Algunas consideraciones sobre la eliminación del “otro”, la tergiversación de los hechos y la utilización de la mentira por parte de Estados Unidos y sus aliados de Occidente.

EN LAS GUERRAS LA PRIMERA VÍCTIMA SIEMPRE ES LA VERDAD

Por Víctor Ego Ducrot (*)

El caso París y los ataques del EI. Las víctimas siempre son la verdad y los otros, «los bárbaros» como tuvo el tupé de llamar a esos “otros» monsieur Hollande, sentado bien a la diestra de George W. Bush.

Por Víctor Ego Ducrot (*)
21 de Noviembre de 2015
Tiempo Argentino

En la guerra moderna mueres como un perro y sin motivo alguno, decía Ernest Hemingway, escritor sobre quien resulta festejable volver; por lo menos a mi parece y sobre todo en ocasión de un texto como el presente, desde el cual me permitiré la siguiente digresión inicial, aunque no estoy muy seguro de que la dicha digresión sea tal; al fin y al cabo de esta página ustedes lo decidirán: habitante consuetudinario de La Habana, a Hemingway le fascinaba alojarse en el Hotel Ambos Mundos.

Desde algunas de sus habitaciones o terrazas sería útil escribir hoy, puesto que la muerte de la verdad, preanunciada en el título, en estos tiempos obedece a que los señores de la guerra, que son los mismos que los de las corporaciones financiaras y petroleras, los mismos que ocupan los distinguidos sillones del poder en Estados Unidos y en la llamada Europa Occidental, cuando hablan de mundo, de civilización, sólo se refieren al de ellos, jamás a los ambos o los varios mundos con derecho a existir; porque los otros, los distintos, son descartables, como los 67.500 niños que murieron bajo las bombas que caen sobre Siria, y sobre los cuales la TV no muestra ni una sola imagen, no pronuncia ni una palabra.

Cuando George W. Bush utilizó los trágicos episodios del 11 de septiembre de 2001 para desplegar su maquinaria propagandística y bélica sobre Irak y Afganistán, muy pocos nos atrevimos al ensayo de denuncia sobre la muerte de la verdad, tal cual se registró en aquel entonces: mi libro “Bush & Ben Laden SA”, aparecido a fines de noviembre del mismo año.

El del gran autor estadounidense no hace mucho fallecido Gore Vidal, “Dreaming War: Blood for Oil and the Cheney-Bush Junta”.

También el del colega francés Thierry Meyssan, “La gran impostura”, fueron los primeros en referirse (y demostrar) que los atentados contra las Torres Gemelas había sido obra del propio corazón de Washington y de sus servicios de inteligencia.

Por aquella época la prensa miró a esos textos de soslayo, parecían increíbles; recién los dichos de Fidel Castro –»el imperialismo es capaz de lo inimaginable»- y las posteriores indagaciones del Congreso de Estados Unidos, confirmando nuestras hipótesis de trabajo; recién entonces, subrayo, las investigaciones por nosotros acometidas comenzaron a ser consideradas con irrebatible credulidad.

El tiempo transcurrió y los mismos patronos de la guerra continúan con idénticas operaciones de inteligencia sin piedad.

Los salvajes asesinatos de la semana pasada en París, confirman un vez más que «cuando se declara la guerra, la verdad es la primera víctima», como lo reveló e principio del siglo pasado el británico Arthur Ponsonby en su libro Falsehood in Wartime:

Propaganda Lies of the First World War, al referirse al decálogo propagandístico de toda guerra:

Nosotros no queremos la guerra.

El enemigo es el único responsable de la guerra.

El enemigo es un ser execrable.

Pretendemos nobles fines.

El enemigo comete atrocidades voluntariamente.

Lo nuestro son errores involuntarios.

El enemigo utiliza armas no autorizadas.

Nosotros sufrimos pocas pérdidas.

Las del enemigo son enormes.

Los artistas e intelectuales apoyan nuestra causa.

Nuestra causa tiene un carácter sagrado, divino, o sublime.

Los que ponen en duda la propaganda de guerra son unos traidores.

Son ilustrativas algunas de las conclusiones que el ya citado colega Thierry Meyssan, acaba de publicar en la Red Voltaire, sobre cómo esta vez Francia, país al que define como Estado terrorista, y junto a «los halcones» de Estados Unidos, está asesinando la verdad en nombre de una guerra que las «potencias occidentales» financian y dirigen:

En la noche del viernes 13 de noviembre de 2015, Francia fue atacada por varios comandos que asesinaron al menos 130 personas en 5 lugares diferentes de París (…).

No existe vínculo directo entre los ataques en París del 13 de noviembre pasado con el caso de Charlie Hebdo (…).

Hoy se sabe que el redactor jefe de Charlie Hebdo acababa de recibir una ‘donación’ de 200 mil euros para que continuara su campaña antimusulmana.

También se sabe ahora que los asesinos de Charlie Hebdo estaban vinculados a los servicios de inteligencia franceses y que el origen del armamento que utilizaron está clasificado como Secreto Militar.

Ya demostré en un trabajo anterior que este atentado no fue una operación islamista.

También demostré que fue objeto de una inmediata recuperación mediática y que esa recuperación encontró eco en la población hostil a la República (…).

Aunque los atacantes de París fuesen realmente musulmanes e incluso a pesar de que algunos de ellos hayan gritado ¡Allah Akbar! mientras disparaban sobre los transeúntes, no existe ningún vínculo entre esos ataques, el Islam y una eventual guerra de civilizaciones ( expresión esa que el ultraderechista académico Samuel Huntington elige para titular un libro que es verdadero soporte teórico de los señores de la guerra de Estados Unidos y Europa occidental)

O sea, esos comandos tenían órdenes de matar gente al azar, sin preocuparse por la religión de sus víctimas.

La lectura de esos hechos se hace más complicada porque detrás de los grupos no estatales siempre se esconden Estados que los financian (…).

Aunque los Estados siempre niegan su participación en grupos terroristas, el ministro francés de Exteriores Laurent Fabius declaró en diciembre de 2012, durante la conferencia de los Amigos de Siria en Marrakech, que al-Nusra –la rama de al-Qaeda en Siria– estaba haciendo ‘un buen trabajo’ (…).

En realidad, Francia ya estaba implicada del lado de Al-Qaeda –al menos desde inicios de 2011.

En aquel momento, el Reino Unido y Francia se habían unido al proyecto estadounidense de ‘primavera árabe’.

El objetivo era derrocar a todos los regímenes árabes laicos y remplazarlos por dictaduras de la Hermandad Musulmana. Londres y París descubrieron esa operación cuando ya estaba en marcha en Túnez y en Egipto, pero es muy probable que la participación de ambos gobiernos haya sido solicitada de antemano contra Libia y Siria (…).

En Siria, está ampliamente demostrada la presencia de oficiales franceses a la cabeza de los grupos armados en momentos en que perpetraban crímenes contra la humanidad.

Francia ha estado jugando, desde entonces, un juego extremadamente complejo y peligroso.

Claro, las víctimas siempre son la verdad y los otros, «los bárbaros» como tuvo el tupé de llamar a esos “otros» monsieur Hollande, sentado bien a la diestra de George W. Bush.

(*) Texto publicado por el diario Tiempo Argentino. Su autor es doctor en Comunicación por la UNLP, profesor de esa Universidad y director de AgePeBA.