“La crisis global en su laberinto”, nuevo e importante libro de Arturo Guillén

POLÉMICA, SU VISIÓN Y CRÍTICA DE LIBRO SOBRE LA CRISIS DE FOSTER Y MAGDOFF

Por Julio Boltvinik

Publicado en coedición por la UAM-I y Biblioteca Nueva, de Madrid, lo que le augura una circulación internacional, el nuevo libro de Arturo Guillén (AG), destacado economista mexicano y uno de los pocos que analizan sistemáticamente la crisis económica mundial, recupera y actualiza capítulos de libros antes publicados y añade varios capítulos enteramente nuevos, brindando así al lector un panorama muy amplio, actualizado e integral de la crisis actual y de las teorías para explicarla.

NAC&POP

27/11/2015

 

No conozco mejor material, ni en México ni en otros países, para obtener una visión holística de la crisis capitalista actual.

El libro se lee con facilidad. AG escribe muy bien y con gran claridad.

En el Prólogo, lo primero que llama la atención y que hace pensar que no estamos ante el trabajo de un economista economicista, sino de uno consciente de las limitaciones de las disciplinas en general y, sobre todo, de la economía en particular, es que concibe la crisis actual del capitalismo global no sólo como crisis económico-financiera, sino como indisolublemente vinculada con las crisis energética, ecológica y alimentaria y que las cuatro crisis se retroalimentan entre sí.

Observa, aunque no lo elabora, que la sincronía de las cuatro crisis “pareciera señalarlos límites del capitalismo y la necesidad de rebasarlo como única alternativa para salvar a la humanidad y a la naturaleza”.

El objeto de estudio del libro es, sin embargo, sólo la crisis económico-financiera.

En los primeros cinco capítulos AG analiza el desarrollo de la crisis en sus diferentes etapas, desde su irrupción como crisis financiera en EU, su conversión en recesión generalizada en 2008-2009 y el traslado de su foco al espacio europeo en 2011.

Aquí recupera textos anteriores que actualiza y amplía para incluir América Latina y Europa. En los capítulos 6 a 8, el autor centra la atención en el debate teórico en torno a las causas de la crisis.

A diferencia de muchos economistas, AG considera que la crisis no ha concluido, que es una crisis viva.

Además, lo que es original, concibe la crisis actual como formando una unidad con la crisis que empezó a mostrar sus primeros signos a finales de los años sesenta y estalló en los setenta.

Esta crisis, dice AG apoyándose en el historiador Braudel, significó una demolición-reconstrucción estructural del sistema que dio origen al nuevo orden neoliberal que, entre otras cosas, significó la instauración de un régimen de acumulación con dominación financiera (en los años 80) que no significó el fin de la crisis.

Dice: “En mi opinión, la crisis de los años 60 nunca fue resuelta satisfactoriamente.

De allí que en este libro se postule que la crisis global actual no es una nueva ‘gran crisis’ sino una prolongación de aquélla.

Está inscrita en la fase deflacionista de aquella crisis, la cual comenzó a manifestarse en los 80 a partir de la crisis de la deuda externa de los países de la periferia…

Bajo la globalización neoliberal, el capitalismo ha vivido de burbuja financiera en burbuja financiera”.

Para AG, la llamada crisis europea coartó cualquier posibilidad seria de recuperación de la economía mundial.

Mirando hacia adelante dice: “La crisis tiene todavía un largo camino por recorrer…La tendencia al estancamiento parece ser el escenario más probable que predominará durante un lapso prolongado.

Hasta ahora los bancos centrales de los países desarrollados han bajado hasta el límite las tasas de interés… sin que hayan logrado modificar sustancialmente el marco de incertidumbre en que se desenvuelve la economía mundial.

Por el contrario, el panorama se nubla por el avance de la deflación y por su imbricación con la recesión y el estancamiento.”

AG señala que la crisis ha motivado una amplia discusión teórica en la que el pensamiento neoclásico, liberal y monetarista poco ha aportado: “El mainstream no pudo preverla, ni explicar sus causas de fondo, ni tiene propuestas para resolverla que no sea la de mantener una fe ciega en la capacidad de los mercados para autorregularse…las principales explicaciones teóricas sobre la crisis provinieron del pensamiento heterodoxo: poskeynesiano, regulacionista, subconsumista y marxista”.

En el capítulo 6 AG analiza, por primera vez, el libro “The Great Financial Crisis” (hay versión en español del FCE) de John B. Foster y Fred Magdoff (FM), cuyo pensamiento clasifica como neo marxista sub consumista.

Me sorprendió este último término que en mis análisis de estos autores (y del libro de Baran y Sweezy “El capital monopolista”, en los que aquéllos se basan), nunca he usado.

AG unifica, como si fueran una única teoría, la teoría subconsumista que Sweezy expuso en “Teoría del desarrollo capitalista” (1942/45, FCE) y la teoría del excedente económico de Baran y Sweezy (desarrollada inicialmente por Baran en La economía política del crecimiento (FCE, 1959).

AG señala que FM sostienen la tendencia crónica del capitalismo monopolista financiero al estancamiento basándose tanto en el libro de Sweezy de 1942, como en el de Baran y Sweezy.

He vuelto a revisar el libro de FM y no he logrado encontrar referencia alguna a la teoría subconsumista expuesta por Sweezy en 1942.

Esto no quiere decir que la liga no exista.

AG cita muchos de los análisis de FM que muestran evidencia detallada de como la concentración del ingreso en la era neoliberal, debe haber agravado las condiciones para la realización de la plusvalía o para la absorción del excedente económico.

Revisando el libro original de Sweezy, encuentro un análisis muy detallado de las diversas obras en que Marx sostiene tesis ‘sub consumistas’ como elemento causal de las crisis, pero sobre todo como el núcleo central de las contradicciones capitalistas.

Guillén descalifica la teoría de FM apoyándose en una única evidencia empírica: “Sin embargo, el problema principal del enfoque sub-consumista que adoptan Foster, Magdoff y Palley es, precisamente, que no es posible probar que la crisis global fue causada por una falta de consumo.

Como ellos mismos reconocen, el consumo privado había alcanzado, antes de la crisis –mediante endeudamiento y absorción de capital del exterior, si se quiere– niveles sin precedente”. (p.172)

El asunto merece mucha mayor discusión.

Los datos de cuentas nacionales son identidades contables observadas ex-post, no están desagregados en consumo proveniente del salario y el proveniente de los ingresos del capital.

En el periodo al que se refiere Guillén, el consumo suntuario creció explosivamente y, como él analiza, el consumo financiado con deuda crece mucho más.

Las citas que Sweezy hace de Marx (“Historia crítica de las teorías de la plusvalía” y el Vol. III de “El Capital”, muestran que esta visión está centrada en las contradicciones centrales del capitalismo.

Sweezy cita a Marx: “La causa última de todas las crisis reales siempre sigue siendo la pobreza y el consumo restringido de las masas en comparación con la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas en una forma en la que sólo el poder absoluto de consumo de la sociedad entera fuese su límite. (Vol. III de El capital)”.

Si despierta muchos debates como éste que aquí sólo he podido esbozar, el libro de Arturo Guillén, y estoy seguro que lo hará, habrá hecho una enorme contribución al entendimiento de las crisis.

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