoras de lo sencillo, imprescindible para vivir.

De las y los enseñantes, de quienes tienen por profesión cuidarnos.

La clase es el origen de la reconquista de la dignidad y el socialismo el sueño no logrado todavía de las personas que quieren un futuro mejor y justo, en democracia, para ellos y sus hijas e hijos.

Sueño imprescindible para construir entre todas y todos un mundo diferente.

Sueño imprescindible para construir los sentimientos que nos vuelvan a permitir organizarnos, ser y vencer.