Este es el templo de la ética PRO (equivalente del salón Costa Salguero, para su estética): la Empresa Privada y sus Equipos.

EL “MACRISMO”: UNA SINGULAR CULTURA POLITICA

Por Mario Casalla

La cultura del PRO supone una suerte de “hedonismo débil” (más a lo Gianni Vattimo, que a lo Foucault, o a los viejos populismos, o socialismos), un hedonismo que coloca como meta a la sagrada Libertad, pero no se la asegura a priori, porque todo dependerá de Usted, “que ya es libre”.
Por Mario Casalla
Punto Uno
30 de noviembre de 2015

No pocas veces se me formuló la clásica pregunta, “¿qué es el peronismo?”.

Mi interlocutor sabía de antemano, que no era algo fácil de responder.

Algo así ocurre ahora con el “macrismo”.

Acaba de ganar una elección presidencial y –con un elaborado sistema de alianzas- el PRO sorteó su obstáculo más difícil: traspasar el territorio porteño (que domina como nadie) y acceder así al gobierno de la Nación.

Sin dudas vale la pena, intentar una interpretación (lo más desprejuiciada posible) de este nuevo fenómeno político.

No será cosa fácil porque los ánimos están todavía caldeados; el complejo mediático (eufórico!) vive uno de sus días de mayor gloria y superficialidad y las “operaciones” de entrantes y salientes vuelan como avioncitos de papel.

Además, quien escribe estas líneas querido lector, también es un ciudadano que acaba de emitir su voto, que tiene opinión política formada y que no se escudara detrás de ninguna supuesta “imparcialidad”, para convencerlo de nada.

Pero la filosofía me ha enseñado (acaso más que el periodismo, en este caso), que siempre es mejor comprender, antes que juzgar y que razonar, antes de embestir con fuerza contra la pared.

EL MUNDO PRO”

Lo primero es reconocer su existencia. Desde aquí (la ciudad de Buenos Aires) es mucho más fácil y evidente: el “Mundo PRO” existe y le queda, casi como anillo al dedo, a la Reina del Plata.

Expresa, por ahora y como nadie, a la mayoría de sus habitantes y el resto – aun con críticas- no siente con él una disconformidad intolerable, ni mucho menos.

Es que el Mundo PRO exige poco y da mucha libertad (individual), y esto –en las grandes urbes y megalópolis de aquí y del mundo globalizado- es una exigencia inexcusable, casi una religión, o al menos, una ética y seguramente una estética.

Póngale usted a esos términos todas las comillas que quiera (o no), pero ese Mundo Pro ya se expresa como una forma cultural (aquello que el viejo Husserl llamaba “mundo-de-la-vida”) de la cuál luego brotan ideas, ideologías, formas artísticas y también… organización política!

El partido denominado PRO (apócope de “Propuesta Republicana”, 2005) es el colector político final de una cultural singular y bien específica. Por allí hay que empezar para entenderlo.

Claro que –si usted vive en Salta o fuera de una ciudad al estilo de Buenos Aires- le resultará más difícil, aunque no imposible claro.

Precisamente una de las habilidades políticas del PRO (respondiendo a su propia impronta cultural) fue “crecer en red” (a lo Tony Negri) y no por extensión de sí mismo (a la cartesiana), ni por luchas territoriales victoriosas, o adhesiones ideológicas firmes y precisas (¿hay algo menos preciso y más atractivo que el significante “Cambiemos”?).

En cada lugar entró por el logro de “embajadores” locales exitosos que –aún sin pertenecer ni adherir al “Mundo PRO”- supieron hacer las “traducciones” locales del caso.

El acto de cierre de su campaña nacional (en nuestra cercana Humahuaca) fue (y será) una foto inolvidable.

Un encuentro (sin tocarse) de “dos mundos”, bien diferentes.

Cuando se dice que el PRO es un partido de derecha, neoliberal, o conservador –más allá de que sea o no cierto- se están usando denominaciones universales y abstractas, que para nada dan en el centro de la cuestión.

Son “modernas” (demasiado modernas!) y la Cultura PRO opera ya en registros más bien “Post-Modernos”.

No puedo aquí abundar en la cuestión (el “cepo” de mi editor es tanto o más duro que cualquier otro!) pero vaya pensándolo de ese modo.

TRES CLAVES DE LA “CULTURA PRO”.

Cuando Macri perdió el bigote (en el primer intento fallido por ser Presidente), también perdió algunas viejas mañas.

Allí empezó a gestarse el actual “Mauricio”­­; al mismo tiempo, las principales figuras de su entorno también archivaron los apellidos: así nacieron Gaby, Horacio, María Eugenia y muchos otros que usted hoy “ve” todos los días (por televisión claro, pero los ve!).

La nueva estética PRO volvió a todos (y todas!) mucho más humanos, sensibles y próximos, a “la Gente” (“the People”).

Los ejecutivos se sacaron las corbatas y aprendieron a sonreír; los “viejos” se aggiornaron como pudieron y las mujeres se hicieron bastante más “mujeres” (por cierto que sin pasarse del otro lado, ni caer en el ridículo) y eso sí: todos adelgazaron! (menos uno, bueno).

Aparecieron también los Jóvenes alegres y bullangueros (mas no al estilo “militante neo-setenta”); los Voluntarios para las campañas electorales (como en los partidos norteamericanos, pero también con un look más estilo “trabajo social” o “joven rico pero comprometido con lo público”).

Los actos se transformaron en verdaderas Fiestas PRO (con globos, disk jockey, música fuerte y todo lo que hay que tener) cuyo Templo fue (y es) “Costa Salguero” (acaso por esto, el final en la Quebrada de Humahuaca sonó tan diferente).

Pero el Mundo PRO, integra.

Esa Estética PRO, expresaba ya su nueva Ética: la ética del “va a estar bueno”.

El lema fue primero para la Reina del Plata (y ahora para la Argentina toda): “Va a estar bueno, Buenos Aires”, y ¿qué “mujer” puede ser sorda ante una propuesta tan seductora?

Un hedonismo simple, directo y elegante, que dice todo sin decir nada y supone un final abierto que –como corresponde al signo de estos tiempos- “dependerá de cada uno”.

Una suerte de “hedonismo débil” (más a lo Gianni Vattimo, que a lo Foucault, o a los viejos populismos, o socialismos), un hedonismo que coloca como meta a la sagrada Libertad, pero no se la asegura a priori, porque todo dependerá de Usted, “que ya es libre”.

El segundo precepto será el “Hacer”.

En el “saber hacer”, en la buena performance, está la clave del éxito (primero individual y luego social).

Pero atención, no se trata de la “primacía de la praxis” (como en Marx o Lenin), ni tampoco del “pragmatismo” (tan caro a la psicología y a la política anglosajona), sino de la “expertness” (destreza, pericia), propia de un “manager” o de un “team leader”, algo que se aprende en las en las universidades o en las Escuelas de Negocios, y se perfecciona luego en la Empresa Privada (líder o exitosa en el mercado donde actúe).

Este es el templo de la ética PRO (equivalente del salón Costa Salguero, para su estética): la Empresa Privada y sus Equipos.

Allí se hará el nuevo “cursus honorum” para recién luego “meterse en política” y eventualmente acceder al Estado (como Administrador, tipo “servidor público”).

Así que: políticos de profesión, abogados, ideólogos o jefes de antiguo cuño, abstenerse: ha nacido una Nueva Política, la de los que –cansados de “los políticos”- decidieron “meterse en Política”.

Si decimos que “Todo va a estar bueno”, es precisamente porque están ahora los que “saben hacerlo”; los que -exitosos en la Empresa- están ahora dispuestos a meterse en Política y volver a rehacer el Estado como corresponden y para todos (“para la Gente”).

Tal como le dije, el Mundo Pro es bastante complejo pero existe.

Se trata esencialmente de un cierto “hedonismo postmoderno”, que persigue la “buena vida”, según el criterio y el esfuerzo de cada individuo (por tanto no confundir con la “vida buena” de la que hablaba Aristóteles, aunque suene parecido).

En segundo lugar, se trata de un “hacer experto”, capaz de posibilitarla en la esfera pública, porque ya lo ha hecho en la actividad privada (y aquí también: no al revés!).

Y por último, de la Administración y Gestión como forma básica y método de esa “Nueva Política”.

Y paro aquí, con las disculpas del caso.

Lo demás –como es previsible- está (o estará muy pronto) en la “nueva TV”.

MC/

• Mario Casalla es doctor en Filosofía, docente, investigador y escritor. Preside la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales.