De los 400 principios que tiene la marihuana “el THC es el más adictivo, el más cancerígeno y el único que tiene propiedades anestésicas”.

THE MARIHUANA POWER

Por Norberto Colominas

“El narcotráfico financia y administra cuidadosamente estos desarrollos biogenéticos, tanto como los bancos de semillas derivados de ellos”, confirma la Subsecretaría de Planeamiento y Control del Narcotráfico de la Secretaría de Lucha contra las Drogas (Sedronar).

NAC&POP
20/10/2015

La alta concentración de delta-9-tetrahidrocannabinol, o THC, principio activo de la marihuana, la volvió aún más adictiva y cancerígena, según Nora Volkow, directora del Instituto Nacional de Abuso de Drogas de Estados Unidos (National Institute of Drugs Abuse, NIDA, en inglés), una de las principales expertas del mundo en abusos de sustancias, en diálogo reciente con el autor de esta nota.

The marihuana power“

Desde la década del 70 y hasta los primeros años 90 la concentración de D-9-THC iba del 2% al 3%.

A comienzos de aquella década la manipulación genética la llevó al 6% y actualmente ronda el 11%”, afirmó Volkow, mexicana de nacimiento y biznieta de León Trotsky.

Según ella, de los 400 principios que tiene la marihuana “el THC es el más adictivo, el más cancerígeno y el único que tiene propiedades anestésicas”.

Una de las toxicólogas argentinas más respetadas, sumó otra imputación: “el D-9-THC atraviesa la barrera placentaria y produce alteraciones en el feto.

Pasa también a la leche materna, lo que representa un riesgo tóxico adicional para el lactante”.

A mayor concentración de THC, mejor calidad de la marihuana.

Para obtener precios más altos los genetistas a sueldo de los narcos utilizan variedades que contienen cada vez una mayor proporción de ese principio.

“El narcotráfico financia y administra cuidadosamente estos desarrollos biogenéticos, tanto como los bancos de semillas derivados de ellos”, confirma la Subsecretaría de Planeamiento y Control del Narcotráfico de la Secretaría de Lucha contra las Drogas (Sedronar).

Este organismo reveló en 2012 que un millón y medio de personas consumen marihuana regularmente en la Argentina.

Despenalizar la tenencia para legalizar el consumo.

Según lo demuestra una vasta experiencia internacional avalada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la despenalización de cualquier droga provoca un aumento exponencial de la oferta y por lo tanto de la demanda.

¿Cuánto?

¿El doble?

¿El triple?

Sería bueno saberlo, pero si el mercado ofrece, el cliente aparece.

El estado carece de una estructura sanitaria suficiente para contener a los adictos, cuyo número se incrementa mes a mes.

La cantidad de consumidores que son atendidos en instituciones públicas o privadas no llega ni al uno por ciento de los adictos.

Además, en todo el país sólo cuatro hospitales tienen servicio de toxicología.

¿Qué haría la sociedad argentina ante una eventual multiplicación del consumo de marihuana?

¿Con qué recursos económicos, sanitarios y asistenciales enfrentaría esa pandemia?

El alcohol domina con holgura el consumo de sustancias psicoactivas (48,1% del total).

Le siguen el tabaco (27,4%), la marihuana (5,5%), los fármacos sin prescripción (2,5%), la cocaína (2,1%); el paco/pasta base (1%) y las drogas de diseño, como el éxtasis (0,5%), en cifras del Observatorio Argentino de Drogas.

Reténgase el dato de que la primera, la segunda y la cuarta son legales y que entre las tres explican más del 77% del consumo de psicoactivos.

Una década después de que EEUU aboliera la Ley Seca, el consumo de bebidas alcohólicas se multiplicó por diez, y las antiguas bandas de traficantes de alcohol convirtieron las destilerías clandestinas en prósperas empresas legales, primero, y en multinacionales después.

Algunos sectores de opinión parecen no comprender la relación directamente proporcional que existe entre la legalidad de las sustancias y la generalización del consumo.

En la producción y distribución del alcohol, el tabaco y los psicofármacos, sustancias permitidas, no intervienen dealers, perejiles, narcotraficantes, policías corruptos, jueces cómplices ni políticos venales.

No.

Allí sólo hay industria, comercio y consumo, tan legal como si se tratara de libros o caramelos.

Cuando se las califica por su impacto masivo en las sociedades, el alcohol, el tabaco y los psicofármacos son las sustancias psicoactivas más peligrosas del mundo, aunque eso no atenúa la peligrosidad de la marihuana, al contrario, la pone en foco.

La condición legal o ilegal de una droga no deviene de su capacidad intrínseca de daño, pero determina el rango de la oferta, la facilidad para adquirirla, el precio final y por lo tanto el volumen de la demanda.

La venta libre abaratará el producto, la publicidad lo instalará y la distribución, que una vez legalizada podrá operar cómodamente, garantizará su llegada a todos los puntos de venta.

El objetivo final de este movimiento es la legalización lisa y llana del cannabis, condición necesaria para concretar un negocio formidable, porque las tabacaleras ya tienen todo preparado para producir y comercializar cigarrillos de marihuana: los capitales, la materia prima, la experiencia, la biotecnología, la logística y los kioscos.

En todos los países su estrategia es la misma.

El objetivo inicial es obtener la despenalización de la tenencia para consumo personal.

Saben que lo demás llegará solo; país por país, al principio, y después uno tras otro por efecto dominó.

Ahora es el turno de Uruguay…

Crítica de la razón jurídica.

El sentido común jurídico indica que el traficante es el delincuente, no el adicto.

En los papeles, al menos, esto es evidente.

Pero en la realidad ocurre que una cantidad muy importante de adictos son, a su vez, vendedores de drogas, porque esa es la única posibilidad que tienen de financiar su consumo.

Y en tanto que tales ya no son perejiles sino dealers, y por lo tanto integran la red de distribución de la marihuana.

Son, a un tiempo, víctimas y victimarios.

Veamos, entonces, cómo se aplica la misma ley según la ideología de los distintos juzgados.

Aunque fue un caso excepcional, en 2007 una de las dos salas de la Cámara Federal porteña condenó a un individuo por la tenencia de un cigarrillo de marihuana, uno solo, cuando en estos casos la propia ley admite el empleo de medidas curativas y/o educativas.

Ideología 1 – Ley 0.

En la vereda opuesta, la otra sala de la misma cámara exculpó a una mujer que cultiva y consume marihuana presuntamente como anestésico.

El fallo hizo lugar a la “opinión subjetiva” de la mujer, ya que obtiene un “efecto benéfico” sin provocar “daño a terceros”.

Aunque una dosis terapéutica del D-9-THC ya se consigue en pastillas, el fallo autorizó a la mujer a seguir cultivando y consumiendo cannabis.

Una junta médica competente hubiera recomendado, si acaso, las pastillas, nunca el vegetal, por todo lo antedicho y además porque “el humo de marihuana contiene un 50% más de alquitrán que el tabaco”, como explicó Vallejo.

Pero estos jueces no consultaron a los toxicólogos que podían haberlos sacarlos de su error y hoy la mujer continúa consumiendo marihuana a voluntad.

Ideología 2 – Ley 0.

Aunque no lo hayan hecho en ese caso, la buena noticia es que ahora, ante un caso semejante, los jueces pueden pedir la realización de una tomografía por emisión de positrones (PET, en inglés).

Ese estudio revela el daño cerebral que provoca el consumo de cualquier sustancia psicoactiva y muestra también las huellas de enfermedades como el Alzheimer.

En caso de haber podido probar el daño neuronal con una imagen irrefutable de última generación, los jueces hubieran podido desestimar tanto “la opinión subjetiva” de la mujer como el “efecto benéfico” del cannabis.

Es aberrante y completamente inadmisible que el consumo de marihuana, que afecta el lóbulo frontal, como demuestra categóricamente el PET, pueda ser considerado terapéutico por la justicia. Ideología 3 – Ley 0.

Amén de los factores psicológicos y socio ambientales que las propician, las adicciones están influidas por cuestiones históricas, políticas, económicas, culturales y sanitarias.

No por nada hace unos 5 mil años que el hombre convive con drogas.

Por lo tanto, analizar esa complejidad desde una lógica sesgada equivale a espiar la realidad por el ojo de la cerradura.

Para medir el fenómeno de las adicciones no alcanza con el metro jurídico; se requiere una mirada integradora, multidisciplinaria.

La ideología nubla esa mirada; la ciencia la despabila.

Multis legales, multis ilegales.

Más allá de la demonización cinematográfica y de la vulgata que lo cree marginal, el narcotráfico es hoy una multinacional poderosa y diversificada, con sucursales en todos los países del mundo, ejecutivos formados en las mejores universidades, numerosos accionistas y varios socios muy fuertes, entre ellos la mayoría de los grandes bancos privados, que lavan el dinero sucio y por ese trabajo de guante blanco cobran 16 dólares de cada 100 que se recaudan en las calles.

En un cálculo conservador, en el mundo cada año se vende droga por un billón (millón de millones) de dólares.

Es el tercer mejor negocio ilegal del mundo después de la evasión impositiva, que está en el orden de los 2,5 millones de millones de dólares, y del tráfico de armas, que factura 1,5 millón de millones.

Es decir que entre el narcotráfico, el tráfico de armas y la evasión de impuestos suman cada año unos 5 millones de millones de dólares, lo que equivale a un sexto del PBI de los Estados Unidos, a un quinto del producto de la Unión Europea y a 30 veces la deuda externa argentina.

Ese es el corazón negro del capitalismo.

Al 16 por ciento, la comisión que cobran los bancos por hacer de Laverap son 800 mil millones de dólares anuales.

Nada mal…

Tal como ocurriera en los años 30 en Estados Unidos con Al Capone, la demonización del narcotráfico encubre la tolerancia para con las multis legales que venden alcohol, psicofármacos y tabaco.

Ahora estas últimas pretenden, además, vender cigarrillos de marihuana.

Son enormes empresas que pagan sin chistar toneladas de dinero en impuestos, invierten fortunas en publicidad y aún así (o por eso) continúan ganando enormes cantidades mientras los recaudadores miran para otro lado.

Aunque no resiste el menor análisis, muchos despenalizadores –incluidos no pocos parlamentarios– creen que facilitar el consumo de marihuana es tan progresista como combatir la nicotina, aún tratándose de esta marihuana tan peligrosa, powered by narcos, como dicen en Estados Unidos.

Y por aquello de que “si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él”, podríamos hacer tabla rasa con el derecho y legalizar todo, desde el robo de una gallina hasta el genocidio.

Es cierto que el crimen escalaría de manera exponencial, pero también lo es que la sociedad se ahorraría una montaña de dinero en jueces, policía, cárceles y abogados…

Ocurre que la selva no necesita las leyes de los hombres; tiene la suya propia.

NC/

• Norberto Colominas es periodista de Radio Nacional.