No sólo de alcanzar un triunfo en las urnas se trata, sino fundamentalmente, de tener la vocación política fundante del peronismo.

¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE QUE EL PERONISMO GANE EL 25?

Por Víctor Ego Ducrot (*)

La patria tiene este rumbo latinoamericano definitivo que es central, que es la base de operaciones que tiene el Papa para plantear filosóficamente un nuevo orden, a partir de su territorio primario con una unidad de concepción; desde el sur del Río Bravo hasta Ushuaia. O nos salvamos entre todos, o no se salva nadie, y esto Francisco lo está predicando en todo el mundo.

Tiempo Argentino
Agepeba
17 de Octubre de 2015

Una victoria que tienda a crear las condiciones políticas objetivas y subjetivas para avanzar hacia la transformación del orden económico, social y cultural dominante.

Ningún otro día del año como el 17 de Octubre resulta tan propicio para formular la pregunta del título e intentar una respuesta.

Pero primero una evocación a la efeméride insoslayable, la del poeta y leyenda viva del peronismo Alfredo Carlino, quien allí estuvo, en la Plaza, siendo un pibe y como si no le bastase tanta épica, también festejando su cumpleaños.

Una reflexión, formulada por Gabriel Mariotto respecto del movimiento político y cultural devenido cosmogonía emancipatoria de los argentinos; y algunas breves aproximaciones en torno a dónde estamos hoy como instancia de vocación liberadora.

«Fue una verdadera revolución social que cambió la historia nacional. Ese día descubrimos a nuestro conductor, a Juan Perón», recordó el poeta.

Por su parte, el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires destacó el jueves, en el Instituto Manuel Dorrego, que el peronismo y su tradición de luchas populares le respondieron a la crisis de 2001:

«Después del derrocamiento de Perón en el ’55; de los fusilamientos; de Felipe Vallese; del Plan Conintes; de la Resistencia y el retorno; después de la frustración, de la Triple A y del golpe de Estado que nos trajo muerte, tortura y desaparición; de nuevamente la resistencia, de la recuperación de la democracia y la traición de los ’90.

Nuestra cultura llegaba gateando, casi herida de muerte; medio que nos tenían para el tiro de gracia (…).»

En otro tramo de su alocución, Mariotto destacó el rol de Papa Francisco sobre el escenario argentino (y regional): con él, los peronistas «ya no tenemos 4 millones de afiliados, tenemos 1.200 millones. La patria tiene este rumbo latinoamericano definitivo que es central, que es la base de operaciones que tiene el Papa para plantear filosóficamente un nuevo orden, a partir de su territorio primario con una unidad de concepción; desde el sur del Río Bravo hasta Ushuaia. O nos salvamos entre todos, o no se salva nadie, y esto Francisco lo está predicando en todo el mundo”.

Un día antes, en un acto en el Senado bonaerense, el estrecho colaborador de Daniel Scioli en su campaña electoral había señalado: «Aquel 17 irrumpió como irrumpen las políticas del peronismo, en silencio; por eso con orgullo somos los grasas, los cabecitas negras, los descamisados».

En otra de sus tantas interpretaciones sobre el complejo rol que desempeña el jefe de la Iglesia Católica, disparó: «El Papa Francisco es otro Perón», frase esa y otras referidas al Papa que no circulan en solitario, puesto que desde distintos ámbitos militantes y de reflexión política se está trabajando sobre una idea tan rica como compleja: si se tienen en cuenta en forma dialogante la irrupción de Francisco al frente del Vaticano.

Una irrupción–quizá también inesperada, al mejor estilo peruca.

Por otro lado en la configuración de nuestro tablero electoral, podría observarse que las elecciones locales del 25 están por dar una nueva referencia de conducción en el peronismo, la de Daniel Scioli, a la vez inserta, ésta, en el contexto significante de un liderazgo cultural mucho más abarcativo para las mayorías argentinas y de nuestra América toda, que es el del Papa.

Sí, con sus características y hasta condicionamientos –los surgidos a partir de su propia condición religiosa y pontificia– quizá Francisco sea hoy quien se haya puesto al hombro el liderazgo efectivo en las luchas globales y de nuevo tipo por la justicia social; y con el aporte de algo que a veces puede resultar no tan visible: cuando llama a los jóvenes a «hacer lío» no está haciendo otra cosa que proponer una militancia activa en pos de esa justicia social.

Ahora sí. ¿Por qué el peronismo tiene que ganar las elecciones?

La cuestión parece sencilla: porque las fuerzas más reaccionarias del país están al acecho, para, con poco, intentar la apertura de un proceso restaurador del orden neoliberal más salvaje; y es el peronismo justamente la única expresión colectiva capaz de evitar semejante tropelía.

Sin embargo, se trata de un tópico que conviene ser problematizado, con la idea de comprender mejor su propia dialéctica interna; pues no sólo de alcanzar un triunfo en las urnas se trata, sino, y fundamentalmente, de tener la vocación política –la fundante del peronismo– de que esa victoria tienda a crear las condiciones políticas objetivas y subjetivas –una mirada estratégica con flexibilidad táctica– para avanzar hacia la subversión del orden económico, social y cultural dominante, subversión que a su vez será condición inexcusable para mantener los efectos de la propia victoria electoral.

No queda espacio hoy para plantear una agenda temática completa de ese programa de necesidad subversiva.

Con la idea y esperanza de poder desarrollar algunos otros puntos en futuros textos y contextos, se me ocurre para hoy uno que es decisivo y sobre el cual acaba de explayarse ayer el economista de la UBA Ernesto Mattos, en diálogo con la colega Lucía Pires, de la agencia AgePeBA.

Respecto del modelo extractivo que somete a la economía argentina, modelo dependiente y empobrecedor que se expresa en la explotación minera irracional y en el esquema de monocultivo y sojero de los agronegocios, el también integrante del colectivo “Rodolfo” (intelectuales del Proyecto Nacional), planteó: «Hay que pensar la minería con todas las leyes vigentes, para decidir si explotamos o no los recursos que tenemos en el tiempo y de la forma que indica el Estado, y no según la voluntad del sector privado.»

Sobre la cuestión agraria Mattos propuso «repensar el modelo agroexportador, con una fuerte diversificación productiva.

Lo que se propone es la chacra mixta, que no se utilice sólo para soja sino que pueda tener también chanchos, corderos, vacas, maíz.

El monocultivo implica desarraigo y responde al modelo neoliberal; mientras que las chacras, al tener tanta diversidad, son aglutinadoras de familias.»

Además, consideró fundamental «un impuesto al latifundio; la importancia del inmobiliario rural en las provincias y el rol de los pequeños productores, con lo que podría darse una mayor regulación del comercio exterior, para regular la actividad granaría que genera divisas».

Algo de lo tanto que nos queda para ir pensando; y por una victoria el 25.

• Su autor, Victor Ego Ducrot, es doctor en Comunicación por la UNLP, titular del Cátedra II de Historia del Siglo XX en la Facultad de Periodismo y director de AgePeBA.