En una elección reñida, los números siempre dan peso a las decisiones de quienes no ganaron.

UN SOLO VOTO CAMBIA TODO

Por Carlos Villalba

Ante las hipótesis de las consecuencias negativas para los sectores empobrecidos que puedan producir las medidas del equipo de economistas liberales del nuevo gobierno, ya hay centrales sindicales y sociales que preparan caminos hacia nuevas institucionalidades unificadas.

Miradas al Sur
29/11/15

Las políticas que decida Macri servirán para sostener las simpatías logradas o provocarán rápidos desencantos.

En octubre, el peronismo esperaba una victoria electoral en primera vuelta.

En noviembre, los grupos económicos y su “mercado” descontaban un triunfo arrasador de Mauricio Macri en la segunda vuelta.

Los dos se equivocaron, como las encuestas, pero quienes apostaron a la candidatura del primer presidente procesado que tendrá la Argentina, pifiaron menos y, sobre todo, se quedaron con la “acción de oro” del control del gobierno y sus bancos.

La diferencia fue ínfima, más chica aún a medida que avanzaba el conteo definitivo.

Sin embargo, aunque fuese por un voto de ventaja, el jefe del PRO será Presidente de la República Argentina, con las mayúsculas que resaltan la importancia institucional de la responsabilidad que asumirá a partir del jueves 10 de diciembre.

Macri fue elegido por la mayoría de los argentinos que votaron el pasado domingo 22, con lo que se ganó el derecho a gobernar en el marco de las potestades constitucionales.

Lo hará después de la victoria de la mayor operación de marketing político de la historia nacional que logró transformar a Scioli en Cristina y a Macri en Scioli –como lo expresara el politólogo Julio Burdman– empujando el trasvasamiento de votos que necesitaba Cambiemos para, al fin, instalar en el control de los resortes del Estado a los representantes directos de las empresas de aquellos sectores de poder que hasta el propio candidato incluyó en el “Círculo Rojo” que, con distintas pieles, generó y administró las peores etapas de la vida nacional.

No funcionó la alarma

El candidato del Frente para la Victoria lo advirtió, denunció las consecuencias de las medidas económicas que tomará la nueva administración nacional, y lo hizo a partir de los anuncios de los propios referentes del macrismo, hoy convertidos en ministros o funcionarios designados, como Alfonso Prat Gay, Guillermo Dietrich, Juan José Aranguren o Carlos Melconián, todos representantes de grupos concentrados de la economía argentina y transnacional, dueños o gerentes de sus empresas.

Macri negaba que haría lo que va a hacer y un porcentaje de la población, suficiente para desequilibrar la balanza del voto, le creyó y desechó los dichos sciolistas sobre ajuste, devaluación y suba de precios que, a 15 días de su asunción, ya estaban disparados, con aumentos de hasta el 25% en productos de consumo masivo, como frutas, verduras y carnes, que empezaron a registrarse en supermercados, autoservicios chinos, carnicerías y verdulerías, según lo reconocía el jueves 26, el propio diario Clarín, al consignar que “Se descontrolaron los precios: hay subas de hasta 25%”.

Aquel figurado y solitario voto de diferencia, además de lo político, marca la diferencia entre dos mundos económicos y sociales antagónicos, como el de la inclusión con, por ejemplo, dignidad con empleo y salud y el de la desocupación, con desnutrición y mortalidad infantil, una perspectiva posible a la luz de las consecuencias de las políticas de ajuste en la historia nacional y en lo que muestra la coyuntura mundial, con el destello actual de crisis como las de España o Grecia.

Oposición

La alquimia del análisis estadístico puede conducir a errores; también puede aportar señales.

Estudiosos y dirigentes intentan determinar, cuánto del 51,40% que sacó Macri en el balotaje es realmente propio; una respuesta posible es la del 30% que obtuvo el conjunto de Cambiemos en las PASO.

O, menos aún, el apenas 24,28 con que se quedó el PRO en aquellas internas de agosto pasado.

También ponen la lupa sobre un dato aún más difícil de mensurar, como es determinar cuántos de esos casi 13 millones de votos están de acuerdo, y disfrutan, de las políticas redistributivas o de impulso al consumo de la docena de años de gobierno kirchnerista.

En una elección reñida, los números siempre dan peso a las decisiones de quienes no ganaron.

El Frente para la Victoria logró más de 12 millones de sufragios; será la primera minoría en Diputados, con 98 bancas propias, mayoría en el Senado con 41 legisladores –cuatro más que el quórum reglamentario– y 16 gobernadores provinciales alineados con el FpV o identificados con las políticas de cuño peronista.

Macri sólo tendrá cinco gobernadores propios a partir de su asunción; es cierto, de mucho peso, como lo son siempre quienes administran la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires.

El escenario para construir una oposición con vocación de mayorías, decisiva a la hora de acortar los tiempos de la reversión institucional del resultado electoral y del regreso al Gobierno, es ideal.

Dependerá de los distintos sectores, de la seriedad de sus decisiones y de la interpretación de las conductas electorales de los argentinos, cada vez menos tradicionales, con menos ataduras y fidelidades partidarias, fluctuantes y atraídas por formatos novedosos.

Dependerá de las políticas que aplique el nuevo equipo de gobierno, en función de los intereses y las mayorías de las mayorías o en contra de los avances alcanzados.

Además de las propuestas políticas, en toda sociedad existen acciones reivindicativas.

Ante las hipótesis de las consecuencias negativas para los sectores empobrecidos que puedan producir las medidas del equipo de economistas liberales del nuevo gobierno, ya hay centrales sindicales y sociales que preparan caminos hacia nuevas institucionalidades unificadas.

Participación

El futuro opositor también dependerá de la importancia que se le dé a un actor que hasta el balotaje no era tenido en cuenta ni valorado en su justa medida: el de la militancia social y política, tanto la organizada como la espontánea que le estalló en la cara a la ciudadanía, se hizo cargo de una campaña deslucida y peleó por el voto en defensa propia, por el modelo, por Cristina y Néstor, por los hijos y los nietos, por las 12 cuotas o por múltiples banderas –o banderines– más.

Sin esas acciones y esos compromisos, la diferencia hubiese sido mayor, como esperaban los “mercados”.

La participación remontó la cuesta y llevó a Daniel Scioli hasta las puertas del triunfo.

Las urnas todavía están calientes, sin embargo algunos ya tratan de figurar mientras que otros intentan reflexionar acerca de la forma de lograr que esas expresiones participativas se organicen y se constituyan en una opción mayoritaria en el seno de ese frente, nacido en el peronismo, que diseñó Néstor Kirchner, a partir de una derrota electoral pero en un país que está en mucho mejores condiciones que aquel que caminó él cuando entró a la Casa Rosada sin dejar sus convicciones en la puerta.

El tiempo, corto, inmediato, en este escenario en disputa de la Argentina, mostrará el resultado de la ecuación entre los cambios que Macri producirá en el gobierno del Estado y las conquistas, la conciencia y el proceso cultural que ya tiene más de una década, que votó la mitad de la ciudadanía y que, en todo o en parte, comparten franjas que hace una semana festejaron con globos amarillos.