Confiemos en la sabiduría del Pueblo.

LA DEVOLUCIÓN SOCIAL DEL “RELATO” KIRCHNERISTA

Por Walter Moore

Ahora nos esperan tiempos turbulentos, pero este proceso de ruptura de una hegemonía inconsistente abrirá el paso a una nueva era de transformaciones.

NAC&POP

26 de octubre de 2015

La vaguedad sin sustancia del “relato” kirchnerista ha recibido una consistente respuesta de la sociedad: 15 millones de electores lo han repudiado, y todavía no podemos definir cuantos de los 9 millones que lo votaron lo han hecho por adhesión a este “relato”, o por temor a los desastres que traerá sobre nosotros la increíble mediocridad del antikirchnerismo, ahora empachado de triunfalismo.

El kirchnerismo nunca fue un sistema de poder, carece de dos de los tres elementos sustantivos de estos:

Un modelo ideológico consistente y un dispositivo de poder que lo sostenga en la realidad del poder[1],  y sólo se manejó en el tercer elemento:

El manejo político, que, como podemos comprobar, no fue suficiente, ni siquiera para mantenerse en el gobierno.

Sin embargo, el “relato” aún incoherente, solucionó desórdenes importantes de nuestra sociedad, reparando deudas contraídas durante medio siglo (desde 1955 a 2004), hizo aportes a los grupos más desprotegidos, restauró las bases materiales de la educación superior, impidió algunos de los robos más alevosos de nuestro patrimonio, y aprovechando la desconfianza sustancial a la burdalidad de la oposición liberal, logró impedir toda crítica a una conducción insuficiente, porque cualquier observación podría ser aprovechada por esa “oposición” tan lamentable, que, ha pesar de la contundencia electoral no logró el aprecio del electorado, pues este resultado puede ser leído más como castigo a las falencias del kirchnerismo, que a las bondades de la oposición.

El Relato fue cuidadosamente articulado para desmantelar la potencia del modelo peronista, (que subsistió aún careciendo del Dispositivo que hizo posible la transformación de nuestra sociedad) pero que, por cálculos mezquinos, no fuera restaurado por el kircherismo, dando actualidad y vigencia al modelo diseñado por Juan Domingo Perón, adecuándolo a las exigencias del Nuevo Siglo, sólo que se limitó a reparar los daños más espantosos generados por dos generaciones de argentinos sometidos a gobiernos liberales.

No se recuperó el espíritu de la Constitución de 1949, sino que se siguieron extranjerizando nuestros recursos naturales, no se reformuló el sistema productivo para lograr una autosuficiencia integral, no se asumió una posición de liderazgo en el orden mundial, y se dejó a la Argentina en estado de indefensión ante la guerra moderna.

Un liberalismo vestido con la seda peronista, no oculta que debajo se esconde la arrogancia de la mediocre impronta cultural de la clase media argentina. ¡Qué lástima, qué desperdicio!

Con lo necesario que es el pensamiento nacional y popular argentino en el proceso Continentalista Suramericano.

Hoy podemos percibir con claridad que, los grandes trazos de la política internacional que llevó a cabo el gobierno saliente, no provenían de su vientre, sino del carisma y talento de Hugo Chávez, verdadero artífice de la derrota al proyecto imperial del ALCA, ahora reflotado por las multinacionales para Europa y para Asia.

La clase gorila argentina reconoce muy bien a sus congéneres y detecta con facilidad sus fallas y simulaciones, y eso es lo que provoca su ira contra Cristina Kirchner, reconoce sus simulacros, pues los practican cotidianamente, reconocen en Cristina a uno de ellos, pero que juega para un bando contrario.

Y como dice el dicho popular “La mentira tiene patas cortas”, y más ahora con los recursos de la digitalización.

Lo que si deja son muchas líneas de aquellas que Perón trazo hasta el 55 y que en las décadas siguientes supieron ir borrándolas desde fuera pero más desde dentro, recompusieron restituyeron líneas de trabajo y pensamiento como contar nuevamente con :Ferrocarriles propios (pero con una industria automotriz totalmente extranjerizada), impulsaron una política  aeroespacial de Satélites y aeronáutica propios, jubilaciones y pensiones en manos del Estado, política científica y tecnológica propia, política nuclear nacional con centrales de tecnología propia,  políticas de subsidios a los argentinos menores y por nacer, a cambio de controlar su condiciones de salud y concurrencia a la escuela y nuevamente devolverle a la argentina otra mirada sobre la América continental e hispana, y seguramente se me olvida algún otro aporte en los 12 años de gobierno, pero no olvidemos que Perón hizo todo lo que hizo en una sola década.

Ahora nos esperan tiempos turbulentos, pero este proceso de ruptura de una hegemonía inconsistente abrirá el paso a una nueva era de transformaciones.

Es probable que esta nueva etapa liberal ni siquiera tenga la misma duración que la de De LaRua.

Confiemos en la sabiduría del Pueblo.

WM/

[1] Las primeras medidas de Perón fueron instalar el IAPI, la nacionalización de los depósitos bancarios, la estatización de los Servicios Públicos, el apoyo a la red de distribución por almacenes, (básicamente familiares), el desarrollo de la industria pesada, y la preservación nacional de los recursos del subsuelo.