El tiempo pasa, la producción disminuye y la población mundial crece.

EL REVES DE LA TRAMA (EL CORDERO DEBE BUSCAR AL LOBO).

Los asalariados, a quienes se les quitará mediante la apropiación de plusvalía buena parte de lo que generan con su trabajo (diferencia de valor entre lo que un obrero produce y el salario que cobra), tienen que elegir ser víctimas de ese arrebato, es decir, tienen que desear conseguir un empleo.

Por Norberto Colominas
NAC&POP
30/11/2015

El cordero debe buscar al lobo.

En el capitalismo se puede ganar dinero a la manera liberal, produciendo más, vendiendo más y ganando más, o a la manera neoliberal, multiplicando rentas mediante la especulación financiera.

Pero esto tiene un límite.

Una nueva paradoja acecha a quienes no son dueños de los medios de su producción, es decir al 95 por ciento de la población mundial, porque el capitalismo ya no quiere aumentar la productividad del empleo y obtener así más beneficio por cada trabajador, sino por vía de la incorporación de nuevas tecnologías (la nube, robots, redes, sistemas inteligentes “workers out”), que son más baratas y más confiables.

Los robots no hacen huelga ni reclaman aumentos de sueldo.

Desde esa lógica, muy pronto el 15 por ciento de la población mundial no encontrará un empleo, ni siquiera precario.

Esto significa que unos mil millones de personas no tendrán trabajo; hombres y mujeres que no encontrarán a su lobo.

La Segunda Guerra Mundial le costó la vida a 50 millones de personas (entre ellas a 20 millones de rusos y a 6 millones de judíos).

Salvo Francia y Portugal, Europa fue arrasada.

Esta reducción bestial de la mano de obra disponible mediante una descomunal matanza garantizó la recuperación económica (vía Plan Marshall, entre otros instrumentos) y, por un tiempo, el pleno empleo.

Pero ese equilibrio no duró mucho.

Primero Nixon eliminó el patrón oro y habilitó la emisión descontrolada de dólares sin respaldo (o con el respaldo del ejército norteamericano), que llega hasta hoy.

La crisis del petróleo de 1973 completó la faena y marcó el fin de esa tregua provisoria entre el capital y el trabajo, aunque nunca dejó la plusvalía de ser la única explicación consistente del origen de la ganancia.

Desde los primeros años 80 (y tras la eliminación de los controles financieros por la dupla Reagan-Thatcher) se sumó un nuevo factor decisivo a la ecuación económica: la renta, que no es ganancia.

Desde los 90 y hasta hoy la renta financiera subordinó a la ganancia industrial.

Si especular es más rentable que producir, es obvio que la producción mundial se ha venido reduciendo, y con ella el empleo.

La tecnología hizo el resto.

El tiempo pasa, la producción disminuye y la población mundial crece.

Pronto mil millones de hombres y mujeres no tendrán empleo

¿Habrá una tercera guerra mundial o un desastre nuclear para recuperar el “equilibrio” perdido?

Nadie sensato debería descartar esa posibilidad.