Es Daniel Scioli quien expresa con claridad lo que el Papa predica en el mundo.

UN OCTUBRE PARA EVITA

Victor Ducrot

Ingresamos al mes más peronista del calendario, con un nuevo aniversario del nacimiento del General, el día 8, otra vez el recuerdo de aquel 17, y este año con un 25, que será el día de la victoria de Daniel Scioli.

AGEPEBA

04/10/2015

Ingresamos al mes más peronista del calendario, con un nuevo aniversario del nacimiento del General, el día 8, otra vez el recuerdo de aquel 17, y este año con un 25, que será el día de la victoria de Daniel Scioli, a partir de la cual los argentinos tendremos seis banderas, la patria justa, libre y soberana, que nos legó Perón, y las de tierra, techo y trabajo, que nos propone Francisco.

Y es Daniel quien expresa con claridad lo que el Papa predica en el mundo.

Por eso, este movimiento que tiene las puertas altas y anchas para que ingresen todos los compañeros que se sientan contenidos en el proyecto, tiene en aquel a la persona más capacitada para dirigir los destinos de la patria durante los próximos años.»

Esos fueron algunos de los conceptos vertidos por el responsable del «teorema peronista de Mariotto», lanzado en febrero último –todos detrás de la fórmula Scioli presidente para ganar en octubre–, es decir del aún vicegobernador bonaerense y en estos momentos hombre clave para la reconstrucción de la unidad del peronismo, cuando el jueves por la noche, en Costa Salguero, abrió un multitudinario acto del FPV.

Ese mismo día, pero en Roma y en el contexto de su clamor por el drama que viven millones de refugiados en el mundo, Francisco volvió a apuntar contra «la explotación y la injusta redistribución de recursos del planeta».

Lo hizo al dar a conocer el Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del refugiado, que se celebrará el 17 de enero de 2016, y pidió el involucramiento directo de las parroquias, porque «la Iglesia apoya a los que se esfuerzan por defender los derechos de todos a vivir con dignidad», una apelación a la acción colectiva y casi en los mismos términos que la formulada por el mismo Francisco ante los jóvenes, para «hacer lío» y poner en acto todo aquello que en sus viajes, homilías y distintas intervenciones plantea con firmeza: enfrentar «la cultura del descarte», con un fuerte despliegue social en pos de ese objetivo de «misericordia» y justicia.

Quizás sea oportuno subrayar que, tanto desde la postulación de Scioli como el encargado de encarnar un nuevo liderazgo en el peronismo, que pueda convertir en programa político las banderas papales de «tierra, techo y trabajo», como a partir de la propia convocatoria de Francisco a «hacer lío», una forma más que elocuente de llamar a la militancia, todo apunta a considerar que por una y otra vía se está aludiendo a una de las tradiciones que han hecho del peronismo un paradigma perenne en el firmamento de las luchas sociales de los argentinos.

La unidad de los amplias sectores sociales, un programa claramente antiimperialista –sin las sobreactuaciones que están tan de moda– y de empoderamiento de las clases subalternas; y una militancia sin mediaciones.

Aquella militancia de los cuerpos y de todos los días, por fuera de la telepolítica y de las legiones de buhoneros y tahúres de la palabra que se esconden detrás de encuestadores, consultoras, expertos en redes sociales y dizqueperiodistas.

Una militancia encaminada hacia aquello que Cooke definiera como «hecho maldito del país burgués» y que Evita sellara con «el peronismo será revolucionario o no será nada».

Y recordemos aquí algunas de las tantas definiciones de «la abanderada de los humildes», palabras muy a cuento de su lectura del peronismo como fuerza plebeya:

«Quien comprenda a ‘Evita’ tal vez encuentre luego fácilmente comprensible a sus descamisados, el pueblo mismo, y ése nunca se sentirá más de lo que es; ¡nunca se convertirá por lo tanto en oligarca, que es lo peor que puede sucederle a un peronista! (…).

Durante un siglo los privilegiados fueron los explotadores de la clase obrera. ¡Hace falta que eso sea equilibrado con otro siglo en que los privilegiados sean los trabajadores!»

Todo valga para reafirmar que cada vez que al interior del peronismo se impusieron los falsarios, el triunfo quedó en manos de los oligarcas.

¡Ganar las elecciones del 25!

¿Y después?

Quien considere que dentro del movimiento popular son pocos quienes a la convicción frente al acto electoral le suman la duda o el interrogante respecto del futuro, al menos padece una mirada ingenuamente peligrosa del tablero político nacional.

Algunas ideas al respecto, que remiten a qué hacer con la unidad después de las elecciones, qué programa concreto de acción política habría que poner en marcha para hacer realidad lo de la Argentina del desarrollo que plantea Scioli, y cómo y con quiénes pensar en términos de militancia conforme esa categoría de la praxis fue recordada más arriba, desde Cooke y Evita.

Que las puertas anchas y altas de peronismo sirvan para la vuelta de todos, como lo plantea Gabriel Mariotto, pero no sólo para ganar las elecciones, sino para que luego pueda dársele densidad al tejido de consensos sociales que requiere la puesta en marcha de un programa de transformaciones profundas –la única vía posible al «desarrollo»–, subvirtiendo en forma absoluta el paradigma extractivista y transnacionalizado de nuestra economía, con recuperación soberana del sistema financiero, de todos los recursos estratégicos, del comercio exterior, de los puertos y del sistema logístico y de cargas.

La profundización con calidad en materia educativa y científico-técnica; democratización efectiva del sistema político, a partir de la implementación de foros ciudadanos con incidencia en el trazado de políticas públicas.

La puesta en marcha de un efectivo esquema de seguridad democrática, de lucha contra el crimen pero desarticulando las tramas de complicidades entre políticos y elementos de la justicia y de la Policía y otras agencias, trama que en definitiva sostiene al crimen de todo tipo y naturaleza.

Por último, la manifestación de una decidida voluntad política de resignar la tendencia hacia la mitificación de las prácticas superestructurales (o roscas) como únicas y cuasi divinas, para poner en marcha un proceso de recuperación masiva de la militancia cuerpo a cuerpo, no para que sirva como correa de transmisión de los que deciden «arriba» sino para crear poder popular, más o menos al estilo de Cooke y de Evita.

Para finalizar y respecto de ese último punto «militante», cierta ocurrencia: qué sucedería si al «hacer lío» que propone Francisco se le suma la tradición peronista de la unidad básica; al fin de cuentas, son la Iglesia Católica y el PJ las únicas instancias organizativas sociales del país con bases territoriales encarnadas en la realidad.

¿O no?