Desde tiempo inmemorial los intelectuales y artistas estuvieron ligados al poder político.

LOS INTELECTUALES Y LA POLÍTICA

Por Norberto Colominas

Desde los primeros siglos de la Edad Media, esa ligazón se basa en la dependencia con el rey de turno, quien protege y garantiza el buen ejercicio de esos trabajos. Reyes y Papas prohijan a pintores, escritores, filósofos, músicos, al punto que ellos formaban parte integral de esas cortes.

NAC&POP
16/11/2015

Desde tiempo inmemorial los intelectuales y artistas estuvieron ligados al poder político.

Desde los primeros siglos de la Edad Media, esa ligazón se basa en la dependencia con el rey de turno, quien protege y garantiza el buen ejercicio de esos trabajos. Reyes y Papas prohijan a pintores, escritores, filósofos, músicos, al punto que ellos formaban parte integral de esas cortes.

El caso de Miguel Angel y su extraordinario trabajo en la capilla Sixtina, así como su relación con el Papa de turno, es el mejor ejemplo.

Sin embargo, desde la ilustración francesa en adelante los intelectuales empiezan a independizarse del poder político, aunque los lazos entre ellos continúan, quizá de manera menos orgánica.

En la Argentina, por ejemplo, no se puede hablar de una dependencia nociva para el ejercicio de las artes y del pensamiento en cualquiera de sus formas, pero tampoco de su completa independencia.

Hay intelectuales más o menos orgánicos, como los de Carta Abierta, por ejemplo, y otros inorgánicos, inscriptos en el oficialismo o en la oposición.

Unos y otros conviven, a veces favorecidos por empleos reales o encubiertos, o simplemente protegidos por el manto gris de las burocracias de uno y otro lado.

Conviven entre ellos sin más disputas que las propias de la confrontación de ideas.

Así ocurrió a mediados del siglo pasado entre peronistas y antiperonistas, en algunos casos con violencia verbal y consecuencias desagradables como perder los empleos o verse obligados a dejar el país.

Andando el tiempo el volumen de la confrontación disminuyó lo suficiente como para permitir que se escuche lo que dicen y se dicen.

El debate de ideas es sustancial en la democracia, y, muchas veces, su mejor expresión.