Ultimos inventos discursivos de los sectores concentrados y más reaccionarios de la Argentina.

LAS GRIETAS DE LA DERECHA

Víctor Ego Ducrot

Acerca de algunos de los que tienen la intención de mutilar la palabra pública, limitándola a ser un mero espectáculo de la “telepolítica”. La importancia para el campo popular de rechazar conceptualmente esos intentos, de tono explicativo y falsamente amigables, sin concesiones.

Tiempo Argentino
10 de Octubre de 2015

A riesgo de que me acusen de descontextualizar ciertos escenarios políticos, del presente y del pasado, no quiero obviar que, lo enseña la Historia, las voces que surgen por doquier, como si de cenicientas o blancasnieves se tratasen, acerca de que al fin de cuentas todos tiramos para el mismo lado, de que siempre el diálogo entre perfumados señoritos debe imponerse, no hacen otra cosa que recordarme a aquella Argentina previa a la dictadura del ’76, en la que la derecha se decía centro y los agazapados se proclamaban como vírgenes o vestales de la República.

¿Y recordarán lo que sucedió después?

Que fue más o menos lo de siempre: a la hora en que se derrite la cera de las máscaras y caen los telones deshilachados, los encubiertos tras las serpentinas, empresarios o milicos, políticos y periodistas, quedaron al descubierto, como usureros los unos y torturadores los otros, como sirvientes aquellos y tal cual escribas repetidores quienes ustedes ya saben.

Antes de seguir aclararé que el intento interpretativo de esta semana no trata de personajes individuales o de agrupamientos en sí mismos, sino que apela a la memoria comparativa entre aquellos discursos de una época con limitaciones tecnológicas y los de los tiempos que corren, casi con un poder absoluto de discrecionalidad tecno-comunicacional.

Primero algunas consideraciones sobre la «abertura alargada y con muy poca separación entre sus bordes que se hace en la tierra o en un cuerpo sólido, generalmente de manera natural» y en torno a la «abertura estrecha, alargada y superficial que se produce en la piel y las membranas mucosas», que son exactamente los significados de la palabra «grieta», usada por la derecha – siempre con base en el aparato mediático, especialmente en la TV – y no sólo a los efectos de las malas artes de la mentira, sino también con una flor de galleta en la cabeza a la hora utilizar el castellano.

La derecha alude a la «grieta» como si la misma fuese algo parecido a un cataclismo geológico acaecido en el seno de la sociedad, con el siguiente objetivo: extirpar de la palabra pública aquello que viene explicando desde el principio de los tiempos humanos cuáles son los signos de la Historia; las contradicciones y las crisis.

Esa extirpación vía cirugía mediática apunta a lo siguiente: no hay conflicto, por consiguiente nosotros, los propietarios de la palabra (y del resto) asumimos la titularidad de la verdad.

Y por eso recuerdo aquí las palabras que, el pasado día 2 la decana de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, pronunciaba en Ecuador: «Los cambios más estructurales se han dado con las nuevas leyes de medios en la región».

Lo dijo al participar en el Seminario Internacional Políticas, Estructuras y Ciudadanías, pensar la comunicación en la era tecnomediática, realizado en Quito.

«En América Latina, nuestros medios de comunicación nos hicieron creer que lo público había desaparecido, que ya no había nada que compartir en comunidad, que todo era propiedad privada de unos pocos.

Con una pedagogía de la desconfianza, nos hicieron temer al otro; nos enseñaron también a avergonzarnos de lo propio, a tener vergüenza de nuestras voces, lenguas, imágenes y cuerpos», reflexionó, para luego abundar desde el Auditorio del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL) respecto de que aquellos “cambios más estructurales que se han dado con las nuevas leyes de medios de comunicación en la región” hacen que se “siga, trabajando para generar plataformas más plurales, donde podamos contar la historia del barro, de los subalternos del mundo, aquellos que por tantas décadas fueron silenciados y olvidados.

Atrás han quedado los Estados saqueadores y asesinos; los que se retiraron de la escena pública dejando plena hegemonía al mercado; hoy vivimos un momento de recuperación de los espacios públicos -inclusive aquellos que se han creado dentro de los medios de comunicación-, que son espacios de encuentro, pero también de conflicto (…).

Y vale la pena remarcar que el conflicto siempre es productivo cuando busca trastocar todo aquello que es inequitativo, cuando pretende construir una verdad colectiva que nos incluya a todos y a todas; cuando su objetivo es crear una nueva universalidad los compatriotas nuestroamericanos nos encontremos contra los imperialismos y las diversas formas de opresión, con un proyecto común emancipador.»

El otro último brote de nuestra derecha, derechita fue el del llamado debate presidencial; con formato pre digerido, casi como una cajita feliz.

La capacidad de afirmar idioteces que han demostrado periodistas y politólogos, analistas, encuestadores y dirigentes puede resultar alarmante.

Por ejemplo, que casi es una obligación de rango constitucional para los candidatos; que implica una carga pública;

¡Que esas simulaciones guionadas y maquilladas de discusión política ayudan a los televidentes (ya no importan los ciudadanos) a detectar en los movimientos del candidato si su psiquis es la apropiada para ejercer el cargo al que se postula!

La idiotez de esos argumentos asusta sí, como también preocupa que desde el campo popular no se haya salido al cruce conceptual más que explicativo de por qué el candidato del FPV tomó lo justa decisión de no concurrir a la Facultad de Derecho hace una semana.

En vez de analizar posibles leyes que regulen los debates presidenciales, lo que entiendo que deberíamos dejar en claro es que, obligar a cierto tipo de estilo para las discusiones políticas, sean las mismas entre candidatos o ciudadanos de a pié, es dictatorial, violatorio de nuestra Constitución Nacional; que el propio origen de ese invento data de 1960, en Estados Unidos cuando el debate Kennedy – Nixon, coincidiendo con la apertura del proceso de cooptación de las prácticas ciudadanas por parte de las corporaciones mediáticas, que derivó en esta contemporánea versión patológica que es la telepolítca nuestra de cada día.

A buen entendedor pocas palabras.

Todo ello explica porque detrás del brote por el debate están los conocidos de siempre de la TV concentrada, de las ONG (s) vernáculas y otras con estrechos vínculos con potencias centrales; los fuertes apoyos empresarios globales y de parte del ejército de intelectuales orgánicos de la derecha, aunque ellos se presenten como altruistas académicos independientes.

¡Para qué seguir!

VED/

• Victor Ego Ducrot, es doctor en Comunicación por la UNLP, profesor titular de Historia del Siglo XX ( Cátedra II) en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de de esa Universidad y director de la agencia AgePeBA.