A 39 años de “La noche de los lápices” la juventud vuelve a creer en la política

SER JOVEN ES SER REVOLUCIONARIO

Secretaria de DDHH Facultad de Periodismo y Comunicación Social UNLa Plata

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La resistencia de los jóvenes de ayer, es la fuerza de la transformación de los jóvenes de hoy”.

16 de Setiembre de 2015

Se cumple otro aniversario de la tristemente célebre «Noche de los Lápices», concepto utilizado por los genocidas para denominar el secuestro, la tortura y desaparición de estudiantes secundarios en la ciudad de La Plata en el mes de septiembre de 1976.

Se cumplen 39 años de una serie de hechos que bajo el manto negro de la dictadura cívico militar secuestró, torturó y asesinó a jóvenes militantes de colegios secundarios que luchaban no solo por una mejor educación pública, sino además y muy fundamentalmente, por un proyecto de país con justicia social.

El mes de septiembre comenzó la cacería de jóvenes militantes de varias organizaciones políticas estudiantiles, y la noche del 16 de septiembre de 1976 se llevó a cabo un operativo conjunto de efectivos policiales y del Batallón 601 de Ejército para capturar a nueve estudiantes, militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), que tenían entre 16 y 18 años. Victor Treviño, Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro eran secuestrados de sus domicilios durante esa jornada, al otro día los represores apresaban a Emilce Moler y Patricia Miranda.

Cuatro días después era detenido Pablo Díaz, quien formaba parte de la Juventud Guevarista, un grupo vinculado al Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Gustavo Calotti, que había terminado el secundario un año antes, fue secuestrado el 8 de septiembre, y se lo considera un sobreviviente de estos hechos, ya que padeció la tortura junto a estos jóvenes

Todos fueron conducidos al centro clandestino de detención conocido como Arana, donde se los torturó durante semanas, y luego se los trasladó al Pozo de Banfield.

Moler y Díaz recuperaron la libertad tras permanecer dos años secuestrados, Miranda también salió con vida de Arana, la trasladaron al Pozo de Quilmes y finalmente quedó alojada en la cárcel de Villa Devoto, a disposición del Poder Ejecutivo hasta marzo de 1978.

Los otros compañeros permanecen aún desaparecidos y componen la nómina de 232 de adolescentes secuestrados durante la última dictadura cívico militar.

Aquellas almas revolucionarias del ´76, entre otras reivindicaciones, buscaban un Boleto Estudiantil Secundario que les permitiera a los y las jóvenes de los barrios poder llegar a sus escuelas para poder estudiar, conquista que lograron un año antes de esa semana trágica.

Nada mejor que honrar su memoria con la militancia actual que llevan adelante los y las estudiantes secundarios de nuestro país, sobre todo en la ciudad de La Plata.

Hoy en día vemos como muchos colegios recuperaron su centro de estudiantes, con el cual los pibes y pibas luchan en pos de una educación más inclusiva para todos.

Ni hablar de la cantidad de jóvenes y adolescentes que día a día recorren los barrios más vulnerables de la ciudad, para llevar allí prácticas y talleres educativos, apoyo escolar, o diversas actividades culturales que recuperan las banderas de la igualdad y la justicia social, en la cual creían y por la cual murieron nuestros 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos.

No podemos dejar de analizar y reflexionar en este nuevo aniversario de la Noche de los Lápices el contexto político que comenzó en el 2003 con la presidencia y conducción de Néstor Kirchner que vino a proponernos un sueño, sueño que se sigue llevando a cabo con Cristina Fernández de Kirchner.

Hoy la juventud vuelve a creer en la política como herramienta de transformación social.

Vuelve a creer en un gobierno que no le da la espalda a la educación pública e inclusiva, con políticas públicas como el Pro.gres.ar, Plan FinEs, Conectar Igualdad, entre otros.

Un gobierno nacional y popular que apoya las luchas de su pueblo; un gobierno que comienza bajando los cuadros de los genocidas, y a partir de eso, emprende un camino de reivindicación de los derechos humanos de nuestro país.

Los jóvenes creen.

Los jóvenes se meten.

Los jóvenes transforman.

Los jóvenes se comprometen con la realidad y son la revolución viva.

Creemos esta es la mejor forma de recordarlos.

La resistencia de los jóvenes de ayer, es la fuerza de la transformación de los jóvenes de hoy.

Memoria, Verdad y Justicia.