Mientras el príncipe baila y lo fotografían con su mujer, su hija y su perrito; Clarín y su expresión política (la Mesa de Enlace) están gestionando directamente el Estado.

MIENTRAS EL PRÍNCIPE BAILA, LOS VERDUGOS VIENEN POR TODO

Por el Grupo Rodolfo Walsh

El histórico bloque dominante busca articular desde el PJ «domesticado» una opción de recambio ordenado. El PRO, consolidado como partido liberal (con la estructura de la UCR dentro) y el PJ travestido por derecha con Urtubey, De La Sota y Duhalde, entre otros. Ese escenario es el que quieren construir en estos años. Con tales opciones de alternancia, los negocios están asegurados.

GRUPO RODOLFO WALSH
NAC&POP
27/12/2015

En dos semanas el gobierno nacional confirma un derrotero que comenzó con la asunción resuelta vía cautelar concluida con un ridículo y muy planificado baile y canto en el balcón.

Macri es presentado como una especie de príncipe europeo que, en clave de revista de moda, aporta el “color” a los canales de noticias, aun desde su torpeza blanca. Es difícil recordar alguna de sus frases, pero abundan las imágenes “cálidas”.

Fue dicho, los elefantes pasan por detrás: el interés de las grandes corporaciones gestionando directamente el Estado y las operaciones de alta inteligencia para perseguir al kirchnerismo hasta donde sea, son las tres patas de un proyecto al que no debemos subestimar si queremos derrotarlo.

La “revolución de la alegría” se desarrolla desde la pantalla y dice venir rodeada de diálogo y acuerdos y modernidad sin ideología.

Mientras, las acciones de gobierno que motorizan y deciden los propios interesados y/o sus gerentes, son mucho menos difundidas.

Buscan aumentar las tasas de ganancia frenando la industrialización, reprimarizando y profundizando el proceso extranjerizador de la economía.

Avanzan sin miramientos por decreto, con operaciones, con persecución, con represión, a decretazos, violentamente.

Con promesas de impunidad judicial para propios y amedrentamiento policial para extraños.

No es fácil advertir esta operatoria. Macri gobierna con todos los medios a favor, con el bloque agroexportador (mesa de enlace) como principal sostén económico, con el partido judicial como espada política y el deseo imperialista en la región como horizonte.

En esta primera etapa, el principal objetivo del macrismo es borrar, como dé lugar, todo vestigio de kirchnerismo del imaginario social y para eso, no escatima en golpes bajos, que van a repetirse.

El histórico bloque dominante busca así articular desde el PJ una opción de recambio ordenado.

El PRO, consolidado como partido liberal (con la estructura de la UCR dentro) y el PJ domesticado y travestido por derecha Urtubey, De La Sota y Duhalde (entre otros): ese escenario es el que quieren construir en estos años.

Con tales opciones de alternancia, los negocios están asegurados y es el poder del lobby y no otro elemento, el que determina ganadores y perdedores en cada etapa.

Ese escenario de doble opción conservadora con un mismo comando no es nuevo.

Tampoco es novedad que aparezca un hecho maldito, en este caso, el propio kirchnerismo, es decir, la tradición peronista en estos tiempos.

De ahí que la batalla por la conducción del Partido Justicialista sea la madre de las batallas, y la afiliación masiva un desafío de la hora.

Esa identidad política consolidada, que con la plaza del 9 se mostró vital y más allá de la derrota en las urnas, con una conducción estratégica férrea, sostenida y coherente – la de Cristina Kirchner – es lo que quieren eliminar como posibilidad.

Ese es el objetivo político de la derecha en el gobierno.

Una venganza contra quienes pusieron al Estado como articulador de los sectores populares y no como herramienta a su servicio.

Mientras el príncipe baila y lo fotografían con su mujer, su hija y su perrito; Clarín y su expresión política (la Mesa de Enlace) están gestionando directamente el Estado.

El endeudamiento externo como receta y el achique del mercado interno, que golpeará a las PYMES, reducirá niveles salariales y puestos de trabajo, es un viejo plan que vuelve a ponerse en práctica como novedad.

Es un esquema disciplinador que busca – tal cual lo dijo alguna vez el propio Macri – que los trabajadores acepten trabajar ganando lo mínimo que puedan ganar.

La firme alianza del gobierno nacional con los organismos de inteligencia (plasmada con funcionarios de primera línea como Patricia Bullrich, Laura Alonso, Susana Malcorra; el jefe de la policía Bonaerense, Pablo Bressi y su apelación a la guerra al narcotráfico) combinada con el objetivo político de barrer al kirchnerismo, esto es, procesar por graves delitos a sus líderes (Cristina a la cabeza) y referentes, demonizar a sus organizaciones emblemáticas (La Cámpora y otras), quebrar o desvirtuar sus obras, deslegitimar su discurso, no puede resultar en otra cosa que no sea una ofensiva en la que las formas no cuentan y el límite de los daños es difuso.

La embestida contra el AFSCA y la AFSTIC, no sólo apunta a saciar los pedidos de los medios hegemónicos de comunicación, sino que puede tornarse en algo peor: quedar a tiro del control de las redes sociales, cometiendo delitos contra la intimidad de las personas, cuestión que la derecha ya ha llevado a cabo en otras latitudes, siempre en nombre de la libertad.

El tiempo para llevar a cabo esta estrategia es finito y a eso se debe el apuro y las desprolijidades.

El kirchnerismo, opción de poder real frente al oficialismo, debe perder potencia política antes de que las consecuencias sociales de la transferencia de ingresos desde un sector de la escala a otro – producto de las decisiones económicas del actual gobierno – comiencen a sufrirse.

De lo contrario – y solo si el movimiento nacional y popular logra articular un discurso renovado que muestre como podría gobernar en la actualidad sin perjudicar los intereses populares como opción única y sin subordinarse a los mandatos del mercado internacional, cuestión que además hizo durante doce años – el retorno al poder del Estado (ese por el que ya se canta en las plazas que, siguen siendo nuestras) será una posibilidad muy concreta.

El desafío es sostener la unidad del campo popular, ser opción de gobierno en forma permanente, dando respuestas y propuestas a una realidad dinámica donde la derecha juega a limitar derechos.

Encontrar los canales de comunicación para que la información no se trastoque malintencionadamente.

Organizar el Partido Justicialista dentro del Frente para la Victoria.

Reimpulsar todas las organizaciones aliadas dando lugar a sus mejores referentes.

Permanecer en la calle en diálogo permanente con los vecinos, tomando nota de las demandas apuntando a superar la crisis de representatividad.

Estar al frente de las luchas sectoriales a través de los sindicatos.

Militar, persuadir y ampliar la base popular.

GRUPO RODOLFO WALSH

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