El papa Francisco - con su Teología del Pueblo y la Filosofía de la Liberación- hace un uso distinto y muy propio de la palabra Pueblo.

ADVIERTO TRES PROFUNDOS CAMBIOS EN LA VIDA POLÍTICA ARGENTINA

Por Mario Carlos Casalla

Ernesto Laclau intentó en estos últimos años volver a darles -a las expresiones Pueblo y Populismo- un sentido diferente, pero sólo dentro del mundo intelectual o académico logró algún éxito.
Punto Uno
NAC&POP
12 de octubre de 2015

Si separamos lo anecdótico de lo esencial, tres son los cambios profundos en la política argentina de estas últimas décadas:

1°) La transformación de la relación política en “comunicación virtual”.

2°) La transformación del Pueblo en “la gente” y

3°) la transformación de los Partidos Políticos en “espacios”.

Por supuesto que la cosa es más compleja y que se trata también de fenómenos mundiales, sin embargo vale la pena correr el riesgo de condensarlos aquí y provocar el diálogo.

Se dieron paulatinamente desde 1983 en adelante (con el regreso a la vida democrática) y hoy ya están instalados entre nosotros.

No se aprecian a primera vista -como todo lo esencial- pero están.
1983: La transformación de la política en “comunicación virtual”.

Sin dudas que aquí algo nuevo empezaba.

La campaña política de Raúl Alfonsín en aquél año, fue la primera “campaña política moderna”, en el sentido actual de esta expresión.

La agencia de publicidad de David Ratto le propuso al candidato triunfante, una estrategia de comunicación, propaganda y captación del voto ciudadano, realmente diferente de todo lo que se venía haciendo hasta ese momento.

Su opositor (Ítalo Luder) fue el primero en sufrirla y de allí en más, todos aprendieron que había quedado atrás la época del balde, el engrudo y las concentraciones populares de antiguo cuño.

El Peronismo no era precisamente un aprendiz en la materia, había sido un innovador en la publicidad electoral argentina.

Pero en 1983 ya no bastaba con las estrategias de Apold y con la radio, había nacido la televisión y con ella un público por completo diferente.

De allí en más, la calle, las grandes concentraciones y el orador gritando frente a un micrófono, pasaron a ser “decorado” y complemento del lugar principal de batalla: los medios de comunicación y –muy especialmente- el set de televisión.

La realidad política se hizo cada vez más virtual y los candidatos –convenientemente maquillados para las cámaras – se presentaron más como productos comerciales, que como líderes que exponen ideas o programas.

Cuanto menos hablen mejor: la imagen reemplazó a las palabras.

Más aún el “ideal” está a punto de alcanzarse: toda la gente sentada frente a su televisor, mirando un debate entre ellos y votando luego al que tuvo más rating.

¡Y pobre del que ose dejar la “silla vacía”!

Ratto hizo escuela y sus antiguos socios, o colaboradores del “efecto Alfonsín” en el ’83, asesoran hoy a muchas de las figuras o espacios de esta última década:

Gabriel Dreyfus perfiló la imagen de “Lilita” y de la Coalición Cívica, a su regreso de México en el 2009; Ramiro Agulla –creador del “Dicen que soy aburrido” recitado por De la Rúa en los ’90- pasó a asesorar a De Narváez en el 2009 y Ernesto Savaglio se transformó en uno de los primeros publicistas preferidos de Mauricio Macri: fue él quien – no sin acaloradas discusiones- impuso el “color amarillo” como distintivo del PRO. Luego apareció Durán Barba.
1990: Nace un nuevo sujeto político: la Gente.

Si bien Ratto elaboró la “imagen estrella” de un nuevo Alfonsín (muy diferente de la tradicional propaganda radical), sin embargo don Ricardo siguió dirigiéndose al Pueblo y levantando multitudes.

Es cierto que su discurso político también se había aggiornado y mucho (Portantiero y la Coordinadora, mediante), sin embargo el concepto de “Pueblo” todavía no había sido reemplazo por “la Gente” (people).

Tampoco en su contrincante Ítalo Luder.

Todavía peronistas y radicales hablaban y se dirigían al “Pueblo”, cada uno a su manera.

Hay que esperar a la época de Menem y Angeloz para que –poco a poco- haga su entrada en el discurso político la expresión “la Gente”, hoy ya impuesta en el habla de casi todos los candidatos en carrera.

Hasta allí era poco usada en el debate político argentino.

La expresión “la Gente” triunfa cuando los dos partidos tradicionales empiezan a virar, cada vez más, hacia las teorías neoliberales de cuño anglosajón.

Pero la palabra inglesa “People” –si bien se traduce al castellano por Pueblo- no dice lo mismo que la expresión hispanoamericana “Pueblo”.

En inglés People se refiere a los “habitantes de un país o región”, o bien a “gente vulgar”, la palabra prestigiosa para referirse al sujeto político colectivo es “Sociedad”, o más precisamente “Sociedad Civil”.

De allí que la palabra “Pueblo” y su invocación como sujeto político (tan común en la cultura política latinoamericana), atraiga rápidamente sobre sí la acusación de Populismo, el cuál es presentado como una rara “mezcla demagógica”, propia de regímenes autoritarios, manipuladores de los ciudadanos y de la sociedad civil.

El inmigrante italiano Gino Germani -considerado por algunos el padre de la “sociología moderna argentina”- introduzco el término entre nosotros para caracterizar al Peronismo (derrocado en 1955) y de ahí en adelante hizo carrera.

La izquierda clásica prefirió el término Fascismo, pero también denostó al concepto de Pueblo como enmascarador de la “lucha de clases”.

Ernesto Laclau intentó en estos últimos años volver a darles -a las expresiones Pueblo y Populismo- un sentido diferente, pero sólo dentro del mundo intelectual o académico logró algún éxito.

Incluso muchos intelectuales que lo conocen y lo entienden, cuando están en función de gobierno o candidaturas políticas, vuelven a hablar preferentemente de “la Gente”.

En los últimos años, el término ha reaparecido en la prédica del papa Francisco quien – con su Teología del Pueblo y la Filosofía de la Liberación- hace un uso distinto y muy propio de la palabra Pueblo.

Diferente tanto de la tradición liberal (o neoliberal), como del marxismo clásico, la socialdemocracia y el actual progresismo.

Pero, este renacer, está recién en pleno desarrollo.
2000: Los Partidos Políticos se transforman en “Espacios”.

Igual que el “canto del cisne”, la declinación comienza después del sonido más excelso. Con la reforma constitucional de 1994 los Partidos Políticos habían logrado –por primera vez- un reconocimiento explícito.

El flamante artículo 38 de la Constitución Nacional, los reconocía como “instituciones fundamentales del sistema democrático”; garantizaba su “libertad de organización y su funcionamiento democrático” y se obligaba al Estado “al sostenimiento económico de sus actividades y la capacitación de sus dirigentes”

Sin dudas buenas intenciones, sin embargo, el presente de los Partidos Políticos está muy lejos de esos nobles ideales.

Si hizo bastante de lo comprometido, pero es evidente que se lo ha hecho mal, a medias, o primando muchas veces el espíritu de facción.

A tal punto que hoy ya nadie está contento con aquélla “reforma política”.

Los Partidos Políticos prácticamente se han transformados en “Espacios” multiusos, que se arman y desarman en función de intereses (personales y sectoriales), antes que por ideas o doctrinas con arraigo histórico en las reivindicaciones populares, o aunque más no sea, en ideales éticos y políticos que se defendían como principios inclaudicables.

Han desaparecido también las Plataformas Partidarias (salvo para el trámite formal de presentarlas ante la Justicia Electoral).

Por esto mismo, los líderes o conductores de Partido, han devenido Nombres de Pila (casi sin apellidos!), que -en aras de gustarle a la mayor cantidad de “gente” posible- siguen un libreto muy parecido, elaborado con la técnica del marketing y del rating, antes que por ideas partidarias de alguna índole.

Más aún –primarias PASO mediante- esos Nombres los elegimos “todos”, es decir Nadie.

El bueno de Hegel –que no debe confundirse con algún asesor alemán contratado para esta campaña- decía que un “Todo” de ese tipo, era siempre abstracto y que en su seno: “todos los gatos son grises”.

Por cierto que no es para reírse, sino para llorar. Esta ironía encubre una razonable cuota de tristeza, pero también su transformación en esperanza (activa).

Porque, como decía un compañero de Hegel en Tubinga (Hölderlin, el poeta): “Allí donde crece el peligro, crece también la posibilidad de la esperanza”.

Claro que esto requerirá de un gobierno que – junto con sus planes y programas de administrativos- se aboque a revertir estas tres malformaciones de la política argentina.

Y rápidamente, para que éstas no terminen por digerirse lo sustancial de la vida democrática: el real protagonismo popular y un sistema representativo (plural y con ideas propias) capaz de expresarlo y potenciarlo cada día más.

Es decir, una política sin control remoto y sin largas interrupciones para pasar la tanda publicitaria.

MC/

• Mario Casalla. Doctor en Filosofía. Docente, investigador y escritor. Preside la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales.