La ortodoxia monetaria no admite demostración en contra y, si se insiste, rayos y culebras caen sobre el lomo del contraventor.

VERDADES MATEMÁTICAS

Para que los bancos cobren, para honrar la deuda pública, la sociedad se dispone a despedazar los instrumentos que –con otro horizonte– permitieron remontar las crisis del pasado.

Tiempo Argentino
El Ortiba
26/10/2015

La verdad matemática cerró todo el debate.

La pregunta nunca fue gana o no gana el Frente para la Victoria, sino por cuánto.

Todas las encuestas le daban la pool position, sin que nadie terminara por creerlas concienzudamente.

Cada uno, según sus preferencias, elegía un resultado y cada resultado quedaba relativizado por otra encuesta «seria».

Al punto de que el margen de error de cualquier análisis de tendencias terminaba devorando el problema que intentaba resolver.

Dicho con sencillez: ¿al gobernador bonaerense le alcanza sin segunda vuelta?

Ahora lo sabemos: con el 69% de las mesas escrutadas, Mauricio Macri aventaja a Daniel Scioli por 36,07 a 34,86.

(Despues cambio y gano Scioli por pocos puntos)

La información fue suministrada por el ministro Julio Alak y constituye un escándalo político.

De modo que todas las encuestas, de confirmarse esta tendencia firme, estarían erradas, dado que según los encuestadores, Scioli primereaba las preferencias.

Los discursos de los candidatos en los búnker de campaña permitían entrever que la distancia entre Scioli y Macri no sólo terminaría organizando el nuevo escenario nacional.

Además, Macri disputará con el gobernador bonaerense la presidencia en el próximo balotaje.

Sergio Massa, por su parte, reconoció que ocupa el tercer puesto, y Margarita Stolbizer el lejano cuarto lugar.

Desde la reforma contitucional de 1994, el candidato presidencial más votado en cada oportunidad obtuvo la mágica distancia; Daniel Scioli, por no haber alcanzado la diferencia requerida para vencer en primera vuelta, carga la pesada responsabilidad íntegramente sobre sus espaladas.

Claro que una fuerza política que gobernó 12 años (con una presidenta que se retira con una imagen positiva que ronda el 50 por ciento, no de los votos emitidos, sino del caudal de toda la sociedad), debería indagar sobre por qué no pudo parir un candidato de mayor octanaje político.

Las elecciones, cuya monotonía no tiene parangón en historia nacional, concluyeron tras una campaña presidencial que no conmovió a nadie; en manos de expertos de marketing político, una paradoja no pequeña se abrió paso.

Cuanto más intensa y compleja se torna la crisis del capitalismo global, más patéticos los dirigentes convocados para enfrentarla.

La desproporción hace pensar que no se trata de orientar su curso, sino de someterse a su lógica.

Cuando se observan los «programas» aportados para resolverla, queda claro el preponderante espacio de las soluciones financieras clásicas.

No las productivas, sino las avistadas por los organismos financieros internacionales.

La ortodoxia monetaria no admite demostración en contra y, si se insiste, rayos y culebras caen sobre el lomo del contraventor.

Para que los bancos cobren, para honrar la deuda pública, la sociedad se dispone a despedazar los instrumentos que –con otro horizonte– permitieron remontar las crisis del pasado.

Por eso, importan los funcionarios que nadie vota, los que integran la directiva de los bancos centrales, y no los impotentes parlamentarios respaldados en el voto popular.

Y esa no es por cierto una tendencia «argentina», o en todo caso no sólo, sino un proceso de vaciamiento donde la política perdió su capacidad de transformación colectiva, para organizar una pinza nacional trágica: los bancos y los intendentes.

Los bancos aportan el manual de instrucciones, los intendentes «gestionan» su ejecución.

Y como un intendente se parece demasiado a otro intendente, al tiempo que ambos nos recuerdan a un gerente con poco glamour.

¿Alguien conoce un debate de ideas entre CEOs que haya concitado fervor en las redes sociales, o en alguna otra parte?

Una oposición sin estrategia

La oposición armó el palo enjabonado de la deslegitimación del sistema político.

Esto es, repetir la estratagema tucumana sin represión; conviene recordar que cuando el escrutinio provisorio en las elecciones le daba 14 puntos de desventaja, Cambiemos denunció fraude, cosa que ya había hecho en las ajustadas elecciones por la gobernación de Santa Fe.

Pero además, el martes volvió a anunciar – Elisa Carrió mediante – que se estaba preparando un fraude a escala nacional.

Las pruebas quedaron para otra oportunidad.

Y por cierto, mas allá de la tapa de algunos diarios, se trata de un camino sin destino, que por cierto esta vez no se repitió.

Aun así, el gobernador bonaerense había llamado a respetar la decisión popular, adelantándose a una posible maniobra deslegitimadora.

La posibilidad de vencer del oficialismo se fue desvaneciendo a cierta velocidad.

Y el avance de la información oficial, de seguro confirmara una tendencia que confirman resultados puntuales.

La derrota K en la provincia de Jujuy, a modo de ilustración, permite entender que el macrismo alcanzó una insospechada implantación nacional.

La Cámara Nacional Electoral, por su parte, convocó a todos los partidos, y recomendó prudencia porque la definición final podía depender de décimas de un punto.

Recordaron asimismo que el único escrutinio válido es el que realiza la justicia electoral.

INDRA, empresa que realiza el escrutinio provisorio, informó que la diferencia con el definitivo nunca excedió el 0,37 por ciento.

Esto es, el margen de exactitud del escrutinio provisorio resulta altamente confiable.

Una mirada menos capturada por la coyuntura permite entender que en el sistema electoral inaugurado en 1916, el presidente saliente designa al entrante.

Y un plebiscito electoral acepta o rechaza esa designación.

Desde el momento en que Roque Saenz Peña modificara la ley electoral, se votó según padrón militar, el nuevo presidente no era precisamente un secreto: Hipólito Yirogoyen.

Era la primera vez en la historia nacional que la mayoría ponía el nombre del hombre que decidía.

Y si bien es cierto que los obreros – por ser mayoritariamente extranjeros – no votaban y que tampoco lo hacían las mujeres, resulta innegable que supone un parte aguas: la ampliación del proceso democrático.

Yrigoyen elige a Marcelo Torcuato de Alvear para regresar a la presidencia en 1928.

Y el golpe del ’30, sus ejecutores, optan por proscribir a la mayoría hasta 1945.

El plebeyo 17 de octubre no sólo incorpora a los trabajadores a la lucha política, además se saltea la «consulta presidencial».

De modo que el coronel Perón, con el respaldo de un partido obrero basado en los sindicatos – el laborismo – venció a todos los partidos coaligados en la Unión Democrática.

La Constitución del ’49 permitió la reelección, y el golpe del ’55 puso fin a una década de gobiernos peronistas constitucionales.

Entre 1955 y 1973 las FF AA y el radicalismo cogobernaron bajo las banderas de la Revolución Libertadora, y una vez más la movilización de masas obreras en la Córdoba rebelde, abrió un nuevo curso.

Por eso, el 11 de marzo del ’73 Héctor J. Campora arribó a Balcarce 50, sin olvidar que Juan Domingo Perón fuera proscripto por última vez.

Campora gobierna seis semanas, y su renuncia permite que el general acceda por tercera vez a la presidencia en compañía de su mujer.

La muerte de Perón y el golpe del ’76 concluyeron ese ciclo histórico.

Y la Guerra de Malvinas, la derrota militar y política de las FF AA, supuso la destrucción definitiva de un cuadro de oficiales descompuesto por la «batalla contra la subversión».

La secuencia desaparición, tortura y muerte de toda forma de oposición armada y desarmada, mediante grupos de tareas, destrozó la cadena de mandos y sin esa cadena las bandas armadas reemplazaron la verticalidad militar.

Todo lo demás es historia conocida. Raúl Alfonsín pone fin al mito de la imposibilidad de derrotar electoralmente al peronismo. Sin que esa derrota suponga el fin del procesismo militar.

El dogal de la deuda externa y la falta de punición de los delitos aberrantes contienen los hilos de continuidad que Carlos Saúl Menem llevó al paroxismo.

La crisis de 2001 quebró ese piolín, y 12 años de gobierno K mostraron –en ciertas condiciones del mercado mundial – que era posible restablecer la igualdad ante la ley, punir los delitos de lesa humanidad y restablecer las relación entre las palabras y las cosas.

El nuevo presidente de los argentinos será consagrado en balotaje, por primera vez desde 1994, y las condiciones de la crisis global nos harán saber hasta qué punto se trata de una continuidad, y cuáles serán los datos de la inevitable ruptura.