"Cuando yo era chica, mi viejo llegaba a casa con Pan Dulce y Sidra. –“Regalo de Perón” decía. Yo no sabía quién era, pero me caía simpático, porque nos mandaba cosas ricas.

SIDRA Y PAN DULCE

Por Ada Fanelli

Un día, un vecino tocó la puerta y le pasó unas cajas a mi vieja. Eran grandes y pesadas. –“Tome” –le dijo- le traje estas para usté que tiene chicos, pero están rompiendo todo, mejor que no se los vean” – Mi vieja agradeció y metió las cajas para adentro. Estaban llenas de juguetes. No me olvido de un mono de madera que le tirabas del piolín y hacia gracias. Mi vieja agarró un papel de lija y empezó a borrar unas letras. No sé qué decían ¿Fundación Evita?

Por Ada Fanelli
Resistiendo con aguante
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23/12/2015

«Cuando yo era chica, mi viejo llegaba a casa con Pan Dulce y Sidra.

–“Regalo de Perón” decía.

Yo no sabía quién era, pero me caía simpático, porque nos mandaba cosas ricas.

Un día, un vecino tocó la puerta y le pasó unas cajas a mi vieja.

Eran grandes y pesadas.

–“Tome” –le dijo- le traje estas para usté que tiene chicos, pero están rompiendo todo, mejor que no se los vean”

  • Mi vieja agradeció y metió las cajas para adentro.

Estaban llenas de juguetes.

No me olvido de un mono de madera que le tirabas del piolín y hacia gracias.

Mi vieja agarró un papel de lija y empezó a borrar unas letras.

No sé qué decían ¿Fundación Evita?

También me acuerdo que un día los grandes juntaron todos los libros de la escuela y los tiraron a una fogata en el fondo anunciando: –“Por las dudas que vengan”.

Desde entonces se me confundían un poco quemar libros con Papa Noel y Perón y el señor de los juguetes.

Pero sabía que algo no era bueno, porque mi viejo puteaba bajito y lloraba.

El tiempo y las Navidades siguieron pasando.

Averigüé quien fue ese tal Perón y porqué se borraban los sellos de los juguetes y se quemaron los libros donde decía que Eva quería mucho a los chicos.

También averigüé por qué tenerle miedo a “que vengan”, cuando vinieron.

Y entendí la bronca y las lágrimas de mi viejo.

Otro señor, que ni repartía juguetes ni era Papá Noel, salió volando, aunque por favor le pedimos que no se vaya solo: –“Que se vayan todos”.

Después las Navidades mejoraron y hasta vinieron algunas con arbolitos y regalos y pan dulce.

Y por mucho tiempo nadie andaba con miedo y me olvidé de aquellas otras Navidades.

Hasta que ahora, de repente, mi hija putea bajito y llora.

Y mi nieto la mira y algo entiende, y algo seguramente no.

Pero va a aprender.

Va tener que aprender que todas las Navidades no son iguales.»