Últimamente, en el onírico mundo judicial, que cree tener atribuciones legislativas, ejecutivas y hasta electorales, todo parece posible).

UN POCO DE RESPETO

Teodoro Boot

El propósito de Cano es que la Suprema Corte de la Nación anule el fallo de la corte tucumana que anuló el fallo por el cual la Cámara en lo Contencioso Administrativo había anulado las elecciones.

UN POCO DE RESPETO

Por Teodoro Boot
NAC&POP
21/09/2015

No bien la Corte Suprema de Tucumán anuló el fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, también de Tucumán (lo que parece obvio, pero habida cuenta que esta Cámara se había metido donde no le corresponde, podría pensarse que a todos los tucumanos les agarró la viaraza y la Corte habría anulado el fallo de una Cámara santiagueña, una ley de la Cámara de los Lores.

Últimamente, en el onírico mundo judicial, que cree tener atribuciones legislativas, ejecutivas y hasta electorales, todo parece posible).

Decíamos, una vez que la Corte tucumana anuló la decisión de la Cámara de anular las elecciones, el líder de la oposición tucumana –imprudente y no muy sorprendentemente secundado por Mauricio Macri quien, como el loro de doña Teresa repite irreflexivamente cualquier cosa que le suena bien o le enseñen a repetir– dijo que aceptaba el fallo, pero que lo apelaría.

El propósito de Cano es que la Suprema Corte de la Nación anule el fallo de la corte tucumana que anuló el fallo por el cual la Cámara en lo Contencioso Administrativo había anulado las elecciones.

De movida, esto suena incongruente: si uno acepta, acepta; y si no acepta, apela.

Pero si de aceptar se trata, aceptemos que José Cano no lo dijo exactamente así. José Cano dijo: «No vamos a entrar en agravios personales hacia los integrantes de la Corte y vamos a respetar el fallo”.

Si no se entiende muy bien qué relación puede existir entre los agravios personales y el respeto a un fallo, mucho menos se entiende qué significaría para Cano no respetar el fallo.

Dicho de otro modo: si por “respetar” se interpreta “cumplir”, ¿cómo podría Cano no cumplir ese fallo?

No parece que alcance con insultar a las señoras madres de los señores jueces.

Los señores jueces podrían sentirse vagamente mortificados y hasta insultar a su vez a la señora madre del señor Cano, pero el fallo seguiría ahí, indiferente a los agravios de Cano, quien por otra parte no habría insultado a la señora madre del fallo sino a las de los jueces que lo parieron.

¿Y de qué otro modo puede no respetar el fallo? Ya se sabe: incumpliéndolo.

Sin embargo ¿cómo podría hacer Cano para incumplir el fallo?

Para ser efectivo, el fallo no necesita para nada del señor Cano.

Ni siquiera necesita que lo respete, ni que no lo respete.

Ni el señor Cano ni, mucho menos, el lorito de doña Teresa.

Lo único que le puede importar al fallo es que lo respeten las autoridades encargadas de hacerlo efectivo.

¿Qué otra cosa podría hacer el señor Cano para no respetar el fallo?

Transformarse en la autoridad encargada de hacerlo efectivo.

No vaya a creerse que es un asunto tan simple como suena: después de que sus fiscales le comunicaban que había perdido las elecciones para determinar si la autoridad encargada de hacer efectivos los fallos sería él o Manzur, Cano consiguió que la Cámara en lo Contencioso Administrativo anulara esas elecciones, porque sí, per che me piace.

Pero resulta que es justamente ese siniestro fallo de la Corte que anuló el fallo de la Cámara y que Cano dice que respetará, el que le impide transformarse en la autoridad encargada de hacerlo efectivo o de incumplirlo.

Vale decir, de no respetarlo.

Como se ve, un galimatías lógico, político y judicial que tiene a José Cano al borde de un ataque de nervios: no puede más que respetar lo que con aire de perdonavidas se jacta de respetar.

Por eso trata de controlarse y, no muy consciente del ridículo, asegura que respetará el fallo, sin insultos ni nada, pero lo apela, que es lo único que puede hacer para anular el fallo sin faltarle el respeto.

Porque no hay nada más feo que faltarle el respeto a un fallo.

Ya lo dijo el lorito de doña Teresa: “A los fallos se los respeta”.

Pero con ser suficiente, no es todo: el desconcertado líder opositor tucumano no gana para sustos: dos desconocidos habían amedrentado a su señora madre.

«Esta mañana me avisaron –dijo Cano– que se bajaron dos hombres frente al domicilio de mi madre y estaban en una camioneta Ford Ecosport, con chapa de Comodoro Rivadavia, con vidrios polarizados. Frenaron frente a la vivienda, bajaron en un claro gesto intimidatorio e intentaron entrar.

¿Que buscaban?»

Difícil que buscaran en cerro Chenque, así que debían estar buscando un baño.

O vaya uno a saber que podían estar haciendo en Tucumán dos tipos de Comodoro Rivadavia en una camioneta con vidrios polarizados.

Pero ¿qué es una “chapa de Comodoro Rivadavia”?

¿De qué chapa habla Cano?

No será de la chapa patente, porque Comodoro Rivadavia se encuentra en la provincia de Chubut y hasta donde se sabe, Chubut sigue formando parte de la República Argentina, donde hace ya muchísimos años que las chapas provinciales y municipales fueron reemplazadas por un registro único nacional y un único modelo de chapas patente.

Y Cano habló de una Ford Ecosport y no de una Ford T.

Es raro, pero tal vez sea posible encontrarle una explicación.

Además de presidente de la UCR de Tucumán y ex candidato a gobernador por el Acuerdo del Bicentenario, el señor José Manuel Cano es odontólogo.

Ante una intervención compleja, los odontólogos suelen anestesiar a sus pacientes, para lo que en muchos casos utilizan óxido nitroso, un gas incoloro con un olor dulce y efectos ligeramente tóxicos.

También llamado óxido de nitrógeno, monóxido de dinitrógeno, protóxido de nitrógeno, anhídrido hiponitroso, es popularmente conocido como “gas de la risa”.

Hubiéramos empezado por ahí, Cano.

TB/

N&P: El Correo-e del autor es  teoboot@gmail.com